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Full text of "Mu 10 (2007 nov)"

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el periódico de lavaca 
noviembre 07 / año 1 / número 10 

Valor en kioscos $ 5 


LA EPUCACidM Cono IA BASE DEL 
ASCENSO SoCiAL EH ARéCNrMA 




CAMPOS 



epÜCAC¡c/M 

pe soja 

EDUCACldfl 

PRIMARÍA 

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Primera 


eg /Vwvv<9- 



Marilyn tiene un 10 Hip Hop, al frente Cátedra de humor 


Lo que hay detrás de un hit: de la cumbia vide¬ 
ra a la cumbia testimonial, todo lo que cambió 
y todo lo que se aprende recorriendo el univer¬ 
so de Su florcita y Agrupación Marilyn. 


El Brujo da una clase especial para explicar 
cómo se hace para ponerle rima a la calle, 
editar un disco autogestionado y ganar 
concursos que parecen payadas posmodernas. 


El equipo de la revista Barcelona , con su es¬ 
tilo politicamente incómodo, es un ejemplo 
concreto de todo lo que se puede crear con 
la consigna “hagan (o que se les canta”. 




















2 


MU NOVIEMBRE 2007 


La mala educación 


ABRAHAM GAK, PROFESOR HONORARIO 


Su gestión al frente del colegio Carlos Pellegrini es tan inolvidable como su 
salida, resistida durante 29 días por padres y alumnos. Desde esa experiencia 
concreta, reflexiona sobre el significado de educar adolescentes hoy. Y se pre¬ 
gunta, como ellos, para qué sirve la secundaria, cómo se construye la autori¬ 
dad y cuáles son los pasos necesarios para reinventarlas. Él tiene ya algunas 
respuestas pero, como siempre, pensadas para hacer pensar. Con ustedes, Galc, el 
profesor que provoca a la reflexión. 



“Déjenmelo pensar” fue la primera respuesta, cauta y vacilante que nos dio Gak al necesario. Pero el día de la sesión fotográfica desenfundó una gorra de rapero y 
proponerle hacer algo similiar a lo que se ve ahora en la foto de la tapa: haciendo anunció: “Estoy listo”. ¿Por qué el cambio? Influencia de su mujer, y una idea: “Si 

el gesto de fuckyou. “A pesar de todo, soy un clásico” se justificó, como si fuera digo que los docentes tenemos que cambiar, también tengo que demostrarlo”. 


SUB.COOP 














NOVIEMBRE 2007 MU 


3 


ientras deambula por los pasi¬ 
llos de la Facultad de Ciencias 
Económicas, el profesor hono¬ 
rario Abraham Gak lleva su 
mano al costado de la boca 
para enunciar un secreto: “Acá se forman 
50.000 yuppies”, susurra y se ríe socarro¬ 
namente. El hombre camina hacia el pri¬ 
mer piso del edificio, donde se encuentra 
su pequeña y modesta oficina que contras¬ 
ta con un pomposo nombre: “Área de Pro¬ 
yectos Estratégicos”. En ella trabaja como 
director del Plan Fénix, un programa eco¬ 
nómico elaborado por prestigiosos profe¬ 
sionales que desean un desarrollo más 
equitativo de Argentina. Gak se acovacha 
en ese lugar desde que tuvo que dejar su 
cargo de rector de la Escuela Superior de 
Comercio Carlos Pellegrini a principios de 
este año, tras protagonizar un incidente po¬ 
cas veces visto: sus propios alumnos toma¬ 
ron el establecimiento durante 29 días para 
intentar evitar que lo removiesen. En ese 
lapso no permitieron que ingresara el nue¬ 
vo rector que -según denunciaron los estu¬ 
diantes- pertenece a los sectores más con¬ 
servadores de la academia. 

A lo largo de su gestión, que duró 14 
años, Gak logró transformar el perfil del 
prestigioso colegio. El Pelle -como lo lla¬ 
man cariñosamente sus estudiantes- ha¬ 
bía dejado de destacarse por la enseñanza 
de asientos contables para comenzar a co¬ 
sechar laureles por el importante acento 
social que teñía a las asignaturas escola¬ 
res: los alumnos de primer y segundo año, 
por ejemplo, realizaban trabajos solidarios 
como parte de la curricula académica. 
Eran más de 1.000 adolescentes que año 
tras año, guiados por otros 120 chicos de 
los años superiores, colaboraban con sec¬ 
tores excluidos de la sociedad: pueblos 
originarios, ancianos, comedores popula¬ 
res, escuelas rurales, discapacitados, chi¬ 
cos en situación de calle, entre otros. 

En su largo paso por ese colegio Gak se 
contagió con tanta virulencia de la vitali¬ 
dad y de la rebeldía adolescentes, que hoy 
puede disimular muy bien sus 78 años. 
Allí también adquirió un conocimiento 
empírico sobre el sistema educativo que le 
da autoridad para hacer afirmaciones co¬ 
mo esta: 

“La crisis por la que atraviesa el secun¬ 

dario, cuya expresión más notoria es el 
retraso, la reiterada repitencia y el aban- 

la escolaridad, da cuenta del sostenimien- 

y del carácter elitista que lo caracterizó en 

sus comienzos. La realidad demostró que 

ratificando así la injusticia. Soy suma¬ 
mente crítico con la escuela secundaria 
actual, que no tomó en cuenta los gran¬ 
des cambios que se produjeron en el país 
y en el mundo.” 

Causas y efectos 

Gak sabe de qué está hablando: 

♦ Un reciente estudio efectuado por la 
Secretaría de Programación del Ministe¬ 
rio de Trabajo de la Nación revela que 
del total de jóvenes de entre 15 y 24 
años, un 45% no estudia y un 11,7% 
(más de 700.000) ni trabaja ni estudia. 

♦ Datos publicados el mes pasado por la 
Dirección de Informática y Planeamien¬ 
to de la provincia de Buenos Aires, el dis¬ 
trito más poblado del país, señalan que 
la deserción escolar aumentó un 130 por 
ciento desde el año 2.000: pasó de un 7 
a un 16 por ciento. Además, se incremen¬ 
tó en un 9 por ciento la cantidad de estu¬ 
diantes que deben repetir el año. 

♦ De acuerdo con datos que figuran en 
un informe de la Dirección General de 
Cultura y Educación bonaerense sobre 
“eficiencia interna”, en el periodo de 
1999/2000 a 2005/2006 el fracaso en 
la promoción anual subió del 4 al 9 % 


en la matrícula de un millón de alum¬ 
nos que cursaron los últimos años de 
la ya derogada egb y el Polimodal, 
que ahora pasaron a formar la Educa¬ 
ción Secundaria. 

♦ Según el informe, el punto crítico estu¬ 
vo en el 8 o año de la egb (ahora 2 0 de 
Secundaria), donde se registró un pico 
del 15.9 % de repitencia. 

4 En la Inspección General de Escuelas 
bonaerenses calculan que este año hay 
unos 350 mil adolescentes que abando¬ 
naron la escuela, y si se les suman 
quienes nunca se integraron al sistema, 
la cifra podría llegar al medio millón. 

4 En la Capital Federal, el distrito con me¬ 
jor performance del país, a pesar de la 
campaña Deserción Cero la cifra es de 
casi el 6% y afecta a 200 mil adolescentes. 

“Con estos índices de repitencia y deser¬ 
ción -vaticina Gak- 

Para evitar tanta deserción, advierte 
Gak, la escuela debería brindar una aten¬ 
ción personalizada a cada estudiante. “Si 
un chico falta tres días seguidos -sugiere- 
hay que acercarse y preguntar si está en¬ 
fermo, si está preso, si lo mataron, si fue a 
trabajar o si no quiere seguir estudiando”. 
Además, señala, se necesitan políticas que 
vayan más allá de lo estrictamente esco¬ 
lar: “Es necesario generar mecanismos pa¬ 
ra que las familias se vean motivadas para 
que el adolescente no deje la escuela para 
ir a trabajar, sea en el ámbito laboral o el 
doméstico. Y esto supone que el Estado 
ofrezca un ingreso universal por chico”, 
propone. 

Razones del fracaso 

L os motivos del fracaso de la escue¬ 
la secundaria, dice el profesor ho¬ 
norario, también hay que buscar¬ 
los en otras razones. El ex rector estira su 
diestra, como quien ofrece dar un apretón 
de manos, y lanza un desafío: acercarse a 
cualquier secundario y preguntarle a los 
alumnos para qué sirve la educación me¬ 
dia. “Van a contestar que no sirve para na¬ 
da. -apuesta-. Parecería que lo que se en¬ 
seña está muy alejado de sus intereses. 
Que la escuela responda a sus expectati¬ 
vas es fundamental para que el chico se 
identifique y para eso hoy hace falta un 
docente diferente. El profesor ya no tiene 
que formar a los estudiantes a su propia 
imagen y semejanza, sino a imagen y se¬ 
mejanza de los propios chicos”. 

Gak dice que el docente que hoy ense¬ 
ña a sus alumnos sin aprender de ellos, no 
sirve. “Y hay muchos que no sirven”. Am¬ 
plía: “El chico no llega a la escuela con co¬ 
nocimiento cero. Tiene acceso a muchísi¬ 
ma información a través de Internet, la 
televisión, la radio, la familia. Esto implica 
dar lugar a muchas discusiones, porque el 
docente ya no es el único que sabe dentro 
del aula”. 

Alejado de la visión histórica de la es¬ 
cuela como instrumento de reproducción 
social, Gak considera que la misión de la 
escolarización de hoy es otra: 
potenciar uno de los elementos funda¬ 
mentales que poseen los jóvenes: su capa- 

el mundo. Para eso el chico necesita saber 
pero también pensar con la mayor auda- 

eso, no va a cumplir bien su tarea”. 

¿Y cómo se transforma un docente? 
“No es fácil”, sentencia Gak, que opina 
que la mayoría de los institutos de forma¬ 
ción “son un desastre”. El problema, dice, 
es que tanto gobiernos como sindicatos re¬ 
ducen sus negociaciones a la variante sa¬ 
larial. “Mejorar las condiciones de vida de 
los profesores es una condición necesaria 
para mejorar la educación, pero de ningún 
modo la única”, explica para poner sus pa¬ 
labras en contexto. 



Qué es la autoridad? 

E l primer paso para cambiar la edu¬ 
cación, sugiere Gak, consiste en 
preguntarse qué egresados se pre¬ 
tenden. Él tiene su respuesta: “El objetivo 
de la escuela media es ayudar a que el 
adolescente se forme como individuo, co¬ 
mo ciudadano y que fortalezca la autoes¬ 
tima. Debe colaborar para que pueda de¬ 
sarrollar su personalidad y su futuro. 
También tiene que darle a conocer sus de¬ 
rechos, sus obligaciones y despertar el 
pensamiento crítico. Pero ya no tiene sen¬ 
tido, como en los orígenes, darles a los 
chicos formación técnica para la salida la¬ 
boral o bachiller para el estudio superior. 
Si la escuela le permite descubrir la belle¬ 
za del conocimiento, ese chico puede 
aprender cualquier cosa en cualquier mo¬ 
mento. Sí tiene que ayudarlo a despertar 
su vocación para que aflore una vida fe¬ 
liz, para que trabaje en lo que le gusta y 
no persiga sólo un fin material”. 

Apasionado por los jóvenes, Gak in¬ 
tenta una y otra vez calzarse zapatos ado¬ 
lescentes para poder entender qué pasa 
por sus cabezas. Mientas era rector no 
dudaba en fotografiarse en medio de las 
vueltas olímpicas -el ritual que los egre¬ 
sados realizan como ceremonia de despe¬ 
dida- o en debatir políticamente como 
un par con el presidente del Centro de 
Estudiantes. En ningún momento sintió 
que esas situaciones mellaran su autori¬ 
dad: “Si el profesor prepara las clases, lle¬ 
ga a horario, no falta, no utiliza las califi¬ 
caciones para imponer disciplina y 
admite determinadas actitudes propias 
de los chicos -como el lenguaje- va a ser 
respetado.” 

Se divierte cuando, para reafirmar su 
idea, enumera algunas de las decenas de 
veces que fue víctima de las travesuras de 
los chicos. En una oportunidad, recuerda, 
un alumno escribió en medio del piza¬ 
rrón “Gak puto”. La osadía lo puso a 
prueba. El entonces rector llamó al estu¬ 
diante a su despacho y, lejos de mostrarse 
ofendido, convirtió el episodio en una 
lección: “Nuestro trabajo en la escuela es 
educar contra la discriminación. Cuando 
vos escribiste eso tuviste una expresión 
peyorativa contra los que tienen una in¬ 
clinación sexual diferente a la tuya, por 
eso tengo que sancionarte”, le dijo Gak 
que, lejos de la demagogia, lo suspendió 
un día. 


Reinventar la escuela 

G ak, un trasgresor asumido, señala 
que el comportamiento adoles¬ 
cente adquirió en los últimos años 
un importante grado de agresividad y vio¬ 
lencia. “El pogo es un divertimento que de 
alguna forma es también una expresión 
de violencia”, ejemplifica, pero aclara: “No 
se trata de mal comportamiento, sino de 
nuevas costumbres que traen implícitos 
determinados mensajes. Cuando se tratan 
de 'boludo' no se ofenden, son sus formas 
de comunicarse. Tenemos que elaborar 
qué significan esas actitudes. Losl adoles¬ 
centes viven en un ámbito de mucho re¬ 
chazo por parte de los adultos: los patovi- 
cas no los dejan entrar al boliche, la 
policía los persigue, los que caminan por 
la vereda los pisotean cuando están senta¬ 
dos en un umbral o también se los agrede 
cuando se difunde esa idea persistente de 
que no tienen nada en la cabeza”. 

El ex rector advierte que la escuela ya 
no puede buscar la uniformidad, como 
antaño, sino que tiene respetar las necesi¬ 
dades e intereses de cada chico y de cada 
comunidad. Esa tarea, aclara, no debe ser 
patrimonio exclusivo de los docentes: 
“También deben participar psicólogos, so¬ 
ciólogos, politólogos y, sin ninguna duda, 
las familias. Algunos se enojan con esta re¬ 
alidad y dicen que la escuela no tiene que 
dar de comer. Sí: la escuela tiene que dar 
de comer. Los que no tienen que dar de 
comer son los maestros, no es esa su fun¬ 
ción. Este modelo que propongo no existe, 


no hay de dónde copiarlo, pero hay que 
hacer la experiencia, inventarlo”. 


Aprendiendo de los pibes chorros 


U 


n paso en esa dirección pareció dar 
a fines del año pasado cuando un 
grupo de adolescentes que vivían 
en la calle asaltaba a sus alumnos del Pelle¬ 
grini para apropiarse de celulares y zapati¬ 
llas. Doscientos padres se reunieron en la 
escuela para pedir mano dura contra los 
“pibes chorros” y Gak decidió dar una nue¬ 
va lección, esta vez a los padres: “Habían re¬ 
dactado un petitorio que elevaron al gobier¬ 
no que no mencionaba para nada la 
situación de los chicos. Yo les dije, entonces, 
que no estaba de acuerdo, que había una 
ausencia de mirada hacia esos pibes. No ve¬ 
ía a estos chicos como delincuentes, sino 
como víctimas de una situación social de la 
que solos no podían salir. Si no ocurrieran 
estas cosas nadie pensaría en ellos. Enton¬ 
ces, les pregunté a los padres si estaban dis¬ 
puestos a becarios para que vuelvan a una 
escuela: todos contestaron que sí.” El enton¬ 
ces rector no se quedó ahí y se comunicó 
con las autoridades del Ministerio de Desa¬ 
rrollo Social para que el Estado mejorara la 
calidad de vida de esos chicos que habían 
sido detenidos por la policía. 

objetivo es crear una institución que tras- 


rarse como un centro de producción 1 

ral y de encuentro comunitario. De esta 
manera la institución se constituirá en un 
referente para los jóvenes y su familia. El 
tiempo y el espacio ocioso que hay en toda 
escuela tendrían que ser apropiados a tra¬ 
vés de diferentes proyectos deportivos, cul¬ 
turales, sociales, recreativos y de servicio. 
Además, si la escuela trabaja en red con 
otras organizaciones de la comunidad, los 
alumnos podrán identificar problemas y 
analizarlos con aportes multidisciplinarios”. 

Gak confiesa que tiene elaborado un 
proyecto piloto que fue presentado en dis¬ 
tintas instancias estatales. “Todos me di¬ 
cen que está muy bueno, que me apoyan, 
pero nadie se atreve a ejecutarlo”, sostiene 
antes de calzarse la gorra rapera y posar, 
desafiante, en medio de lo que definió co¬ 
mo una incubadora de yuppies. 


San Paulo 

Paulo Reglus Neves Freire, conocido 
mundialmente como Paulo Freire, na¬ 
ció el 19 de septiembre de 1921 en Re¬ 
cite, Brasil. Su Teoría del Conocimiento 
surgió en un contexto concreto: los 
años 60's, en el Noroeste de Brasil, la 
mitad de sus 30 millones de habitantes 
eran marginados y analfabetas y, como 
él decía, vivían dentro de una cultura 
del silencio. Las primeras experiencias 
del método lograron en 1963 que 300 
trabajadores rurales fueran alfabetiza¬ 
dos en 45 días. Para el año siguiente, 
el Presidente Joao Goulart lo invitó pa¬ 
ra reorganizar la alfabetización de 
adultos en el ámbito nacional., progra¬ 
ma que interrumpió el golpe militar. Se 
exilió en Chile, donde pudo profundizar 
los conocimientos, que sintetizó luego 
en Pedagogía del oprimido , publicado 
en 1970. Sus usos y abusos posteriores 
hacen quizá necesario el recuerdo de 
algunas de sus máximas: “Es necesario 
desarrollar una pedagogía de la pre¬ 
gunta. Siempre estamos escuchando 
una pedagogía de la respuesta. Los 
profesores contestan preguntas que los 
alumnos no han hecho.” 

“Mi visión de la alfabetización implica 
una comprensión crítica de la realidad 
social, política y económica en la que 
está el alfabetizado.” 

“Enseñar exige saber escuchar” 

“Nadie es, si se prohíbe que otros sean.” 


















































































4 


MU NOVIEMBRE 2007 



Pedagogía del entusiasmo 


LA ESCUELA CRECIENDO JUNTOS, DE MORENO 


Ni estatal ni privada: gestión social. Ésta es la propuesta de una escuela que se dedicó a democratizar en serio y a 
fondo la educación, creando un espacio en el cual alumnos, padres y docentes comparten preocupaciones y cons¬ 
truyen soluciones. A punto de inaugurar la secundaria, así es la experiencia de estos maestros que partieron de un 
valor simple y contudente: todos somos iguales ante el pizarrón. Y dieron vuelta la historia. 


ara llegar a Creciendo Juntos 
hay que ir a Moreno por un 
acceso convencional, doblar a 
la derecha por una calle como 
tantas, bordear un supermer¬ 
cado idéntico a los demás, andar dos cua¬ 
dras comunes y corrientes, volver a doblar, 
y de ese modo se arriba a una de las escue¬ 
las más extrañas que se puedan imaginar. 

No es estatal ni es privada. 

No fue creada, sino que se fue creando 
a sí misma. 

Los chicos quieren ir (¡). 

Aprenden (?). 

Los docentes no faltan (!). 

No se cometen discursos sobre “los ciu¬ 
dadanos del mañana”, “los valores de la 
patria”, “la trascendencia del saber” ni 
otras supersticiones. 

Las familias que pueden, pagan una cuo¬ 
ta, quizá la más baja del país, que no ha au¬ 
mentado en los últimos cinco (5) años. 

Las que no pueden pagar siguen tenien¬ 
do allí garantizada la educación de sus hijos. 


Cuando los chicos gritan, nadie grita 
que no griten, pero logran que se callen. 

Sus integrantes adultos se rebelan fren¬ 
te al actual esquema educativo, pero cues¬ 
tionan también a las alternativas progres 
como la Educación Popular. 

No creen en la hipótesis izquierdo-gana¬ 
dera que dictamina que la escuela es un ine¬ 
xorable reproductor de rebaños humanos. 

No rezan a la ilusión opuesta y ministe¬ 
rial que cada Día del Maestro anuncia que la 
escuela, por su mera existencia, es una usina 
de personas libres, capacitadas y felices. 

Estos docentes son personas compro¬ 
metidas socialmente, pero se rebelan tam¬ 
bién frente a la adicción sindical al paro 
indiscriminado. Los chicos, por lo tanto, 
no pierden días de clase. 

Algunos maestros de este lugar ni si¬ 
quiera consideran que la docencia sea un 
trabajo. 

De modo claramente antidepresivo, 
creen que, en general, algo se puede hacer. 
Y lo hacen. 



Desde la calle se ve a los chicos jugan¬ 
do en el gran terreno-patio-canchita alre¬ 
dedor del cual se construyeron las aulas. 
No es común que desde afuera se pueda 
ver lo que ocurre dentro de una escuela. 
Se escuchan las risotadas. Cristina De Vita, 
la directora, hace sonar la campana metᬠ
lica para que todos vuelvan a clase. Luego 
se acerca a la entrada. Y abre la puerta. 


Ni privada ni estatal: gestión social 


a Comunidad Educativa Crecien¬ 
do Juntos está ubicada en un ba¬ 
rrio de trabajadores: cuando se le 
pregunta a los chicos por los oficios pater¬ 
nos y maternos hablan de obreros, mecᬠ
nicos, jardineros, colectiveros, personal 
doméstico. Concurren unos 270 estudian¬ 
tes de i° a 9 o grado y 150 al Jardín de In¬ 
fantes. La cuota es de 35 pesos mensuales, 
y 30 pesos cada hermano. Hace cinco 
años que los integrantes de Creciendo 


Juntos no aumentan, por lo que corren el 
riesgo de que el gobierno, o al menos el 
indec, los nombre Ciudadanos Ilustres. El 
que no puede pagar hace algún trabajo 
para la escuela. 

Siempre fue complicado para ellos defi¬ 
nirse, porque técnicamente son una escue¬ 
la privada, que recibe subsidio estatal úni¬ 
camente para el pago a los 30 docentes 
que trabajan allí. “Nos veían con los de- 

do. Y es cierto, nos sentimos una escuela 

¡a aana a Entonces nos decían: pero uste¬ 

des no son estatales. Y nosotros contesta¬ 
mos: no queremos ser estatales. Ouere- 
íkMMiIIÍM 

Todo lo que no sea salarios (empezan¬ 
do por la propia construcción y manteni¬ 
miento de la escuela, hasta los materiales 
didácticos, la comida, luz, gas, agua, y la 
compra de uno de los terrenos, etc.) corre 
a cargo de lo que la Comunidad Educativa 
logre inventar para subsistir. 




































NOVIEMBRE 2007 MU 


5 



Creciendo Juntos sabía exactamente lo 
que estaba haciendo, pero no había pala¬ 
bras para nombrarlo. “En la Ley de Educa¬ 
ción apareció otra palabra: reconoce que 
la educación puede ser con gestión estatal, 
gestión privada, o con gestión sociar cuen¬ 
ta Juan Manuel Giménez, profesor de 
Ciencias Naturales y marido de Cristina. 

“Hay escuelas y bachilleratos en fábri¬ 
cas recuperadas (Maderera Córdoba, impa 
y Chilavert, por ejemplo) que entran en 
esta definición. Pero en la provincia de 
Buenos Aires no existe el concepto de ges¬ 
tión social. Está el Estado, la Iglesia (cole¬ 
gios privados) o nada”. ¿Creciendo Juntos 
sería la nada? 


Del cementerio a la escuela 

ace unos 30 años, Barrio Parque 
U era un lugar de viejos inmigrantes 

españoles, polacos, italianos, que 
tenían pequeñas quintas. En estas últimas 
décadas migraron los expulsados econó¬ 
micos de las provincias y países limítrofes. 
Cristina y Juan llegaron al Barrio Parque a 
fines de los 70, empujados desde la Capi¬ 
tal a fuerza de la suba de los alquileres en 
los beneméritos tiempos de la dictadura 
militar. Cristina se consideraba una mili¬ 
tante social, le atraían las experiencias co¬ 
operativas y de las sociedades de fomento 
y Juan venía del peronismo juvenil. Tení¬ 
an dos hijos (tuvieron cuatro más) y se 
instalaron en la casa de los padres de 
Juan, a intentar una nueva vida. El barrio 
era de calles de tierra, muy aislado del 
centro de Moreno, y la oferta educativa un 
tanto tétrica. Para llegar a un jardín de in¬ 
fantes había que recorrer 30 cuadras de 
tierra complicadas para todas las edades. 

Entre los vecinos nació la idea de cons¬ 
truir un jardín. La moción ganó, en la Socie¬ 
dad de Fomento, frente a la de instalar una 


cancha de bochas. En 1987 obtuvo la gober¬ 
nación Antonio Cañero. Su ministro de Go¬ 
bierno y vecino de Moreno Luis Brunatti 
los apoyó para consiguir materiales. Se pu¬ 
sieron a levantar la escuela, a idear rifas y 
fiestas para recaudar fondos. Les donaron 
cruces de un cementerio que picaron metó¬ 
dicamente para convertirlas en paredes es¬ 
colares. El trayecto desde los cementerios 
hasta la educación es acaso inverso al que 
parecen proponer endémicamente las lla¬ 
madas “autoridades competentes”. 

Juan y Cristina eran docentes, y pensa¬ 
ban. Querían un tipo de educación menos 
prehistórica que la vigente con respecto a 
los contenidos, pero también al tipo de re¬ 
lación entre la escuela, los chicos y los fa¬ 
miliares. Juan: “Siempre nos gustó la idea 
de algo abierto, no ese modelo de escuela- 
fortaleza que aísla lo que pasa adentro y 
afuera. Hoy, la puerta de rejas la cerramos 
con llave por obvia seguridad, pero aquí 
no entra el que no quiere”. 

Con el Jardín funcionando, los padres 
se miraron y decidieron lo obvio: “Ahora 
hay que seguir con i° grado”. Rifas, bailes, 
donaciones, ingenio, músculo, y se lanza¬ 
ron a seguir construyendo el aula para ese 
grado que comenzó a funcionar con 30 
chicos. Y de ahí a 2°, a 3 0 ... y cada año 
iban tirándose a la pileta, dicen. En 1999 
egresó la primera promoción de 9 0 grado. 

El primer terreno era de la Sociedad de 
Fomento. Otro tramo lo ocuparon sin dar 
ni pedir demasiada tregua. El resto pudie¬ 
ron comprarlo con un crédito obtenido 
por los propios docentes. 


Ustedes no pueden 


oda esta historia fue acompañada 
por una transgresión. “Cambia¬ 
mos todos los usos de este tipo de 
escuelas, empezamos a buscar un mayor 


clima de libertad, nos volcamos al cons¬ 
tructivismo, a formas más cooperativas de 
encarar la relación con los chicos y el 
aprendizaje, que parecían vedadas en un 
barrio como éste”. Traducción: los avances 

mente remitidos a ciertos institutos priva- 

prehistoria escolar. En Creciendo Juntos 

Tomaron una referencia, la escuela Mun¬ 
do Nuevo de Capital que en aquellos 
tiempos era una cooperativa de padres y 
maestros. Adriana Castro fue una de las 
docentes de esa escuela que se ofreció a 
brindar un taller para iniciar el i° grado 
con esos criterios. Creciendo Juntos de¬ 
mostró que los funcionarios, los teóricos y 
los opinadores que pensaban que esa 
educación era impracticable en un barrio 
pobre, eran lisa y llanamente ignorantes y 
mal educados, en el sentido más genuino 
del término. 

La clave, en la que no mucha gente cree 
sinceramente, es pensar que la educación 
es para todos. “Todos pueden hacer razo¬ 
namientos matemáticos, leer, estudiar” di¬ 
ce Adriana. “Y si aparecen problemas, hay 
que dialogar para ver qué hacer. Lo mis¬ 
mo pasa con la disciplina. Si hay un con¬ 
flicto podría acudirse a sistemas burocráti¬ 
cos, de castigos. Pero acá se pueden 
construir leyes, normas, discusiones”. 
Imaginemos dos chicos peleando. Lo clási¬ 
co y veloz es el castigo. En Creciendo Jun¬ 
tos optan por la conversación, incluso la 
participación de todo el grupo, compren¬ 
der el problema y solucionarlo, o repararlo, 
más que congelarlo o conformarse con 
disculpas vacías. 

En algunos colegios privados todas 
esas buenas intenciones, es sabido, son 


marketing para pescar padres. En Crecien¬ 
do Juntos no existe el marketing, no hay a 
quién vendérselo, sino la necesidad real 
de solucionar problemas de discrimina¬ 
ción, de poder entre los chicos, de con¬ 
ducta. “Se trata de horizontalizar las dis¬ 
cusiones, que se hable, que existan el 
afecto y la aceptación de la diferencia. 
Acá hay nenes de verdad integrados pese 
a que pueden tener, por ejemplo, limita¬ 
ciones cognitivas. Pero para cada uno se 
piensa y se elabora un proyecto de inte¬ 
gración genuina. Acá no remamos sólo 
con lengua o matemáticas, sino con la 
convivencia”. Ejemplo mínimo: se decidió 
que ante los alborotos de los chiquilines, 
en lugar de vociferar, golpear pizarrones o 
trompear escritorios, cada docente sim¬ 
plemente levante la mano. Cuando lo 
ven, los chicos van haciendo lo mismo 
hasta que todos comprenden que el ma¬ 
estro pide silencio. Decenas de esos pe¬ 
queños gestos generan un clima que cada 
lector puede imaginar sin que nadie ven¬ 
ga a enseñárselo. 


Charla en el aula 

eunión con chicos de 7 0 , 8 o y 9 0 
grado. Espontáneamente se arma 
una ronda. Daiana dice que la di¬ 
ferencia que observa con las escuelas a las 
que van algunas amigas suyas (estatales) 
es que “ahí no te escuchan”. Jeremías agre¬ 
ga que cuando hay un problema en una 
estatal, hay que ir a arreglarlo afuera: “Acá 
nos reunimos y en vez de salir a pegarnos, 
hablamos”. Jessica: “En otros colegios los 
profesores no tienen interés. Acá sí, se 
puede charlar con ellos y somos todos por 
igual. Hay más libertad, y se habla con 
tranquilidad”. 

¿Y la parte educativa? Nicolás habla 
con fluidez: “Yo vengo de una escuela que 



SUB.COOP 





































6 


MU NOVIEMBRE 2007 



La escuela Creciendo Juntos partió de la idea de que era posible, en un barrio po¬ 
bre, una educación moderna, con acento tanto en los contenidos como en el espí¬ 
ritu colectivo y solidario. Los docentes no adhieren a los paros exclusivamente sa¬ 


lariales, los problemas se discuten grupalmente, y el estilo educativo potencia la 
capacidad de razonamiento y creación. Más que materias, los chicos aprenden a 
aprender. “El castigo de mi nena es no venir a la escuela”, dice una mamá. 


era estricta, te daban montones de cosas, 
copiaba y copiaba, pero la verdad es que 
no entendía nada porque no tenía tiempo 
para razonar lo que copiaba. Acá me dan 
menos cosas, pero la diferencia es que en¬ 
tiendo”. Cuenta que se repasa para los que 
no captaron un tema, y luego lo trabajan 
juntos los que entienden y los que no. Mi¬ 
guel: “Pero aprendés más porque en otros 
lados hay mucha huelga”. Daiana: “Casi 
nunca tienen clase”. 

¿Creen que sirve la educación? Nicolás: 
“Me dijeron que sin educación no tenés 
mucho futuro, me parece que es cierto. 
Yo quiero ser programador de computa¬ 
ción. Me sirven Lengua y Matemáticas, 
pero Historia y Ciencias Naturales no. 
Igual capaz que está bien estudiar eso”. 
Jeremías quiere estudiar ingeniería y 
agronomía. Daiana no lo pensó. Jessica, 
fotografía. Miguel asegura que va a ser 
plomero. Y otra chica dice que va a hacer 
documentalista. En la escuela tienen ta¬ 
ller de teatro, video ficción y video docu¬ 
mental (y los chicos ya se han ganado va¬ 
rios premios). 

¿Qué es la mala educación? Primera 
respuesta: “El que insulta mucho”. Siguie¬ 
ron conversando, le dieron vueltas al te¬ 
ma, y llegaron a otra idea: “Mala educa¬ 
ción es no tener respeto por las otras 
personas. Creerse más que los otros”. No 
había ningún maestro revoloteándoles al¬ 
rededor para dictarles esa respuesta. 


Quemar escuelas 


n otra aula están reunidas las ma- 
C dres y docentes que participan en 
un taller de lectura, donde los li¬ 
bros son disparadores de temas y refle¬ 
xiones. Están leyendo uno de Franco Be- 
rardi, Bifo (el italiano reseñado en 
Biforcaciones, en el último número de 
mu). En la ronda están Juan y Cristina, 
Augusto Bogazzi (Historia), los jóvenes 
Juan Manuel Brunatti (Matemáticas) y Ro¬ 
cío Farías (Plástica). Dejan el libro, y se ar¬ 
ma la rueda de charla. 

¿Es diferente esta escuela? Una de las 
mamás reconoce que sí: “Acá siempre en- 
contrás a los maestros”. Otra de las muje¬ 
res tiene un kiosco y vio hace poco a una 
vecina, directora de una escuela estatal: 
“Como no estaba en la escuela, le digo: 
¿están de paro? Y me dice: no, pedí licen¬ 
cia porque tengo que hacer el contrapiso 
de mi casa”. 

Augusto reconoce: “Uno siente que la 
educación está ausente o absolutamente 
fragmentada”. Hay quienes simbólica¬ 
mente dicen: hay que quemar las escue¬ 
las. “Pero no las queman. Los discursos so¬ 
bre la escuela son así, ajenos. Que la 

tros también somos actores, podemos ha- 


cU 


la.tj 






pOPfj 



cer algo”. Otra de las madres informa: “To¬ 
dos somos los dueños de la escuela”. Ja¬ 
más había escuchado esta frase en un ám¬ 
bito escolar. No implica algo idílico, hay 
muchas familias que tienen un estilo más 
desapegado. Juan: “Eso es lo que menos 
nos gusta, y lo que tratamos de revertir. 
No todos participan”, cuenta, aunque lo 
llamativo para el visitante es ver el flujo 
de decenas de padres y madres (no son to¬ 
dos, claro) entrando y saliendo del lugar, 
sintiéndose dueños, ejerciendo el inusual 
arte de la charla. 

Una madre -suele ocurrir- se queja de 
que su hijo “se tira a chanta”. Juan: “Pero 
aun en esos casos, no faltan. No es que 
vengan a estudiar necesariamente, pero 
les funciona la escuela como lugar de en¬ 
cuentro”. Una madre: “Es cierto, el castigo 
de mi nena es no venir a la escuela. Vie¬ 
nen acá como si fuera a Disneylandia”. 

Augusto: “Aunque los chicos no quie¬ 
ran estudiar, yo creo que es posible rever¬ 
tir ese desinterés viendo la situación de 
otra manera. Si uno quiere pensar cuál es 
el sentido de la educación, eso no lo va a 
encontrar en las teorías necesariamente, 
sino que también surge de la práctica y se 
sostiene con el entusiasmo”, palabra que 
no suele armonizar con lo escolar. 

Pero acá se habla de entusiasmo y en¬ 
cuentro mientras la realidad parece ser un 
cúmulo de desquicios, violencia, desinte¬ 
rés. “Ningún problema, violencia incluso, 
debería ser ajeno a lo que se hace en la 
escuela. Es parte de la realidad que te to¬ 
ca vivir. Si lo tomás como un problema 
ajeno, transferís la culpa a otro. La cons¬ 
trucción de la educación tiene que estar 
impregnada con esa realidad que en otro 
momento se dejaba afuera. Ya no se pue¬ 
de. Está acá. Lo que necesitás, sí, es apro¬ 
piarte del problema para ver qué se pue¬ 
de hacer”. 

¿Qué significa apropiarse del proble¬ 
ma? No esconderlo ni negarlo: enfrentarlo. 
Cristina cuenta que ante alguna cuestión 
de drogas de uno de los chicos, se siguió la 
secuencia de pensar primero en el asunto, 
como para trabajarlo con delicadeza: “Te 
puede pasar que hables con la familia, 
que no lo sepa, y lo saquen al chico de la 
escuela” (o sea, nadie piensa en expulsión, 
sino todo lo contrario). En el caso más gra¬ 
ve que tuvieron, se pudo conversar, abrir 
con la familia el asunto, buscar apoyo de 
instituciones específicas para ayudar a la 
rehabilitación, mientras el chico seguía en 
la escuela. “Le dieron algo así como el alta 
después de un año y medio, y el chiquito 
además trajo materiales y compartió lo 
que le pasó y toda la información con los 
otros nenes”. 


El mecanismo también funciona para 
realidades como la violencia familiar, o el 
abuso hacia los niños. Pero apropiarse del 
problema significa, dice Cristina, “trabajar 
también más en prevención. Hacemos ta¬ 
lleres de educación sexual para que los 
chicos entiendan las situaciones que pue¬ 
den vivir, y cómo en esos casos no hay 
que encerrarse en el silencio”. La cumbia 
que escuchan los chicos ya refleja esas re¬ 
alidades, con lo cual la escuela busca dar 
una vuelta más: además de reconocerlas, 
vislumbrar cómo enfrentarlas. Todo esto 
¿es o no educación? 


Crítica a la Educación Popular 


tiva? 


a duda: ¿este conjunto de búsque¬ 
das parte de alguna teoría peda¬ 
gógica, de alguna doctrina educa- 
Augusto: “La pregunta es cómo 


pensar no en función de una ideología 
preconcebida, sino de lo que uno está ob¬ 
servando”. Juan: 

elitistas, relacionadas con la concientiza- 

maestro ignorante”. En este número de mu 
se publica parte de ese libro de Jacques 
Ranciere. El debate es vastísimo, pero los 
docentes de Creciendo Juntos cuestionan 
de qué modo la Educación Popular parte 
de la idea de que el que enseña es cons¬ 
ciente, y el otro no, contra la noción de re¬ 
conocer la igualdad de las inteligencias 
para promover una emancipación intelec¬ 
tual en la que el estudiante más que reci¬ 
bir explicaciones, descubra y utilice sus 
propias capacidades. 

Ambos modelos dicen buscar el pen¬ 
samiento crítico y la autonomía de la per¬ 
sona, pero en Creciendo Juntos ya no ven 
que la Educación Popular esté consiguien¬ 
do lo que propone teóricamente. “Se ha 
puesto todo muy esquemático, hay técni¬ 
cas muy buenas de romper el hielo en las 
reuniones, y se mantiene el concepto de 
que la educación no es sólo para algunos. 
Pero eso solo no alcanza” dice Cristina. 
En la práctica, en esta escuela parecen es¬ 
tar apostando a que la educación, más 
que una transmisión de un saber (dar cla¬ 
se) es un contagio del entusiasmo por 
pensar y conocer (crecer juntos, incluso 
con un maestro “ignorante” que no pre¬ 
tenda saberlo todo). 

También debaten la noción según la 
cual la escuela no puede cambiar nada, y 
es una simple reproductora del sistema. 
“En el Gran Buenos Aires ni siquiera re- 












































NOVIEMBRE 2007 MU 


7 



No se define como escuela sino como “comunidad educativa". Los padres se con¬ 
sideran los dueños del colegio, que la provincia califica como “comercio". Sema¬ 
nalmente se realizan asambleas para evaluar lo que se hace. La cuota es segura¬ 


mente la más baja del país: 35 pesos. Los que no pueden pagarla, aportan algún 
trabajo. El año próximo inauguran el 1er año del ciclo superior, orientado a comu¬ 
nicación. Los chicos celebran poder seguir estudiando. 


producen el sistema, sólo expulsan gente” 
dice Augusto. “Pero nosotros creemos que 
se puede romper con esa idea”. Cristina: 

cansé de esa manera de ver las cosas. No 

y estoy absolutamente creída de que esas 
cosas generan transformaciones”. 

Sobre la cuestión sindical, plantean: “No 
es que estemos en contra de parar. Hemos 
hecho paros y también cortes de ruta. Lo 
que pasa es que lo conversamos y lo deci¬ 
dimos nosotros. Paramos por el asesinato 
de Fuentealba, pero no adherimos a los pa¬ 
ros exclusivamente salariales. No porque 
estemos contentos con lo que nos paga el 
Estado, sino porque no creemos que haya 
un derecho del maestro superior al de la fa¬ 
milia o los chicos de tener una educación”. 
Han recibido críticas tanto de las conduc¬ 
ciones sindicales, como de las listas oposi¬ 
toras y de izquierda. “No les vemos mucha 
diferencia en la lógica con la que piensan. 
La diferencia es que unos están más cerca 
del gobierno. Pero parecería que lo salarial 
invalida que los gremios debatan sobre ca¬ 
lidad escolar, contenidos, justicia”. 

Juan: “Es que para mí, te digo la verdad, 
la educación no es sólo un trabajo. Es un 
trabajo y muchas cosas más”. Un arte, un 
modo de vivir, un estilo de convivencia, o 
lo que cada lector prefiera pensar. 


Dónde está el centro del problema 

G uste o no, esta escuela está mos¬ 
trando aspectos nuevos desde los 
cuales observar las cuestiones edu¬ 
cativas. Augusto habla de lo general: “Lo 
principal es cómo abordamos las cuestio¬ 
nes incluso pedagógicas, que son distintas 
cada vez. El horizonte de imprevisibilidad 
se va corriendo. Lo imprevisible es cada 
vez más común. Por eso los que planifican 
la educación siempre corren detrás de los 
problemas y siempre llegan tarde, porque 
están alejados del centro de la cuestión, 
que es la escuela”. Además de estar en el 
centro, el problema de los docentes radica 
en dos ejercicios difíciles: observar y pen¬ 
sar. “Con sólo estar en el lugar no garanti¬ 
zo respuestas. Cada circunstancia requiere 
del concurso de todos nosotros para obser¬ 
var y pensar. Y ése es un esfuerzo muy 
grande”, dice Augusto, que agrega otro da¬ 
to técnico: “Las escuelas son muy vertica¬ 
les. Y la verticalidad no es una herramien¬ 
ta muy útil para pensar, sino para obedecer 


órdenes. Por eso nosotros pretendemos ser 
una escuela horizontal”. Juan Manuel 
cuenta que esa actitud docente implica reu¬ 
nirse, charlar cada problema de los chicos, 
buscarle variantes y tomar decisiones. Por 
ejemplo, 7°, 8 o y 9 o grado comparten mu¬ 
chas actividades, y eso ha potenciado a ca¬ 
da uno de los cursos. 

Una madre plantea: “A los chicos no les 
preocupa nada, no piensan en el futuro”. 
Augusto: “El futuro está cuestionado y la 
escuela está programada para pensar en el 
futuro, graduarse: quien mejor se gradúe 
supuestamente tendrá un futuro más ase¬ 
gurado. Pero si la vida se transformó en 
puro presente y no se ve el futuro, lo que 
tratamos de hacer es no compartimentar 
actividades y trabajar con los chicos ese 
puro presente”. Ya no se trataría de estu¬ 
diar para “un porvenir venturoso” sino de 
convertir el aprendizaje en una experien¬ 
cia que hoy tenga valor en sí mismo. “Es¬ 
tamos logrando cosas fuertes” dicen. 

Juan Manuel, con Matemáticas: “Lo 
principal es las ganas que uno le pone. Yo 
creía que lo importante era la didáctica, el 
modo de enseñar algo. Pero ahora descu¬ 
brimos que lo más importante es dónde 
se para uno para enseñar, si desde un lu¬ 
gar de conocimiento que hay que transmi¬ 
tir, o desde ver cómo aproximarnos juntos 
al conocimiento”. 

En términos prácticos, Juan Manuel no 
obliga a memorizar fórmulas, sino que 


plantea problemas, espera respuestas de 
los chicos, plantea preguntas, hace que los 
chicos inventen problemas que proponen a 
otro grupo, y mil estrategias más, pero so¬ 
bre todo la noción de permitir que emerjan 
el pensamiento y la capacidad de razona¬ 
miento de cada chico. Augusto en Historia 
lee, comenta, propone, muestra películas, 
cuenta. “Todo es búsqueda” dice. Cristina 
aporta otro descubrimiento: “No se puede 
hacer esto con piloto automático”. 

¿Quedan preparados los chicos frente a 
estudios futuros? Juan Manuel ha detecta¬ 
do que varios de los egresados del 9 o gra¬ 
do logran desenvolverse bastante bien en 
escuelas técnicas, por ejemplo. “Si no co¬ 
nocen un tema, saben cómo estudiar, có¬ 
mo buscarle la vuelta”. Cristina: “Estoy 
convencida de que aunque no sepan algo 
específico, salen con las herramientas para 
poder aprender. Acá hay chicos que te de¬ 
cían: ésto no lo puedo hacer, es demasia¬ 
do para mí. Pero al tiempo se producen 
cambios fuertes”. Una posible clave: el cli¬ 
ma de convivencia volcado a la enseñan¬ 
za genera una apertura en la predisposi¬ 
ción del chico frente al estudio, y moviliza 
esa capacidad que a veces ni él sabe o 
cree que tiene. ¿Se puede lograr? 

“Es que dentro del ámbito de la escue¬ 
la todo es posible” dice Augusto, “y ese to¬ 
do posible, que es invisible para el sistema 
legal, lo es en términos de voluntad. Nada 
te impide hacer algo si hay consenso de 


las personas dentro de la escuela. Para eso 
hay que charlar y juntarse”. El propio Au¬ 
gusto cree que en la idea de la educación 
con gestión social hay un germen de algo 
que permite no resignarse. Reconoce la 
contracara: “El sistema está produciendo 
personas superfluas”. Juan Manuel con¬ 
testa: “Si los chicos son supefluos, yo tam¬ 
bién. Pero no me considero así. Sigo vien¬ 
do que es posible crear cosas a pesar de 
las dificultades”. Augusto: “La cuestión es 
quién define la realidad. ¿Los que nos 
quieren convertir en supefluos? Yo me 
pregunto si eso es inexorable, o si lo podés 
dar vuelta. Todo nuestro planteo educati- 

cato, o salir a quemar escuelas”. Nadie ha¬ 
rá semejante cosa. En realidad están traba¬ 
jando para inaugurar en 2008 el íer año 
del último ciclo. Es tiempo de soñar. ¿Qué 
van a hacer ahí? “Lo que acabamos de 
conversar”. 

Cristina cree que el fondo de lo que es¬ 
tán proponiendo incluye una apuesta con¬ 
tra la resignación. Las cosas que se dicen 
en Moreno deberían ser más escuchadas. 
“Hay una idea de que los chicos tienen la 
vida hipotecada. Que por más que estu¬ 
dien y aprendan nada va a cambiar. Que 
su vida está determinada. A nosotros nos 
parece que no. Nadie nace con una cruz. 
Por eso hicimos esta escuela: nadie tiene 
el destino marcado”. 


entrá derecho 




www.ciudadyderechos.org.ar 



Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires 

Venezuela 842 J 4338-4900 | 0810-333-3676 | Ciudad Autónoma de Buenos Aires J www.defensoria.org.ar | consultas@defensoria.org.ar 


SUB.COOP 












































8 


MU NOVIEMBRE 2007 


Clases de batucada 


DANIEL BUIRA Y LA ESCUELA LA CHILINGA 


Cuando Los Piojos llegaban al techo de popularidad se bajó de la batería para poner toda su energía en 
La Chilinga, una escuela. Hoy lleva cuatro discos editados y cuatro sedes abiertas, a las que concurren 700 personas. 


aniel Buira tiene 36 años y de¬ 
dicó los últimos doce a desa¬ 
rrollar un proyecto de escuela 
de percusión al que llamó La 
Chilinga. “Nació en 1995 y yo 
me fui de Los Piojos en el 2000, así que ya 
venía trabajando en esto desde antes”, acla¬ 
ra desde el comienzo. Hoy La Chilinga tiene 
cuatro discos editados, además de contar 
con casi 700 alumnos. ¿Cuál es el origen y 
el recorrido de este milagro? “Lo armamos 
en una época en la que yo viajaba mucho 
a Bahía, Brasil, a visitar escuelas de percu¬ 
sión. Ese era el proyecto: queríamos hacer 
un trabajo social que apostara a la percu¬ 
sión y también a la enseñanza”. 



La escuela 


n las salas hace un calor casi inso¬ 
portable. Los diferentes grupos en¬ 
sayan con las ventanas cerradas 
por piedad con los vecinos. “Si no se escu¬ 
cha a tres cuadras” me dicen. La entrevista 
es en un balcón y los ruidos que se filtran 
son otros: varias líneas de colectivos y el 
tren, que pasa apenas a una cuadra. 

¿Cómo se financia la escuela? 

Es un tema complicado. Una de las for¬ 
mas que tenemos de autofinanciarnos 
son los eventos. Eso ayuda a que la es¬ 
cuela pueda mantenerse y a que los 
profesores puedan ganar un poco más. 
Además, se cobran cuotas que van des¬ 
de 5 a 30 pesos. No vivimos de subsi¬ 
dios, aunque un proyecto como este de¬ 
bería estar subsidiado, así de simple. 
¿Creen que los subsidios pueden hacerles per¬ 
der el foco? 

No, porque la estructura acá ya está ar¬ 
mada y es muy concreta. Los objetivos 
están muy marcados. El único miedo 
es llegar a depender de los subsidios 
sabiendo que un día pueden dejar de 
estar. No entiendo cómo un año le dan 
guita a un proyecto y al año siguiente 
se lo sacan. ¿Qué hacés ahí? Es todo 
un tema. Acá es muy ridículo cómo se 
distribuye el dinero: estamos pelean¬ 
do por 30 mil pesos anuales para La 
Chilinga y los eventos que la ciudad 
organiza en el verano salen 300 mil. 
Es un desastre. En Brasil, en cambio, 
ya está resuelto: grupos como Oludum 
directamente son empleados del go¬ 
bierno. Al principio no lo entendía, 
pero en realidad ese aporte es un de¬ 
recho. Yo no voy a cambiar la forma 
de pensar porque un gobierno esté fi¬ 
nanciándome un proyecto. 

Entonces ¿cómo se organizan financieramente? 
Básicamente vivimos de los shows, las 
cuotas de la escuela y la venta de los dis¬ 
cos. Siempre estamos en deuda. Ya nos 
acostumbramos y no le tenemos más 
miedo. Hace diez años que estamos en¬ 
deudados y vamos pagando como po¬ 
demos. Así y todo la escuela se mantie¬ 
ne, abrimos sedes, tocamos, sacamos 
discos... la plata no es lo primordial y 
eso es muy sano. ¿Cuántas bandas de¬ 
jan de ser auténticas y reales porque el 
tema económico empieza a tomar prota¬ 
gonismo? Nosotros tenemos que estar 
agradecidos al gobierno porque aprendi¬ 
mos a no depender en nada de ellos y a 
poder mantenernos solos. 



Al margen de las cuestiones económicas, 
¿cuál es la idea pedagógica en la escuela? 

Vamos creciendo y aprendiendo per¬ 
manentemente. Lo importante es te¬ 
ner un objetivo claro: aprender a tocar, 
a desarrollarse como artistas y a auto- 
producirse como artistas. Al año de 
entrar los chicos están tocando, y eso 
es lo más lindo que tiene la escuela. 
La idea no es que salgan percusionis¬ 
tas, sino que tengan creatividad: que 
sepan cómo hacer un show, cómo se 
arma, desde el vestuario al repertorio. 
Así logramos que en un mismo grupo 
haya un médico, un abogado y un chi¬ 
co que vende cosas arriba de un colec¬ 
tivo formando parte del mismo pro¬ 
yecto y hablando de las mismas cosas. 
Eso es buenísimo. 

¿La escuela tiene un programa? 

Sí, tiene un programa que dura 6 años 
y está orientado al repertorio y a lo es¬ 
cénico. Trabajamos sobre diferentes es- 



La Chilinga no sólo tiene sede en Mar¬ 
tín Coronado (San Lorenzo 2017), tam¬ 
bién en Florencio Varela y en Capital 
Federal, en Saavedra y en Barrio Nor¬ 
te. Además inauguró anexos en otras 
ciudades como La Plata y Lanús, y en 
el barrio de Palermo. Para más info se 
puede llamar al 4842-3976 o entrar a 
la web: www.chilinga.com.ar 


tilos de percusión -africana, brasileña, 
uruguaya-, y lo mismo con la danza: ar¬ 
gentina, cubana, brasileña. Acá los 
alumnos a partir de 3 0 año ya se mane¬ 
jan con bastante autonomía, arman sus 
propios shows. Este fin de semana, por 
ejemplo, hubo cuatro recitales: cada 
grupo planificó y armó el suyo. Esa di¬ 
námica responde a lo que queremos lo¬ 
grar en la escuela. 

La Chilinga realiza viajes por el país lle¬ 
vando su música. Hace poco estuvieron 
en Tilcara, Jujuy. “Son propuestas que em¬ 
piezan con un mail y la abrimos a toda la 
escuela. El de Tilcara lo organizamos en 
tres semanas y se anotaron 50 alumnos”. 
Otro de los lugares a donde llevaron su 
música fue a la cárcel de Ezeiza, donde tie¬ 
nen un proyecto con el Ministerio de Se¬ 
guridad y Derechos Humanos que surgió 
porque una de las alumnas de danza tra¬ 
baja dentro del penal. “A mí me interesa¬ 
ba entrar a las cárceles porque es gente 
que no tiene acceso al arte y la cultura, só¬ 
lo existe la violencia. Hicimos una mues¬ 
tra y hasta tocaron chicos del penal para 
el resto de los presos. Fue muy emotivo”. 
Daniel cree que todos, ocupen el lugar 
que ocupen, tienen en su poder el arma 
más poderosa. “El arte es siempre revolu¬ 
cionario. Es oculto, silencioso, pero fíjate 
cómo las generaciones cambian a través 
de la música, cómo se despiertan. Ese es¬ 
pacio se lo tenemos que dar, tienen que 
tenerlo. Ahora estamos peleando para que 
puedan salir del penal en un micro a ver 
tocar a otras bandas. Es difícil, pero lo es¬ 
tamos intentando”. 


La calle es nuestra 


U 


no de los objetivos de La Chilinga 
es llegar a la mayor cantidad y 
variedad de público posible. “Lo 
popular tiene que se masivo o no es po¬ 
pular. Tenés que bancarte la masividad. 
Nosotros buscamos lo popular, desde la 
gente que viene a la escuela hasta los rit¬ 
mos que elegimos, y eso incluye al públi¬ 
co. En un mismo día podemos estar to¬ 
cando en una escuela de un barrio 
carenciado, a la tarde en un salón de Pa¬ 
lomar con gente de clase media, y a la 
noche en una fiesta donde la entrada 
cuesta 20 pesos. Es muy variado y todos 
los shows están buenísimos”, cuenta Da¬ 
niel. La veta popular aparece por varios 
rincones. Uno es el fútbol: hace diez 
años que la música de La Chilinga es la 
cortina de El Aguante, programa que emi¬ 
te Tyc Sports. “El otro día tocamos en el 
entretiempo de Argentinos Juniors-Ra- 
cing. Nos gusta mucho el fútbol, tiene 
que ver con el barrio. Creo que estamos 
del otro lado de la elite de la percusión”, 
confiesa con una sonrisa. Otro de los 
bastiones populares que trata de conser¬ 
var La Chilinga es la calle. ■mbmmIÍU 

ta es la tarima, más te alejás de la gente. 

Por eso muchos músicos no pueden vol- 

Una de las cosas que hacemos todos los 
años desde 1995 es el bautismo a los de 
i° año: el primer show tiene que ser 
siempre en la calle, a fin de año, por las 
calles de Palomar, para que no se lo olvi¬ 
den nunca. Esa es la política de la escue¬ 
la: nunca perder la calle”. 

Daniel me cuenta que el objetivo social 
de la escuela es la integración, vengan de 
donde vengan, sean de la clase social que 
sean. “Cuando a la clase media le falta el 
ocio creativo es muy peligroso y puede es¬ 
tar sufriendo tanto como alguien de clase 
baja o de clase alta”, afirma. Le pregunto 
por el futuro de la escuela y me dice que 
va a seguir existiendo “de por vida” aun¬ 
que él no esté al mando. Y que en el futu¬ 
ro le gustaría contribuir a combatir “el de¬ 
sastre político y cultural que existe hoy en 
día”, aunque no sepa desde qué lugar. 
Apago el grabador y anoto las palabras 
“ocio creativo” en mi cuaderno. Salgo de 
la escuela y camino la cuadra que me se¬ 
para de la estación para volver. Ya es de 
noche y los ruidos de los tambores me si¬ 
guen haciendo compañía. Algo me dice 
que va a ser así por mucho tiempo. 


-> Un sindicato pluralista, democrático y combativo donde los afiliados participan y deciden. 
-> Por la defensa de los intereses de los trabajadores sin ningún tipo de condicionamiento. 

-» Contra el tercerismo y todo tipo de precarización laboral. 

-> Por el derecho de los trabajadores a organizarse sindicalmente. 

FOETRA Sindicato Buenos Aires | 

ftUbHAQDN Ut CJHHfcKÜH Y tMl-LtAISOES r fcLfcl- ÜMUSÜS U!t LA REPUBLICA AKUbN 11NA 



Tte. Gral. Perón 1435 - Ciudad Autónoma de Bs. As. (1037) 
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NOVIEMBRE 2007 MU 


9 


Ciencias ocultas 


INFORME SOBRE EDUCACIÓN 


Un grupo de expertos destacó que el estudio de las ciencias es un hecho político; que 
la enseñanza actual las ignora y recomendó que la escuela realice un esfuerzo para 
inculcar un tipo de razonamiento crucial para el “desarrollo de ciudadanía” 



Por qué la formación en cien¬ 
cias naturales y matemáticas 
deber ser una prioridad? La 
pregunta se la formularon 
prestigiosos científicos, con¬ 
vocados por el Ministerio de Educación 
de la Nación, que conformaron la Comi¬ 
sión Nacional para el Mejoramiento de la 
Enseñanza de las Ciencias Naturales y la 
Matemática. “Estar en condiciones de ha¬ 
cer razonamientos medianamente abs¬ 
tractos y de extraer conclusiones a partir 
de observaciones de experimentos es 
también un hecho político. Cuantas me¬ 
nos personas tengan esa capacidad, me¬ 
nos democrática será la sociedad en la 
que viven”, respondieron las casi dos de¬ 
cenas de profesionales que suscribieron 
el documento final. 

La idea de conformar la Comisión na¬ 
ció ante la preocupación oficial por los 
magros resultados obtenidos en los exᬠ
menes que los alumnos rinden en los 
Operativos Nacionales de Evaluación en 
Matemática y Ciencias. Tras nueve en¬ 
cuentros, realizados entre febrero y agosto 
pasado, el grupo de especialistas formuló 
conclusiones contundentes y sumamente 
críticas hacia el sistema educativo. Mihm 

con saberes prácticamente nulos sobre es¬ 

tas dlicf glMP ¡ 

El informe también hace mención a la 
baja formación inicial y continua de los 
maestros, a la exigua cantidad de docen¬ 
tes titulados, a la falta de equipamiento 
técnico y a los bajos salarios que precari- 
zan las condiciones laborales. Por eso su¬ 
giere la necesidad de sostener políticas en 
el tiempo, que sean respaldadas con el 
aporte de partidas presupuestarias capa¬ 
ces de sostenerlas. 

El escrito también subraya la escasa 
carga horaria destinada a las Ciencias Na¬ 


turales y a las Matemáticas, la carencia de 
libros adecuados en ambas disciplinas y 
los vetustos mecanismos de enseñanza 
que aún emplean la mayoría de los maes¬ 
tros. “La educación tradicional en el aula 
ignora casi por completo el proceso de ge¬ 
neración de las ideas, enfocando su aten¬ 
ción casi exclusivamente en el producto 
final de la ciencia. Esto redunda en que 
los alumnos lleguen a comprensiones su¬ 
perficiales y frágiles, cuando no erróneas, 
de las ideas científicas. Es posible y segu¬ 
ramente imperativo generar una educa¬ 
ción en las ciencias cuyo foco sea el pro¬ 
ceso de construcción de las ideas”, 
propone el trabajo. 

Un tramo más adelante, el informe 
completa: “La educación en ciencias, parti¬ 
cularmente en el nivel medio, ha girado 
tradicionalmente en torno a un programa 
de contenidos 'canónicos' dispensados en 
clases teóricas magistrales, clases de labo¬ 
ratorio y clases de resolución de proble¬ 
mas. Aunque como concepción pedagógi¬ 
ca este enfoque hoy día se considere 
anticuado, en la práctica se sigue usando, 
posiblemente porque no les resulte claro a 
muchos docentes cómo encarar la ense¬ 
ñanza de otra forma”. 

El trabajo sostiene que el enfoque ac¬ 
tual de la enseñanza debe comprender 
que los alumnos no son recipientes vací¬ 
os, sino que llegan al aula con ideas que 
son fruto de experiencias previas. “En ba¬ 
se a estas ideas y a su interacción con la 
realidad física y social del aula, los alum¬ 
nos construyen nuevos conocimientos. 
Desde esta perspectiva, una de las tareas 
del docente debería ser ayudar al alum¬ 
no a tomar conciencia de sus propias ide¬ 
as, dándole oportunidad para confrontar¬ 
las, debatirlas, afianzarlas o usarlas como 
andamiaje para llegar a ideas más sofisti¬ 
cadas. En suma, el alumno elabora o 
construye en forma activa su conoci¬ 
miento y deja de ser un recipiente pasivo 
a la espera de material que le llega de 
afuera. Y el docente debe convertirse en 


facilitador y guía de este aprendizaje acti¬ 
vo de sus alumnos.” 

En un hecho poco habitual, los espe¬ 
cialistas vincularon la importancia de 
acumular conocimientos en ciencias du¬ 
ras con el pleno desarrollo de los dere¬ 
chos y la vida social. “La enseñanza de 
las ciencias naturales y la matemática tie¬ 
ne potencialidades muy significativas para 
desarrollar las principales competencias 
que requiere el desempeño ciudadano y 
el desempeño productivo: capacidad de 
abstracción para ordenar el enorme cau¬ 
dal de información que está hoy a nues¬ 
tro alcance; de experimentación, para 
comprender que hay más de un camino 
para llegar a descubrir nuevos conoci¬ 
mientos, de trabajo en equipo, para promo¬ 
ver el diálogo y los valores de solidaridad y 
de respeto al otro”, destaca el dictamen 
de la Comisión. 

Para quienes suscribieron el documen¬ 
to, resulta intolerable el fracaso de la en¬ 
señanza en las disciplinas analizadas. 
Sostienen que el ciudadano que no esté 

alfabetizado científicamente no va a po- 

de medicamentos y la genética entre 
otros debates que, cada vez con mayor 
frecuencia, discutirá la población mun¬ 
dial. Aseguran, además, que nociones re¬ 
lacionadas a la energía, la bioética, la 
biotecnología -entre otras disciplinas- de¬ 
terminarán en poco tiempo el cabal ejer¬ 
cicio de la ciudadanía. 

El informe finaliza con un decálogo de 
recomendaciones, acompañadas por 
otras tantas acciones sugeridas para lle¬ 
varlas a cabo. Del dictamen participaron, 
entre otros expertos, el ex candidato a 
rector de la uba Alberto Kornblithtt, el 
decano de la Facultad de Ciencias Exac¬ 
tas de la uba, Pablo Jacovkis, el investiga¬ 
dor y divulgador científico Diego Golom- 
bek y el viceministro de Educación, Juan 
Carlos Tedesco. 


RECOMENDACIONES DEL INFORME 


Qué hacer 

Algunas propuestas concretas que 
formularon los expertos para mejo¬ 
rar la enseñanza de las ciencias 


Recomendación: Que se valorice la 
enseñanza de las disciplinas cientí¬ 
ficas a través de acciones de difu¬ 
sión y la divulgación. 

Acción: Desde el estímulo a la apari¬ 
ción de nuevos medios de comuni¬ 
cación dedicados a la divulgación, el 
diseño de un concurso nacional de 
textos de divulgación científica para 
docentes de ciencias, y la implemen- 
tación de campañas de publicidad 
de las ciencias , hasta la designación 
de 2008 como “Año de la Enseñan¬ 
za de las Ciencias”. 

Recomendación: Que las autoridades 
educativas generen iniciativas que 
aseguren la calidad de los libros de 
texto existentes en el sistema. 

Acción: Creación de un Comité de 
análisis y recomendación de textos. 

Recomendación: Que se promocio- 
nen las actividades que integren el 
trabajo en las escuelas de nivel pri¬ 
mario y secundario y el trabajo de 
los científicos. 

Acción: Organización de actividades 
como parte de la carrera del becario 
o del investigador. 

Recomendación: Que se promueva la 
realización de iniciativas extracurri- 
culares que logren atraer a los alum¬ 
nos hacia el mundo de las ciencias 
naturales y las matemáticas. 

Acción: Realización de Olimpíadas 
y Ferias de Ciencias; implementa- 
ción de acciones que promuevan a 
los museos de ciencias como ins¬ 
trumento; la organización de cam¬ 
pamentos, laboratorios y clubes de 
ciencias. 

Recomendación: Que se revisen y ac¬ 
tualicen permanente los contenidos 
y los métodos de enseñanza, así co¬ 
mo una adecuada carga horaria de 
las materias en cuestión. 

Acción: Creación de un observatorio 
de enseñanza de las ciencias natu¬ 
rales y las matemáticas, entre otras 
medidas. 


Teatroxlaldentidad 


Teatro Municipal, 

Brown y San Martín, Morón 
Tel.: 4483-1412/4489-7822 


LUNES 5, 19:30 HS. 

La grieta de Jorge Abolí, Lo perdido de 

Sergio Lobo , Plan reservado de Guillermo Hough. 


LUNES 12, 19:30 HS. 

Milagro de Roxana Arta!, Cenizas quedan 
siempre de Héctor Presa , Vic y Vic de Erika Halvors. 


Entrada libre y gratuita, Las localidades del teatro se retiran una hora antes de cada función. 


www.moron.gov.ar 


MUNICIPIO DE MORON 


M 




































10 


MU NOVIEMBRE 2007 


El maestro 
ignorante 


JACQUES RANCIÉRE 


Estos fragmentos son apenas un sobrevuelo del primer capítulo de 
este libro fascinante que, a partir de contar la experiencia del profe¬ 
sor Joseph Jacotot, se sumerge en el significado de enseñar y eman¬ 
cipar, dos palabras que no siempre van de la mano. 


El azar 


Enseñar y explicar 


n el año 1818, Joseph Jocotot, lector de 
literatura francesa en la Univesidad de 
Lo vaina, tuvo una aventura intelectual. 
Una carrera larga y accidentada lo tendría que 
haber puesto, a pesar de todo, lejos de las sor¬ 
presas: celebró sus 19 años en 1789. Por enton¬ 
ces, enseñaba retórica en Dijon y se preparaba 
para el oficio de abogado. En 1792 sirvió como 
artillero en el ejército de la República. Des¬ 
pués, enseñó análisis, ideología y lenguas anti¬ 
guas, matemáticas puras y derecho. En marzo 
de 1815, el aprecio de sus compatriotas lo con¬ 
virtió, a su pesar, en diputado. El regreso de los 
Borbones lo obligó al exilio y así obtuvo, de la 
generosidad del rey de los Países Bajos, un 
puesto de profesor a medio sueldo. Jacotot co¬ 
nocía las leyes de la hospitalidad y esperaba 
pasar días tranquilos en Lovaina. El azar deci¬ 
dió de otra manera. 


asta ese momento, Jacotot había creído 
lo que creían todos los profesores con¬ 
cienzudos: que la tarea del maestro es 
transmitir sus conocimientos a sus discípulos 
para elevarlos gradualmente hacia su propia 
ciencia. Sabía que no se trataba de atiborrar a 
los alumnos de conocimientos, ni de hacérce- 
los repetir como loros, pero sabía también que 
es necesario evitar esos caminos del azar don¬ 
de se pierden los espíritus incapaces de distin¬ 
guir lo esencial de lo accesorio y el principio 
de la consecuencia. En definitiva, sabía que en¬ 
señar era, al mismo tiempo, transmitir conoci¬ 
mientos y formar espíritus, conduciéndolos, se¬ 
gún un orden progresivo, de lo más simple a lo 
más complejo. 

El grano 



Lo común 

S us lecciones fueron rápidamente apre¬ 
ciadas por los estudiantes. Entre aque¬ 
llos que quisieron sacar provecho, un 
buen número ignoraba el francés. Jacotot, por 
su parte, ignoraba totalmente el holandés. No 
existía pues un punto de referencia lingüístico 
mediante el cual pudiera instruirles en lo que 
le pedían. Por eso hacía falta establecer, entre 
ellos y él, el lazo mínimo de una cosa común. 
En ese momento, se publicó en Bruselas una 
edición bilingüe de Telémaco. La cosa en co¬ 
mún estaba encontrada. 


Querer y poder 


J 


acotot hizo enviar el libro a los estu¬ 
diantes a través de un intérprete y 
les pidió que aprendieran el texto 
francés ayudándose de la traducción. A me¬ 
dida que fueron llegando a la mitad del pri¬ 
mer libro, les hizo repetir una y otra vez lo 
que habían aprendido y les dijo que se con¬ 
tentasen con leer el resto, al menos para po¬ 
derlo contar. Pidió a los estudiantes así pre¬ 
parados que escribiesen en francés lo que 
pensaban de todo lo que habían leído. Cuál 
no fue su sorpresa al descubrir que sus 
alumnos, entregados a sí mismos, habían re¬ 
alizado este difícil paso tan bien como lo 
habrían hecho muchos franceses. Entonces, 
¿no hace falta más que querer para poder? 
¿Eran pues todos los hombres virtualmente 
capaces de comprender lo que otros habían 
hecho y comprendido? 


A sí razonaban todos los profesores con¬ 
cienzudos. Y así razonó y actuó Jacotot 
en los treinta años de profesión. Pero 
ahora el grano de arena se había introducido 
por azar en la maquinaria. No había dado a 
sus alumnos ninguna explicación. No les había 
explicado ni la ortografía ni las conjugaciones. 
Ellos solos buscaron, ellos solos aprendieron. 
Entonces, ¿eran superfluas las explicaciones 
del maestro? O si no lo eran, ¿a quiénes y para 
qué eran entonces útiles esas explicaciones? 


Maestro y poder 


n el orden explicador hace falta general¬ 
mente una explicación oral para explicar 
la explicación escrita. Eso supone que 
los razonamientos están más claros, se graban 
mejor en el espíritu del alumno, cuando están di¬ 
rigidos por la palabra del maestro, la cual se disi- 


Un modo de intervención política 


Jacques Ranciére nació en 
Argelia, en 1940. Es profe¬ 
sor emérito de Filosofía y 
Estética de La Universidad 
de París y autor de intere¬ 
santes y provocadores en¬ 
sayos. El libro El maestro 
ignorante fue su forma de 
intervenir en el debate 
abierto en su momento 
en Francia en torno a la 
reforma educativa que 
impulsaban los seguido¬ 


res de Pierre Bourdieu, 
entre otros. “Hay una opo¬ 
sición entre aquellos que 
toman la igualdad como 
punto de partida, un prin¬ 
cipio para actualizar, y 
aquellos que la toman co¬ 
mo un objetivo a alcanzar 
mediante la transmisión 
del saber”. El libro fue 
traducido al español en 
2003 y poco después llegó 
a Argentina. 


pa en el instante, que cuando están inscritos en 
el libro con caracteres imborrables. ¿Cómo hay 
que entender este privilegio paradójico de la pa¬ 
labra sobre el escrito, del oído sobre la vista? 
¿Qué relación hay entonces entre el poder de la 
palabra y el poder del maestro? 

El incapaz 

L a revelación que se apoderó de Jacotot 
es la siguiente: es necesario invertir la ló¬ 
gica del sistema explicador. La explica¬ 
ción no es necesaria para remediar una incapaci¬ 
dad de comprensión. Todo lo contrario, esta 
incapacidad es la ficción que estructura la con¬ 
cepción explicadora del mundo. El explicador es 
el que necesita del incapaz y no al revés; es él el 
que constituye al incapaz como tal. 

Mito 

E xplicar alguna cosa a alguien es, pri¬ 
mero, demostrarle que no puede com¬ 
prenderla por sí mismo. Antes de ser 
el acto del pedagogo, la explicación es el mito 
de la pedagogía, la parábola de un mundo di¬ 
vidido en espíritus sabios y espíritus ignoran¬ 
tes, maduros e inmaduros, capaces e incapa¬ 
ces, inteligentes y estúpidos. 

La trampa 

L a trampa del explicador consiste en un 
doble gesto inaugural. Por un lado, es él 
quien decreta el comienzo absoluto: sólo 
ahora va a comenzar el acto de aprender. Por 
otro lado, sobre todas las cosas que deben apren¬ 
derse, es él quien lanza ese velo de la ignorancia 
que luego se encargará de levantar. Hasta que él 
llegó, el niño tanteó a ciegas, adivinando. Ahora 
es cuando va a aprender. Oía las palabras y las 
repetía. Ahora se trata de leer y no entenderá las 
palabras si no entiende las sílabas, las sílabas si 
no entiende las letras que ni el libro ni sus pa¬ 
dres podrían hacerle entender, tan sólo puede la 
palabra del maestro. 

Atontamiento 

1 mito pedagógico divide el mundo en 
dos. Pero es necesario decir más preci¬ 
samente que divide la inteligencia en 
dos. Lo que dice es que existe una inteligencia 
inferior y una inteligencia superior. La primera 
registra al azar las percepciones, retiene, inter¬ 
preta y repite empíricamente, en el estrecho 
círculo de las costumbres y de las necesidades. 
Ésa es la inteligencia del niño pequeño y del 
hombre de pueblo. La segunda conoce las co¬ 
sas a través de la razón, procede por método, 
de lo simple a lo complejo, de la parte al todo. 
Es ella la que permite al maestro transmitir 
sus conocimientos adaptándolos a las capaci¬ 
dades intelectuales del alumno y la que per¬ 
mite comprobar que el alumno ha comprendi¬ 
do bien lo que ha aprendido. Tal es el 
principio de la explicación. Tal será en adelan¬ 
te para Jacotot el principio del atontamiento. 

Comprender 

E xpulsemos de nuestra mente las imáge¬ 
nes conocidas. El atontador no es el viejo 
maestro obtuso que llena la cabeza de 
sus alumnos de conocimientos indigestos, ni el 
ser maléfico que utiliza la doble verdad para ga¬ 
rantizar su poder y el orden social. Al contrario, 
el maestro atontador es tanto más eficaz cuanto 
es más sabio, más educado y tiene más buena 
fe. Cuanto más sabio es, más evidente le parece 
la distancia entre su saber y la ignorancia de los 
ignorantes. Cuanto más educado está, más evi¬ 
dente le parece la diferencia que existe entre tan¬ 
tear a ciegas y buscar con método. La preocupa¬ 
ción del pedagogo educado es: ¿comprende el 

































NOVIEMBRE 2007 MU 


11 


pequeño? No comprende. Yo encontraré nuevos 
modos de explicarle, más rigurosos en su princi¬ 
pio, más atractivos en su forma. Y comprobaré 
que comprendió. Desgraciadamente, es justa¬ 
mente esa pequeña palabra, esa consigna de los 
educados -comprender- la que produce todo el 
mal. Es la que frena el movimiento de la razón, 
la que destruye su confianza en sí misma. 


Igualdad 


sí funciona el mundo de los explicado- 
res explicados. Así tendría que haber si¬ 
do también para el profesor Jacotot si el 
azar no lo hubiera puesto en presencia de un 
hecho. Sin pensar en ello, les había hecho des¬ 
cubrir a sus alumnos aquello que él descubría 
con ellos: todas las inteligencias son de la mis¬ 
ma naturaleza. Comprender sólo es traducir, es 
decir, proporcionar el equivalente de un texto 
pero no su razón. No hay nada detrás de la pᬠ
gina escrita, nada de doble fondo que requiera 
el trabajo de una inteligencia otra, la del explica- 
don Existe atontamiento allí donde una inteli¬ 
gencia está subordinada a otra inteligencia. El 
hombre -y el niño en particular- puede necesi¬ 
tar un maestro cuando su voluntad no es lo bas¬ 
tante fuerte para ponerlo y mantenerlo en su 
trayecto. Pero esta sujeción es puramente de vo¬ 
luntad a voluntad. En el acto de enseñar y 
aprender hay dos voluntades y dos inteligen¬ 
cias. Se llamará atontamiento a su coincidencia. 
En la situación experimental creada por Jacotot, 


el alumno estaba vinculado a una voluntad -la 
de Jacotot- y a una inteligencia -la del libro- en¬ 
teramente distintas. Se llamará emancipación a 
la diferencia conocida y mantenida de las dos 
relaciones, al acto de una inteligencia que sólo 
obedece a sí misma, aunque la voluntad obe¬ 
dezca a otra voluntad. La práctica de los pedago¬ 
gos se sustenta sobre la oposición entre la cien¬ 
cia y la ignorancia. Los pedagogos se distinguen 
por los medios elegidos para convertir en sabio 
al ignorante: métodos duros o blandos, tradicio¬ 
nales o modernos, pasivos o activos, de los cua¬ 
les se puede comparar el rendimiento. La con¬ 
frontación de métodos supone un acuerdo 
mínimo sobre los fines del acto pedagógico: 
transmitir los conocimientos del maestro al 
alumno. Ahora bien: Jacotot no había transmiti¬ 
do nada. No había utilizado ningún método. El 
método era puramente el del alumno. 


Método 


J 


acotot se dedicó a variar las experien¬ 
cias para repetir, intencionalmente, lo 
que la casualidad había producido una 
vez. Se puso a enseñar dos materias en las cua¬ 
les su incompetencia era probada; la pintura y 
el piano. Los estudiantes de derecho le pidieron 
que tomara una cátedra vacante, pero la Uni¬ 
versidad de Lovaina ya se inquietaba por este 
profesor extravagante por quien los alumnos 
abandonaban los cursos magistrales por ir a 
apretujarse por la noche en una sala demasia¬ 


do pequeña, con tan sólo la luz de dos velas, 
para oírle decir: “Es necesario que les enseñe 
que no tengo nada que enseñarles”. Por consi¬ 
guiente, la autoridad universitaria respondió 
que solo podía enseñar las materias cuyo título 
habilitaba. Entonces, en lugar de hacer en fran¬ 
cés el curso de derecho, enseñó a los estudian¬ 
tes a pleitear en holandés. Y pleitearon muy 
bien, pero él seguía ignorando el holandés. 

Maestro 


M 


aestro es el que encierra a una inteli¬ 
gencia en un círculo arbitrario de don¬ 
de sólo saldrá cuando se haga necesa¬ 
rio para ella misma. Para emancipar al 
ignorante, es necesario y suficiente con estar 
uno mismo emancipado, es decir, con ser cons¬ 
ciente del verdadero poder del espíritu huma¬ 
no. El ignorante aprenderá sólo lo que el maes¬ 
tro ignora si el maestro cree que puede y si le 
obliga a actualizar su capacidad: círculo de la 
potencia homólogo a ese círculo de la impo¬ 
tencia que une al alumno con el explicador. 

No existe hombre alguno en esta tierra que no 
haya aprendido alguna cosa por sí mismo y 
sin maestro explicador. Quien enseña sin 
emancipar atonta. Y quien emancipa no ha de 
preocuparse de lo que el emancipado debe 
aprender. Sabrá que puede aprender porque la 
misma inteligencia actúa en todas las produc¬ 
ciones humanas, que un hombre siempre pue¬ 
de comprender la palabra de otro hombre. 


SI MANEJAS SIN CINTURÓN, 
SI VAS ALCOHOLIZADO, 

Y ADEMÁS NO RESPETÁS 
LAS VELOCIDADES MÁXIMAS, 
ES UN MILAGRO QUE ESTÉS 
LEYENDO ESTE AVISO. 


USÁ CINTURÓN - NO MANEJES ALCOHOLIZADO - NO EXCEDAS LOS LÍMITES DE VELOCIDAD. 



Gobierno de la 

Provincia 

de Buenos Aires 


TRABAJAMOS POR UNA PROVINCIA 
GRANDE COMO UN PAÍS 

Gobernador Felipe Solé 
















12 


MU NOVIEMBRE 2007 


Aprender 
a sobrevivir 


GRACIELA DALEO 


En el 77 la secuestraron en la esma durante un 
año y medio. Ya en democracia, estuvo presa. 
Rechazó el indulto de Menem y estuvo prófuga. 
Hasta que la historia puso las cosas en su lugar 
y se convirtió en una de las testigos clave para 
que se juzgue a los represores. Sobre lo que 
aprendió en este camino sintetiza: “Perder, resis¬ 
tir y algunas veces, ganar”. 



n su departamento de Alma¬ 
gro hay un tapiz zapatista, de 
Chiapas, una imagen de Cor¬ 
to Maltés, una reproducción 
de Pedro Figari, el marco de 
una ventana que acaba de pintar de azul, 
e infinidad de libros. Hay lechuzas de 
adorno impecablemente ordenadas, mi¬ 
rándonos y espantando acaso la mala 
suerte y las historias de terror, hay discos 
de vinilo, y en una pared se ve una ora¬ 
ción del sacerdote Carlos Mugica llamada 
Meditación en la villa. Graciela lo conoció. 
Mugica le pide perdón a Dios, entre otras 
cosas, por haberse acostumbrado “a ver 
que los chicos que parecen tener ocho 
años tengan trece”. Hay luz de sol que se¬ 
ca la pintura azul, y hay café negro que 
Graciela ha preparado como para calentar 
el alma y empezar a hablar. 

Hace pocos días tuvo que sentarse una 
vez más frente a la justicia para declarar 
en el juicio contra el represor Héctor Fe- 
bres, la primera causa que soltó el laberin¬ 
to judicial para comenzar a condenar a 
quienes fueron los responsables de con¬ 
vertir la esma en un campo de concentra¬ 
ción. Graciela fue una de las testigos. En 
realidad viene siendo testigo desde hace 
tiempo, desde que vivió para retratar a 
una organización criminal compuesta por 
el Estado e institucionalizada clandestina¬ 
mente (no se trata de una paradoja idio- 
mática), dedicada a imponer en el país la 
tortura, el silencio y la muerte. 

Graciela Daleo comenzó su militancia 
política en los 6o y hace ya 30 años, el 18 
de octubre de 1977 se convirtió en una de 
las miles de personas desaparecidas en 
Argentina. Los marinos decidieron inten¬ 
tar “recuperarla” (o convertirla en eso que 
ella llamó mejor “mano de obra esclava”) 
y tras un año y medio de detención clan¬ 
destina decidieron también “liberarla”, 
momento a partir del cual Graciela dedicó 
cada segundo de su vida a denunciar las 
aberraciones y los crímenes de la dictadu¬ 
ra. La persecución siguió en plena demo¬ 
cracia, ya entonces por la vía judicial: en 
el año 88 estuvo detenida, y en 1989 Car¬ 
los Menem la indultó en dos causas, junto 
a militantes populares y jefes militares. 
Graciela fue la única que rechazó judicial¬ 
mente tal indulto. A veces el coraje es una 
elección solitaria. 

Se fugó al Uruguay y finalmente pudo 
volver cuando ya la acción judicial dejó de 
tener viabilidad. Graciela hoy coordina la 
Cátedra Libre de Derechos Humanos de la 
Facultad de Filosofía y Letras, participa del 
programa radial Cuentas Pendientes en la 
fm Bajo Flores, trabaja como correctora, y 
ejerce un oficio tal vez desusado: la cohe¬ 
rencia. Por eso Graciela refleja todo un esti¬ 
lo de pensamiento y forma de plantarse 
frente a la realidad ante el cual se puede de¬ 
batir, pero no ser indiferente. 

Una de las cosas que aprendíen estos 
años -dice- es a no caer en la tentación 
de contabilizar solamente las derrotas, 
y tampoco endulzarme con las victo¬ 
rias. Creo que es necesario que seamos 
capaces de reflexionar sobre nuestras 
experiencias, y compartir estas reflexio¬ 
nes con las generaciones más jóvenes. 
¿Por ejemplo? 

nocer que tuvimos una derrota no 

pueblos se recomponen. Me gusta una 
novela de Andrés Rivera, La revolución 
es un sueño eterno que habla del “per¬ 
petuo aprendizaje de los revoluciona¬ 
rios: perder y resistir, y no confundir lo 
real con la verdad.” Yo lo que agrego es: 
perder, resistir, y algunas veces ganar. 
Lo que pasa es que ninguna victoria es 
definitiva y, en ese sentido, no te tenés 
que quedar nunca tranquilo, si no la lu¬ 
cha no vale para nada. 

No entiendo. 

Creo que siempre nos tenemos que sen¬ 
tir insatisfechos con lo que se logra, pe¬ 



ro esa insatisfacción no tiene que impli¬ 
car la frustración absoluta, que conclu¬ 
ya en que ninguna lucha vale, que solo 
sirve la victoria total de hoy para maña¬ 
na. Para mí 

la ad. ■iai^isáife^feil>Ích^^i 3 

mostramos que ellos no son omnipo¬ 

tentes, que es lo que instalaron durante 
la dictadura, y se reforzó con las leyes 
de Punto Final y Obediencia Debida y 
los indultos. Parecía que ya no se podía 
hacer más nada, que a los poderosos no 
tenés cómo tocarlos. Cuando logramos 
la anulación de esas leyes, hubo quie¬ 
nes en 2003 plantearon: “Claro, ahora 
se los puede juzgar porque son unos 
viejitos que no joden a nadie”. Yo creo 
que ni desde la perspectiva material 
concreta ni desde la perspectiva simbó¬ 
lica hay que devaluar esta victoria. Una, 
que no son “viejitos”. Y en todo caso no 
me importa la edad de Etchecolatz, por 
poner un referente simbólico que mues¬ 
tra que sí les importa a los poderosos 
que llegue la sanción jurídica, porque 
vemos la respuesta... 

¿Julio López? 

Julio López y la infinidad de cosas que 
han venido pasando a lo largo de los 
años. Porque la desaparición de Julio 
es hoy lo más extremo. Pero no lo pri¬ 
mero: en este país hubo sublevaciones 
militares para que no los castigaran ni 
los juzgaran, en los años 87, 88 y 90. Por 
eso creo que lo valioso es que rompi¬ 
mos colectivamente la idea de que la 
impunidad es intocable. ¿Nos falta? Sí, 
muchísimo. Pero es importante afir¬ 
marnos en esta victoria, porque lo que 
se demuestra es que hay que pelear pa¬ 
ra conseguir las cosas. 


Causas y efectos 



n esta lógica de victoria/derrota, 
Graciela vuelve a moderar el entu¬ 
siasmo: 


También hay que decir que no todas las 
luchas justas culminan en victorias. No 
hay garantías. Pero también digo que pa¬ 
ra alcanzar victorias hay que pelear. Si se 
hubiera bajado los brazos en los 90, con 
la última camada de indultos, no estarí¬ 
amos donde estamos hoy. Ahora, eso 
tampoco significa que haya terminado 
el accionar criminal de la policía que 
mata a los pibes, ni su impunidad. 
¿Cómo se puede analizar el futuro de los jui¬ 
cios relacionados con derechos humanos? 

Yo propongo no hablar de “juicios rela¬ 
cionados con derechos humanos” por¬ 
que en ese caso contribuimos a encajo¬ 
nar los derechos humanos sólo en lo 
que pasó durante la dictadura militar. 
Digamos que son juicios contra los re¬ 
presores de la dictadura cívico-militar, a 
los que ahora se agregan los vinculados 
a los crímenes de la Triple A. Hay cien¬ 
tos de causas, y muchas se abrieron al 
anularse la Obediencia Debida y el 
Punto Final. Lo que se viene, o se va a 
mantener, es el desarrollo de estos pro¬ 
cesamientos con distinta suerte. Digo 
con distinta suerte porque el derecho es 
un terreno de lucha política, no es algo 
que está establecido como las leyes 
matemáticas eternas. Conviene recor¬ 
dar que no estamos todavía en la ins¬ 
tancia oral en varios juicios, porque 
hay infinidad de manganetas jurídicas 
que hacen los defensores de los milita¬ 
res y terminan llegando al tribunal de 
Casación, que cajonea los expedientes. 
¿Qué es lo que puede ocurrir, por ejemplo, 
con la causa ESMA? 

En estos días se está llevando a cabo el 
juicio oral contra uno de los represores, 
Héctor Febres, por cuatro casos. Uno di¬ 
ce: ¡con todo lo que este tipo tiene enci¬ 
ma, y sólo por cuatro casos! Pero los es¬ 
tadios procesales están en distinto punto 
y esos cuatro casos serán juzgados. Es 
como pasó con Etchecolatz, se lo conde- 



































NOVIEMBRE 2007 MU 


13 


nó por seis casos, de los cientos y cien¬ 
tos de denuncias que hay contra él. El la¬ 
do bueno es que el represor va a juicio y 
va a ser condenado. Lo problemático es 
que es sólo por cuatro casos, auque des¬ 
pués vaya a juicio por más, y eso exige 
un esfuerzo jurídico y político muy gran¬ 
de, que los testigos tengan que ir a decla¬ 
rar tantas veces, y poner todo esto sobre 
la mesa. Con lo que implica, además, 
porque tanta exposición provoca miedo 
después del secuestro de Julio López. 

¿Y cómo se vence el miedo? 

Pensando que esto no es algo que se di¬ 
rime entre familiares, organismos de 
derechos humanos, abogados, fiscales 
sobrevivientes y represores. Esto se di¬ 
rime en el terreno de la lucha popular 
que tiene una expresión en el campo 
jurídico. Por eso creo que es alentador 
que haya tantos a los que les interese 
saber qué está pasando con los juicios. 
Siento que son muchos más que en 
etapas pasadas. 

¿En qué se nota? 

En que se entiende cada vez mejor que 
la historia no empezó el 24 de marzo de 
1976, sino que hubo un proceso político 
del pueblo en el cual la dictadura no fue 
lo único. Hubo muchas etapas diferen¬ 
tes. Cuando volví del exilio en 1984 yo 
decía que ésta era una sociedad que se 
había quedado sin preguntas. Pienso 
que recién en los 90 se empezó a recu¬ 
perar la capacidad de preguntarse, de 
cuestionar, y coincide con la etapa en 
que aparece h.i.j.o.s (la organización 
que reúne a hijos de desaparecidos). Ahí 
estaban los hijos de la generación de los 
70, empezando a preguntarse cosas. 

¿Cómo se vive una etapa en La cual el gobier¬ 
no va a la ESMA y recibe a los sobrevivientes? 
Ésta es una situación realmente compli¬ 
cada de vivir. Hay posiciones polariza¬ 
das, y no me siento parte de ellas. No 
soy parte de los que piensan “éste es el 
gobierno de los hijos de las Madres”, 
porque su política concreta no es la que 
nosotros queríamos hacer. Hablamos de 
la generación de los militantes revolu¬ 
cionarios en su sentido más amplio. Es¬ 
to no es la patria socialista; el “capitalis¬ 
mo en serio” nunca fue una consigna de 
los militantes de los 70, que es un poco 
la caracterización que hace de sí mismo 
este gobierno. Pero tampoco formo par¬ 
te de la otra polarización que plantea 
que este gobierno es lo mismo que la 
dictadura, es lo mismo que Menem o es 
lo mismo que De la Rúa. Ni tampoco 
coincido con los que sostienen que este 
gobierno nos robó las banderas. Yo creo 
que este gobierno se vio obligado a ha¬ 
cer determinadas cosas. Sus motivacio¬ 
nes no me importan porque para hacer 
psicología voy a las sesiones de terapia, 
o lo charlo en una mesa de café. Sí sé 
que este gobierno, concretamente Kirch- 
ner, apoyó en el año 2003 que se plante¬ 
ara y se resolviera a favor la nulidad de 
las leyes de Punto Final y de Obediencia 
Debida. Que lo hicieran legisladores 
que durante años se negaron a reconsi- 



Graciela (centro) en los años de la mi- 
litancia. En su living hay una oración 
del padre Carlos Mujica, con quien tra¬ 
bajó en la villa de Retiro. Hoy es un de 
las principales testigos de La causa 
contra uno de los represores que ac¬ 
tuaron en la ESMA. 


derarlo por conveniencia 
del momento, seguramente. 

Pero creo que esto fue resul¬ 
tado de la lucha de nuestro 
pueblo. Para mí no es una 
dádiva de este gobierno, no 
me robó ninguna bandera. 

¿Qué significa eso en términos 
prácticos? 

Se reabrieron las causas, 
muy bien. Pero para que las 
causas avancen, se necesitan 
actores jurídicos, políticos y 
hasta el respaldo del Estado 
en términos presupuesta¬ 
rios. Cuando decís lo de ir a 
la esma, creo que Kirchner 
y su mujer nos acompaña¬ 
ron, pero los protagonistas 
fuimos nosotros, los sobre¬ 
vivientes, y creo que fue im¬ 
portante, que fue un hecho 
político importante. Si esto 
le sirve para el poroteo polí¬ 
tico a un grupo de militan¬ 
tes justicialistas, es porque 
minimizan el hecho. Creo 
que fue un hecho político 
importante para la lucha 
por la justicia, la memoria, 
la construcción de una mira¬ 
da de la lucha de un pueblo. 

Tanto como eso, pero tam¬ 
bién sólo eso. Ahí es que 
hay que evitar las polarizaciones. En una 
se confunden logros parciales con “la vic¬ 
toria total”, atribuyéndole a este Estado, a 
este gobierno, una política global que no 
tiene. Porque este gobierno no actúa 

do lo mismo y que son actos irrelevan- 

La importancia de reconocer las diferen¬ 
cias la pienso en relación a que cada mo¬ 
mento político exige estrategias políticas 
diferentes. Sé de organizaciones que se 
plantean como eje único si hay que ser 
oficialistas u opositores al gobierno. Pero 
eso no puede ser “la” definición de tu or¬ 
ganización. A veces digo: cono (eco del 
exilio español de Graciela), una victoria 
de nuestra lucha, una victoria que no fue 
total pero significó fisurar el muro de la 
impunidad, la terminamos transforman¬ 
do en una derrota, o porque le regalamos 
el paquete al gobierno o porque decimos 
“el gobierno nos afanó las banderas”. 
¿Cuál es La sensación de encontrar a compa¬ 
ñeros y militantes convertidos en funciona¬ 
rios estatales? 

Hay muchos que siguen siendo compa¬ 
ñeros míos, con los cuales tengo pro¬ 
fundas diferencias políticas, pero no 
son antagónicas. Situación muy distin¬ 
ta a la de los que se subieron al carro 
menemista en su momento, que los hu¬ 
bo, y con los que rompí. Hay algunos 
que están por cuestiones personales 
que no comparto, pero otros están por¬ 
que realmente piensan que pueden ha¬ 
cer algo. Y hay fuerzas políticas que 
apoyan a este gobierno porque caracte¬ 
rizan que ésta es una etapa de acumu¬ 
lación y construcción de poder popular 
para después avanzar y dar el salto ha¬ 
cia otras instancias. Qué sé yo: por ahí 
es una visión que puede estar empa¬ 
rentada a lo que era una visión nuestra 
en los 70. En la ancha vereda de la pa¬ 
tria peronista no todo el peronismo era 
revolucionario. Lo que me preocupa es 
pensar que esas fuerzas políticas en lu¬ 
gar de construir desde esa lógica: “esta¬ 
mos acá pero para ir más allá” y para 
forzar los límites, lo que hacen es 
acompañar al oficialismo. Eso es dejar 
que el ritmo te lo marque el Ejecutivo. 
Reconozco que no es fácil. El Estado co¬ 
mo institución es un elefante tremen¬ 
do. Tiene una lógica que apunta a para¬ 
lizar. Aun pensando en la gente más 
potable de este gobierno, los que quie¬ 
ren hacer algo más... se quedan solos. 


Hablamos de logros en ámbitos 
acotados. ¿No pueden ser vistos 
como parches, mientras en lo 
estructural no se toca nada? 

Pero esto no es novedoso, 
porque el reformismo ha sido 
eso. El problema es qué hace¬ 
mos nosotros con esa situa¬ 
ción, porque si no, nos encon¬ 
tramos con que la única 
posibilidad de cambio es que 
yo hoy me duermo en el capi¬ 
talismo y mañana me des¬ 
pierto en el socialismo. Creo 
que la paradoja existió siem¬ 
pre en la lucha por la justicia, 
por vivir con dignidad. Hay 
avances parciales. ¿Qué hacés 
vos con esos avances? Porque 
el poder seguro que se los va 
a querer morfar, pero todo 
depende de desde dónde leés 
vos las victorias. Creo que 
mientras siga existiendo el 
mundo la historia va a ser así: 
avanzar, perder, arrancar en la 
lucha, consolidar lo logrado y 
seguir yendo más allá. Algu¬ 
nos de nosotros en broma de¬ 
cimos: “ganamos, perdemos, 
siempre perdemos”, uno se 
burla un poco de sí mismo. 
Cualquier cosa que vos hagas, 
otro se la puede apoderar, dar 
vuelta y ponerla contra vos. El tema es 
dónde te parás, y si vos decís: llegamos, 
y ya no tengo nada que hacer. Pero no 
es sólo “subjetivo”, y mucho menos in¬ 
dividual. Es colectivo, uno no piensa ni 
actúa solo, ni por sí solo. 

Causas y efectos 

G raciela cree, frente a los problemas 
presentes, que “era mucho más 
tranquilizador moverse en un ámbi¬ 
to de verdades y certezas cerradas. Pensar 
en términos dilemáticos, no problemáticos”. 

mo autocrítica que moverse en ese ám¬ 

bito de tantas certezas hacía que uno se 

creo que esas certezas permitieron ir 

nor- 

que uno debe hacerse preguntas para 
buscar respuestas y actuar, y volver a 
preguntarse. Por un lado eso era más 
tranquilizador. Para el hoy me lo cues¬ 
tiono, no me alcanza. Pero claro: en ese 
entonces teníamos un capital impor¬ 
tante: un proyecto, una estrategia, un 
camino en función de ese proyecto. 
Siento que ese proyecto sufrió una de¬ 
rrota. Lo que no desaparece es el objeti¬ 
vo de justicia y el capital de valores. Y 
el de seguir pensando. 

Después de haber estado detenida desapare¬ 
cida, presa, exiliada, ¿qué es la Libertad? 

Si me preguntás si yo siempre me sien¬ 
to libre te diría que no. Después de ha¬ 
ber salido de la esma creo que empecé 
a sentirme libre cuando públicamente 
pude testimoniar ante alguien y pude 
dar algún paso para cuestionar lo que 
estaba pasando en Argentina. ¿Cuándo 
pierdo esa libertad? Siento que me 
vuelven al estado de prisión cada vez 
que me interpelan con “¿Y vos por qué 
estas viva? Si estás viva por algo será”. 
Esa pregunta, cuando está hecha como 
acusación, me devuelve al cautiverio. 
Creo que la libertad es una construc¬ 
ción, no es sólo no estar preso. Creo 
que la libertad es poder saltar sobre los 
propios límites y avanzar un poco más. 
¿Y cuando no es una acusación sino una ver¬ 
dadera pregunta? 

Si hay alguien que se hizo esa pregunta 
primero fuimos nosotros mismos. La 
pregunta era: ¿por qué no me matan?, 
¿por qué yo vivo y a otro compañero se 
lo llevaron? Es la pregunta que se hace 
el que va sobreviviendo, ni siquiera digo 
“sobreviviente”, el que va sobrevivien¬ 


El prefecto Héctor Febres, 
uno de los represores 
que manejaba la situa¬ 
ción de las embarazadas 
en la ESMA, y por lo tanto 
de los bebés desapareci¬ 
dos, comenzó a ser juz¬ 
gado el 18 de octubre, 
aunque no por ese delito 
sino por cuatro casos de 
secuestro y tortura. 
“¿Tiene apodos o alias?”, 
le preguntó el primer día 
de audiencia el presiden¬ 
te del Tribunal Oral 5, 
Guillermo Gordo. 

“No”, mintió sin sonrojar¬ 
se el hombre que durante 
las sesiones de tortura se 
hacía llamar El Gordo Da¬ 
niel, Orlando o Selva. 

Más de 40 hombres y 
mujeres están dando tes¬ 
timonio de sus vejaciones 
en las audiencias públi¬ 
cas que se llevan a cabo 
en los tribunales de Co¬ 
modoro Py y que pueden 
presenciarse. 

La crónica de lo que allí 
sucede puede leerse en 
www.lavaca.org 
Para más info: 
www.juicioalaesma.org 


do dentro del campo. Y se la hace desde 
un lugar de cuestionamiento y culpa. 
Me tranquilizó mucho leer a Bruno Bet- 
telheim, a Primo Levi, a Jorge Semprún. 
Me acercó a la elaboración del “por qué 
estamos vivos” haber integrado la Aso¬ 
ciación de Ex Detenidos-Desaparecidos 
durante varios años. Comprender, en¬ 
tonces, que el diseño represivo incluía 
que quedara gente viva. Entender que 
mucha gente se lo pregunte, como yo 
también le habría preguntado a un so¬ 
breviviente de Auschwitz: ¿cómo no te 
moriste, cómo no te mataron? 

Y en esos casos, ¿cómo es la respuesta? 

Fue una pregunta muy angustiosa, me la 
hacía ahí adentro, porque además yo es¬ 
taba convencida de que nos iban a ma¬ 
tar a todos. Hubo distintos momentos 
para esa respuesta. Cuando salí en liber¬ 
tad, junto a otros compañeros, atribuía¬ 
mos nuestra sobrevida y puesta en liber¬ 
tad a las particularidades de la esma. 
Después, al encontrarme con sobrevi¬ 
vientes de otros campos, en conjunto 
fuimos entendiendo y dándonos cuenta 
de las razones. De toda gran masacre hu¬ 
bo sobrevivientes. Viendo eso, Uegpnos 
a entender que quedamos vivos como 
parte de la voluntad de los represores 

«aaj«i8Eg[Bg^ 

plicadores del horror. Y no lo lograron. 

Hablábamos de libertad como saltar sobre 
Los propios Límites. ¿Cómo se produce eso en 
Lo cotidiano? 

Siempre siento que hago mucho menos 
de lo que debiera y de lo que tengo po¬ 
sibilidades de hacer. 

Dura con vos misma. 

Pero también te reconozco que hay mo¬ 
mentos en que, hablando desde lo indi¬ 
vidual, siento una profunda alegría con 
algunas de las cosas que logré hacer. 
Para decirlo con un ejemplo: uno de los 
momentos de mayor libertad real lo vi¬ 
ví cuando le puse la firma al rechazo 
del indulto. Fue uno de los ejercicios 
más libres que pude realizar. 

Tal vez ésa sea la clave, y Graciela siempre 
está firmando, de distintos modos, su re¬ 
chazo a los indultos que buscan la impu¬ 
nidad, el silencio, la parálisis y el olvido. 



Fotografías de la 
Cooperativa Sub 




Conseguí el libro en 

www.sub.coop 

www.lavaca.org 


































La emoción y Los gritos ante Los conjuntos de cumbia, va Literalmente de Ushuaia a La 
Quiaca, y sigue viaje a Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay y empieza a llegar a España, 
motorizada por la inmigración boliviana y argentina. Las canciones se hacen célebres 
a través de circuitos totalmente ajenos a Los grandes diarios, canales y radios: La refe¬ 


rencia son Las FM de cumbia y Los CD truchos. El público coincide exactamente con Los 
sectores jóvenes, pobres y discriminados. El “agite” cumbiero se burla de Los “Chetos” 
y los “narices respingadas”, y cada noche de fin de semana implica, para conjuntos 
como Agrupación Marilyn, un raid bonaerense de no menos de ocho shows. 


La Agrupación Marilyn representa La mutación de los conjuntos “villeros” a Los forma- época. EL grupo tiene ocho integrantes, promedio 20 años, todos trabajaron desde chi- 


dos por hijos de la clase trabajadora y media baja. También cambió el estilo (más me- eos. Juan, el cantante, lavaba autos en el Paseo ALcorta y en el Village Pilar. Los demás 


Lódico) y el contenido de Las Letras, aportadas por Lechuga. Se hizo testimonial: cróni- eran albañiles y vendedores ambulantes. Hoy ganan unos 2.000 pesos promedio por 


cas de Los abusos y violaciones a los que pueden ser sometidas las chicas de esta semana. Sobre la discriminación: “Seremos negros de piel, pero no de la cabeza”. 



SUB.COOP 













NOVIEMBRE 2007 MU 


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Trópico de Marilyn 


LA CUMBIA QUE ES PASIÓN DE MULTITUDES 


El hit del año se llama Su florcita y marca un cambio: la cumbia villera mutó en cumbia testimonial, aunque 
sigue siendo la mejor crónica de época. La Agrupación Marylin grabó el tema que compuso Lechuga, el nuevo 
socio del manager de Rodrigo. Un trío que revela cómo funciona esta máquina cuya clave es su público. 


La droga mata de frente, la yu¬ 
ta por la espalda”. La frase es¬ 
tá picada con una navaja so¬ 
bre una pared del garaje 
techado del teatro de Avella¬ 
neda desde donde se transmite Pasión de 
sábado, programa de cumbia por televi¬ 
sión. El garaje es la entrada para decenas 
de grupos que se presentan allí para tener 
sus 15 minutos de fama, y quién sabe qué 
después. Andan con sus instrumentos y 
su estirpe. Algunos rapados a los costados 
y el pelo tipo comanche teñido, zapatillo- 
nes de 500 pesos que les hacen pies de di- 
bujito animado. Relojes blancos de malla 
amplia para que bailoteen en sus antebra¬ 
zos. Tatuajes de Jesús, dragones, el Che, 
corazones sangrantes, serpientes. Gorras 
tipo béisbol, ropa de un tamaño desmesu¬ 
rado: remeras que les llegan a las rodillas, 
bermudas anchas que llegan a los tobillos. 
Es atuendo de rapero: los negros utilizaron 
esa indumentaria en Estados Unidos -di¬ 
cen- como un modo simbólico de ocupar 
más espacio, de ser más llamativos y, so¬ 
bre todo, más visibles. En el garaje hay au¬ 
tos no muy nuevos y en la puerta estacio¬ 
nan las camionestas que luego llevan a los 
conjuntos a recorrer la provincia de Bue¬ 
nos Aires en noches seriales de shows de 
20 minutos, cada uno de los cuales deja 
unos 3.000 pesos promedio al productor, 
según el caso. 

De alguna parte sale un señor macizo, 
con el pelo teñido y el ceño irritado, que le 
grita a alguien: “¿Dónde dejaron la merca? 
Aquél no la tiene”. El aludido, un mucha¬ 
cho sentado sobre un capó, sacude los 
hombros desentendiéndose. Nadie le 
presta atención al macizo señor que se va 
otra vez por el agujero de donde vino. El 
control de la entrada se ríe: “No se puede 
creer, andan a los gritos buscando la falo- 
pa” dice, mientras impide que una chiqui¬ 
ta de belleza criminal se cuele por el gara¬ 
je. Le pregunto al guardia qué tal es el 
ambiente. “Hay buenos pibes, gente de la- 
buro. También hay mucho tipo que agarró 
guita, tiene zapatillas con 50 resortes, y se 
la cree. Digamos: mucho culo roto”. 

Llegué a este garaje a partir de una cu¬ 
riosidad: ¿cuál es el principal conjunto de 
la actualidad, el más escuchado? ¿Cuál es 
la música que mejor describe, como cróni¬ 
ca social, lo que está pasando? 

Cuando en Bajo Flores unos chicos de 
la escuela contestaron “Agrupación Ma¬ 
rilyn”, percibieron mi ignorancia, se apia¬ 
daron, y me hicieron escuchar Su Florcita. 
Luego me enseñaron lo mismo en escue¬ 
las de Famatina, clubes de Paraná, en Tu- 
cumán, la Villa 31, Santa Fe, La Matanza, 
Chaco, Balvanera, Mendoza, San Luis, La- 
nús, y la familia boliviana a cargo de la 
verdulería de un supermercado chino de 
Almagro. Agrupación Marilyn podía ser 
una secta evangelista, un tributo nostálgi¬ 
co a la Monroe, o algún grupo político in¬ 
descifrable (si es que hay alguno que no lo 
sea). Jamás había oído nombrar al grupo 
más fuerte del país, según opiniones tan 
diversas. Eso pasa por consumir medios 
contrainformativos como Clarín, La Na¬ 
ción y cosas por el estilo. 

Ando con un libro de detectives en el 
que un tal Marlowe saca la nariz de su 
frasco -su oficina- para recorrer un mun¬ 


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do florecido de muerte, traiciones, cinis¬ 
mos y también de personas que tratan de 
salir de las trampas que la vida les ha ten¬ 
dido. Comparado con esta recorrida, lo de 
Marlowe es animación de fiestitas infanti¬ 
les. Ésta es una invitación a todos los que 
viniendo de un estado tan inculto como el 
mío, quieran al menos vislumbrar algo de 
lo que nos rodea fuera del frasco. 


Rodrigo, Walter y los contratos 


onseguí su teléfono a través de 
una páginas web, no recuerdo si 
fue Mueva Mueva, Ciudad Tropi¬ 
cal o Negros Cumbieros. José Luis Gozalo 
es el dueño de Vikingo Producciones. Es 
descortés hacer bromas con los apellidos, 
pero hay que reconocer que el de este 
hombre podría ser un estribillo de cum¬ 
bia. Gozalo ( Pepe o El Gallego ) es un xl: 
mide 1,90, debe andar al menos por los 
130 kilos, tiene 57 años, el cabello rubio te¬ 
ñido, me recibe en bermudas y ojotas. 

La oficina de Lavalle al 1600 tiene un 
plasma grande como una ventana. Hay 
decenas de fotos de Rodrigo y una más en 
la que el entonces joven Gozalo está visi¬ 
tando en Madrid a Juan Domingo Perón. 

Gozalo fue productor del cordobés 
cuartetero Rodrigo Bueno, fallecido en un 
accidente automovilístico en el año 
2000, cuando iba de una bailanta a otra. 
El productor consiguió ser uno de los 
acusados de haberse quedado con los 
beneficios gruesos del éxito de Rodrigo 
durante los diez años que lo tuvo bajo su 
órbita. En el clásico contrabando de ru¬ 
mores fascinantes ante la muerte de un 
ídolo, se decía que Rodrigo en realidad 
quería desembarazarse de su productor 
justo antes de su muerte. 

Gozalo enciende un cigarrillo, mira la 
brasa, e informa mirando fijo: “Cualquier 
verdura. Me acusaban de chuparle la san¬ 
gre a Rodrigo, y me mataron mediática¬ 
mente porque acá le pagás a Rial o a Ha¬ 
dad y dicen lo que vos quieras. La 
verdadera pelea la teníamos Rodrigo y yo 
contra los del sello Magenta (manejado 
por unos señores de apellido Kiroski) que 
no le liquidaban los discos. La madre de 
Rodrigo terminó del lado de ellos. Pero yo 
bajé el telón. Todo pasado. Me fundí y acá 
estoy, limpito. Pude empezar de nuevo pe¬ 
se a que me mataron”. 

Le pregunto por Walter Olmos, el cuarte¬ 
tero catamarqueño que se mató en el San 
Cristóbal Inn. “Jugaba a la ruleta rusa, le ti¬ 
ró a otro músico, no salió el tiro. Se la puso 
en la cabeza, se mató”. La máquina de ru¬ 
mores habló de drogas, borracheras, o de 
cosas tan horribles que lo mejor es olvidar¬ 
las. Walter tenía 20 años, había sido un chi¬ 
co de la calle, ladrón, huésped de reforma¬ 
torios, pero eso casi ni se mencionó. 

vean que cuando en cada esquina ellos se 

paran con su 4 x 4y se encuentran con los 

Pero las palabras de Walter llenas de auto¬ 
estima, fuerza y rebeldía, se hundieron en 


algún pantano de su alma. Es difícil imagi¬ 
nar qué clase de desquicio lo dominó. Go¬ 
zalo queda como flotando en la nube de 
su cigarrillo: “Una cosa así te mata. Tuve 
que salir a aclarar que no soy mufa”. 

Usted sabe, José Luis, que se suele decir que 
este ambiente está fisurado por la droga, la 
presión de trabajo, cerebros que estallan... 

Por lo menos en mi grupo no. Hay falo- 
pa en la cumbia como en todos lados. 
Pese a que dicen que soy falopero, na¬ 
da que ver, no me dedico a eso y jamás 
la probé. Y como me mataron los me¬ 
dios, menos que menos puedo estar en 
eso, de modo que yo quiero... productos 
de limpieza. 

Se queda pensando en estas última tres 
palabras. “Limpieza en el sentido de todo 
limpio y clarito. Acá se trabaja. ¿Hiciste un 
disco que es un gol? El segundo también 
tiene que ser un gol”. 

¿Pero existe eso del músico que queda 
preso del productor? Gozalo me instruye: 

co. ¿Tenés plata para invertir y lanzarte? Si 

no tenés, yo te doy un porcentaje, pero 

meno, empieza a facturar. Yo recupero y 

Lo llaman por teléfono, dicta una pa¬ 
tente y otra serie de datos. Me cuenta que 
compra coches chocados, los hace recons¬ 
truir y los vende: “Éste era un bmw que 
vale 80.000 dólares, lo compré a 25.000, 
lo arreglo y me gano 20.000”. 

Seguimos con la música. Reconoce que 
ostenta éxitos, pero también una enorme 
lista de fracasos: “Cuando pasa eso, llamo 
a los pibes, que tampoco los tengo acá ata¬ 
dos a una pata del escritorio. Chau, y a 
otra cosa. Rompemos el contrato. ¿Qué 
querés que te diga? Volvé a la fábrica”. 


Números cumbieros 

J osé Luis me ayuda a incursionar 
en la aritmética de la cumbia; Le¬ 
chuga (Santiago Torres, líder de La 
banda de Lechuga ) es uno de mis produc¬ 
tos. Hacía cumbia villera, y embocó al¬ 
gún tema exitoso. En un año habrá hecho 
50 shows”. 

Muchísimo... 

(Me mira como si me estuviese burlando ) 
No, no sirve para nada. El negocio 
nuestro es la venta de shows. Hay que 
hacer 5 ó 6 un viernes, 7 u 8 un sába¬ 
do, 4 ó 5 un domingo, algo más entre 
semana. O más: se puede llegar a 30 
shows en una semana. 

Me cuenta que cobran de 3.000 ó 4.000 
pesos por presentación. Cada show dura 
de 20 minutos a media hora, según el apu¬ 
ro. “Capaz que empezás una noche en La 
Plata y terminás en Luján haciendo ocho 
shows en el medio. Se arranca a la madru¬ 
gada, a las 2, hasta las 6 ó 7. Si el grupo tie¬ 
ne convocatoria la gente espera. Y si no, 
llegás y la gente ya se las tomó”. 


Gozalo calcula mirando al techo que 
cada uno de los ocho integrantes de Ma¬ 
rilyn se queda con unos 2.000 pesos pro¬ 
medio por semana, aunque Juan, el can¬ 
tante, lleva un poco más que el resto. 
“Además hay que pagar el alquiler de la 
camioneta, los equipos, los plomos, el 
manager” (que acompaña al conjunto). 
Tomando las cifras más moderadas, un 
fin de semana de 20 shows a 3.000 pe¬ 
sos dejan 60.000 pesos de los cuales 
16.000 van a parar al conjunto, el resto a 
gastos, y lo que quede a ganancias o lo 
que Gozalo prefiere llamar “recupera¬ 
ción de la inversión”. 

¿Qué es eso? Gozalo educa: “Mando el 
disquito a las radios de cumbia. Ya estás 
pagando, pero ves si el tema pica. Des¬ 
pués llevás al grupo a Pasión de sábado, 
pero eso también es pago. Mejor dejemos 
los números de lado” dice con cierta pi¬ 
cardía. Finalmente se anima: “Por inven¬ 
tar algo, ponele que invertís 50.000 pesos 
en un grupo, ¿de dónde lo recuperás? De 
los shows”. Me aclara que no hay ganan¬ 
cia fuerte de los discos, porque el reino 
del cd trucho lo impide. “Rodrigo vendía 
500.000 placas, pero hoy Marilyn no lle¬ 
ga a 50.000 porque cambió mucho el ne¬ 
gocio. Resumiendo: te miran por el pro¬ 
grama, y vos te quedás esperando que te 
llamen. Tengo una larga lista de inversio¬ 
nes y no me los llamaron ni para un 
show”. (Algo similar a las inversiones de 
Sobisch y De Narváez en las últimas elec¬ 
ciones). “En cambio Marilyn al mes ya es¬ 
taba trabajando en serio”. 


Cómo nace un hit 


cado a la muerte de una chica de de 12 
vuelve del colegio y aparece muerta en 
que matan a una niña tan pequeña? Sólo te¬ 


nía 12 años, toda una 


ir vivir”. Nadie 


imaginaba aún el impacto que tendría 

IBlilÉÉIIIM 

Lechuga se lo dio a su amigo Juan Riva- 
rola para grabarlo. Juan lavaba autos en Pi¬ 
lar Village y antes, en el shopping Paseo 
Alcorta. “Cántalo como sufriendo” le dijo 
Lechuga. Gozalo escuchó el demo y dijo: 
“Es gol”. Armaron entonces la Agrupación 
Marilyn, homenaje al nombre de la chi¬ 
quita muerta. 

El tema empezó a recorrer sus propios 
puentes de radios bailanteras para llegar a 
todo el país. “Ahí firmamos bien los pape- 
litos, porque si no, no se puede. Van a la te¬ 
le, se hacen famosos y se te vuelan. En tres 
programas ya estaban haciendo 20 shows 
por fin de semana” explica el productor, 
que mientras observaba la actuación tuvo 
la virtud de la paranoia: “Vi que los de los 
otros conjuntos los miraban y se me pren¬ 
dió la lamparita. Éstos nos van a copiar. Lo 
agarré a Lechuga y le dije: haceme seis te¬ 
mas iguales a Su Florcita, dame bola. Lo 
pensé así: ¿qué mejor que me copie yo 
mismo?”. Estaba naciendo la ola más re- 































































16 


MU NOVIEMBRE 2007 



cíente de la llamada cumbia testimonial. 
La pericia de Lechuga para componer can¬ 
ciones de un día para el otro fue compen¬ 
sada por Gozalo, que lo convirtió en su so¬ 
cio y anuncia: “Tiene un don de Dios”. 


Lecciones políticas 

L e pregunto por la foto con Perón. 
“Bueno, siempre fui peronista y fui 
con mi familia a visitarlo. Mis pa¬ 
dres eran españoles. Yo tenía 18 años”. Me 
cuenta que fue uno de los impulsores de 
la feria de La Salada, y terminó vendiendo 
el balneario Ocean de dicho lugar. Que 
fue duhaldista y “movía a la gente, lleva¬ 
ba, traía, pero me abrí porque vi a la polí¬ 
tica como algo muy sucio”. ¿Qué es lo su¬ 
cio? “Todos van por el queso, no les 
importa nada, ni siquiera la gente”. Me di¬ 
ce que la gente no es tonta, que prefiere ir 
con un puntero político por un sandwich 
“porque no tiene otros medios para mejo¬ 
rar. Pero este país se olvida de esa gente. 
En esa malaria, esta música es un modo 
de resistir y de disfrutar”. 

Para Gozalo el problema incluye la pa¬ 
labra racismo. “Hablando en criollo, para 
la Capital nosotros seguimos siendo ne¬ 
gros. Grasas. Después ves a un ejecutivo 
que escucha cumbia en el auto. O en las 
fiestas ponen cumbia para que haya algo 
alegre”. |Y qué representa ese público “ne- 

definición casi técnica: “Mirá, es la gente 

trabajo y consumo masivo. Sin ellos este 

país se muere”. 


Melodía de la cobardía 


asión de sábado se transmite du¬ 
rante cinco horas de la tarde. No 
se trata de desilusionar a nadie, 
pero las bandas no tocan (Marilyn fue la 
excepción), sino que hacen un play back 
con micrófonos abiertos, lo que permite 
que el cantante haga una especie de kara- 
oke en el mejor de los casos, y el anima¬ 
dor del grupo, con su propio micrófono, 
reclame el clásico “y arriba las palmas”. El 
público abarca unas 300 personas. 

Auspiciado por la cerveza Diosa Tropi¬ 
cal , es un programa ideal para los amantes 
de la cumbia, un tanto intransitable para 
quien no lo sea. Unas chicas bellísimas 
bailan detrás de los conjuntos, y detrás de 
ellas hay camarógrafos que parecen que¬ 
rer practicarles una biopsia ya se sabe 
donde. Cuando hay propagandas, las bai¬ 
larinas se tiran a descansar y dejan de ser 
muñecas sexy para convertirse en chicas 
agotadas, acaso más bellas aun, pero ine¬ 
xistentes para las cámaras. Apenas vuelve 
la luz, impostan sonrisas de dentífrico y se 
sacuden como en el caño, en una incita¬ 


ción a la masturbación masiva: nada aje¬ 
no al resto de la televisión abierta. 


El ritmo del ascenso social 


os chicos de Marilyn llegan con 

L “~| Ornar, el manager. Entran en el ga¬ 
raje. La indumentaria es la rapera, 
_l pero Juan me aclara que están por 
cambiar el estilo. “Vamos a usar sacos lar¬ 
gos, otra cosa más formal. No nos pega la 
ropa con las canciones”. 

Marilyn es un alejamiento de la cumbia 
villera hacia eso que se llama cumbia testi¬ 
monial, que a la vez tiene un estilo más pu¬ 
lido, más melódico y quizá, otro compo¬ 
nente social. Ejemplo: Club Atlético 
Chanchín canta un tema de esta época, El 
Celular, cuya estrofa más relevante reza: “Es¬ 
ta gilada no me deja ni garcar ”. Marilyn, con 
las letras de Lechuga, apunta en cambio a 
descripciones de historias y situaciones. Tal 
vez haya que pensar que a la cumbia le es¬ 
tá pasando como al fútbol, con el protago¬ 
nismo trasladándose desde lo estrictamente 
villero al terreno de la clase trabajadora, o 
incluso media. Juan me alecciona: “La cum¬ 
bia villera te habla de la calle, robar, fumar¬ 
te un porro, el vino, las putas, la tanga de tu 
hermana, tu tía y todas esas cosas. Es una 
realidad cruda, pero sincera. Nosotros tene¬ 
mos un ritmo copado, pegadizo, pero habla¬ 
mos de historias reales, que las puede escu¬ 
char cualquiera, hasta los chiquitos”. 

El padre de Juan y Sebastián Rivarola 
es artesano en cueros y la mamá es maso- 
terapeuta. “Bah, masajista, llego a casa y le 
digo: vieja, arréglame”. Juan (23 años, el 
veterano del grupo) trabajó desde los 16 
años. “Vendí miel, condimentos, fui alba¬ 
ñil, plomero, techista, vendí ropa y lavaba 
autos” cuenta. “En invierno era duro, a ve¬ 
ces lavando autos en el Village Pilar hasta 
las once de la noche, se te abrían los de¬ 
dos del frío”. Para acompañar el momento 
sintonizaba las radios cumbieras en los 
autos que lavaba. “Y un día escucho que 
pasan Su Florcita, y la gente llamaba pi¬ 
diéndola otra vez. Me puse re loco”. 

El Turco trabajaba en una textil, once 
horas por día. “Bastante jodido, pero es lo 
que hay”. Ninguno pidió limosna en la ca¬ 
lle, como Walter Olmos. El Gallo trabajó 
en carnicería y como albañil. También 
vendió plantas, trapos rejilla, tupper, ante¬ 
ojos. Changa y Gastón Gamarra (21 y 20) 
son los mayores de siete hermanos. Su pa¬ 
dre es obrero de la construcción y Changa, 
por ejemplo, lo acompañó desde los 11 
años. Tiene algunos mechones y parte de 
una ceja teñidos de rojo. “La mitad de lo 
que gano se lo dejo a mi viejo” cuenta. 
Juan aclara: “La música es un trabajo co¬ 
mo cualquiera, con pro y contras. Así co¬ 
mo me sangraban las manos lavando au¬ 
tos, con la música tenemos que estar 
viajando 24 horas y a nuestra familia no 
la vemos por un mes entero”. 

Confirman las cifras de Gozalo. En 
una noche de buen trabajo se pueden lle¬ 
var entre 700 pesos y 600. Negocio cash 
y fluido, se paga cuando termina el raid 
de presentaciones con un desayuno en el 
que cada uno recibe su parte. Diálogo 
con Juan: 


Entonces no es un trabajo como cualquiera... 

Bueno, te podés comprar ropa, tener 
una oportunidad de futuro. Lo raro es 
que se acerca mucha gente a hablarte. 
Me cuentan que mataron a sus hijos o 
violaron a sus nenas. La vez pasada en 
Jujuy estaba firmando autógrafos y una 
mujer borracha mal me contó que ha¬ 
bían matado al hijo la semana anterior. 
¿Y qué le decís en un caso así? 

Que sea fuerte, que tiene que salir ade¬ 
lante y no bajar los brazos porque si no, 
te comen los bichos. 


Otra chica les dejó una carta contándoles 
que la había violado el padrastro. Se la lle¬ 
varon a Lechuga Torres que compuso Qué 
cobarde: “Maldita la necesidad, cuando ma¬ 
má por las noches se va a trabajar, la deja 
con su papá que no es su papá. La niña reza 



eos van saliendo. 

Florencia, 15 años, me informa que un 
negro cumbiero acepta a un cheto, pero 
no a la inversa. Maira tiene también 15, es 
una pelirroja (real) de ojos celestes, pero 
se asume negra por ser cumbiera. Todas 
están estudiando porque “hasta para lavar 
pisos” les piden título secundario. Floren¬ 
cia dice que preferiría otro destino, y que 
puede parecer una locura, pero querría ser 
ayudante quirúrgica. Maira jugaba a ser 
abogada: “Pero ya sé que es casi imposi¬ 
ble”. La mayoría de sus amigos está traba¬ 
jando o buscando trabajo. A todas las ro¬ 
baron al menos una vez. 

Otro grupo. Jenny tiene 17 años y re¬ 
nunció a un negocio de accesorios para 
celulares en Banfield. “Te quieren tener 
agarrada, te dan 12 pesos por diez horas de 
trabajo”. José es el único que está estu¬ 
diando: “Para trabajar tenés que tener es¬ 
tudio”. ¿Te sirve la escuela? José se ríe. El 
padre es zapatero, él espera trabajar en un 
supermercado como repositor, o algo me¬ 
jor si se puede. 


que no entre otra vez como todas las noches. 
Le conté a mi mamá que usted me toca, pero 
no me quiso escuchar ”. La canción está de¬ 
dicada a todas las niñas abusadas. 

Gastón reconoce que tienen un proble¬ 
ma práctico: “La verdad es que las pibas 
se regalan mucho. A veces es muy duro”. 
Gallo está por ser papá. “Pero todavía no 
tengo un lugar para vivir en pareja, no me 
alcanza la plata”. Changa tiene una novia 
en Rosario. El Turco: “Yo iba a un boliche y 
una piba no me daba ni bola. Ahora me 
vio en Escombros y está recontra regalada. 
Te ven en la tele o en el escenario, y listo”. 

que la teoría maradoniana “billetera mata 

En la sociedad actual el lema es: “Fama 

Ninguno terminó la escuela. Todos reci¬ 
tan: “La escuela es importante”, pero reco¬ 
nocen que no la soportaron y tuvieron 
que salir a trabajar. Changa: “Yo hice la 
técnica, y ahí por lo menos aprendía cosas 
concretas. Eso me gustaba”. 


Drogas y negros 


Juan: 


1 clásico tema de las drogas y los 
descontroles choca con la sonrisa 
de estos chicos que dejan hablar a 
Hay falopa en la cumbia, en el ro- 


canrol, el jazz, el folclore. Pero a la cumbia 
la discriminan porque es música de barrio 
o de negro”. Juan me reconoce que fuman 
“cigarro a pleno” y toman un poco de cer¬ 
veza. “Pero ni siquiera cuando trabajamos. 
Mirá, si yo tomara merca tendría que an¬ 
dar con los ojos así de abiertos, las ojeras 
por acá, y la nariz moqueando, sin poder 
cantar ni el arroz con leche”. Me cuenta 
que hay gente que se droga por depresión, 
otra por hacerse ver, otra porque no les 
importa que les desaparezca el cerebro. 

¿Y la discriminación? “Nosotros pode¬ 
mos ser negros de piel, pero no de la cabe¬ 
za” me dice Juan (y que cada lector opine 
lo que prefiera sobre tal oración). Changa 
agrega: “A mí me han dicho negro de 
mierda los conchetos de mi edad, porque 
me gusta la cumbia. Es así: cada uno está 
en su mundo y no quiere al otro”. Uno de 
los grandes éxitos de Marilyn ha sido en 
Bolivia, y la posibilidad de viajar a España 
está abierta justamente por bolivianos y 
argentinos que constituyen allí una comu¬ 
nidad cumbiera que los productores no 
piensan despreciar. 


Fin del show 


n Pasión de sábado, una vez que 
termina el show, se apagan las lu¬ 
ces, los conductores dejan de gri¬ 
tar, las muñecas sexy huyen sin saludar, 
Marilyn se zambulle en la camioneta en la 
que iniciarán su gira nocturna. Y los chi- 


Déjalo ser 


M 


auro se asume como villero, habi¬ 
tante de Villa Sapito. No estudia y 
hace changas cortando césped. 
“Mi papá está en el municipio, capaz que 
yo puedo entrar”. Le gustaría jugar en In¬ 
dependiente, pero lo rechazaron. “Lo que 
no quiero es trabajar de piquetero. A mi 
papá le ofrecieron entrar con mis primos, 
pero no quiso”. ¿Qué significa trabajar de 
piquetero? “Te dan 150 pesos y hay que ir 
a las marchas al Centro. No sé qué grupo 
era, pero hay varios. Gente que va a mo¬ 
lestar y a cortar la calle al pedo”. Para 
Mauro es distinta la situación de vecinos 
que salen a reclamar lo suyo. “Ponele lo 
que veo de Gualeguaychú está bien, por¬ 
que les contaminan y pelean. Pero esto 
otro es un trabajito, ni sabés por qué lo 
hacés. Bah, la gente se gana su plata y su 
mercadería. Pero a mí no me gusta”. 


Los chicos aseguran que nunca vieron 

sima gente está viviendo en la calle”. Les 

y eso les causa mucha gracia. Mauro: “Vos 

sabés que mienten, no jodas. Los políticos 
solamente mienten. ¿Hay más trabajo? Ve- 
ní, mostrámelo y mostráselo a toda la 
gente, porque no se ve por ningún lado”. 

Ahí queda descripta otra de las trampas 
para los chicos del conurbano: ni conside¬ 
ran la escuela y la abandonan, o siguen 
buscando algún título para acceder a traba¬ 
jos que finalmente nadie les ofrece. ¿Y en¬ 
tonces? Raúl, 18 años, aferrado al manubrio 
de su bicicleta, me mira con una seriedad 
de otro mundo: “Te queda seguir buscando. 
Uno quiere vivir. Mi hermano de 15 no con¬ 
siguió laburo, se metió a robar y ahora se 
droga”. Raúl dice que se siente mal con eso, 
y empieza a abrir el relato. Su hermano ma¬ 
yor de 26, su hermana de 24 y su cuñado 
están en el mismo estado: robo y adicción. 
“Como que no pueden salir. Cartonean un 
poco. O van y roban una bici, le tiran un 
manotazo a alguien. A mí me robaron algu¬ 
na ropa”. ¿Y qué se hace ante esa situación? 
“Nada, porque les hablás y es al pedo”. 

Raúl, como tanta gente que me crucé 
en esta recorrida, no habla quejándose si¬ 
no describiéndose. Trabaja en una cerraje¬ 
ría con el abuelo. Es el único de los her¬ 
manos que tiene empleo, pero admite que 
si no fuese por el abuelo le resultaría im¬ 
posible encontrar trabajo. 

Le pido que me diga cómo ve el futuro: 
“No veo nada. Lo que importa es el pre¬ 
sente porque si salgo adelante hoy, maña¬ 
na voy a estar y seguir. Pero si me doy por 
vencido ahora, voy a perder lo que tengo”. 
Le pido que me diga qué tiene que pasar 
para que las cosas no sean tan tremendas. 
Sus ojos me dejan la extraña sensación de 
que más que afirmar, está haciendo una 
pregunta: “Que te dejen hacer la vida”. 

































































NOVIEMBRE 2007 MU 


17 


Teatro de pie 

BRAZO LARGO 


Son los herederos de una tradición que se propuso unir política y escena para lle¬ 
varla a donde estaba más relegada. Ahora, son las asambleas las que los buscan a 
ellos para que pongan en acto sus demandas en el escenario de la calle. 



na jovencita, vestida con ba- 
tón y pantuflas, barre la pea¬ 
tonal de Avenida de Mayo y 
Perú. Más de un transeúnte 
apurado sugiere con su mira¬ 
da que la joven desvaría. Ella continúa 
indifererente con su abnegada tarea hasta 
que inesperadamente un hombre se tira 
al piso y la increpa: “Este pedazo de vere¬ 
da es mío, no lo barras”. La escena, im¬ 
provisada por miembros del grupo de te¬ 
atro Brazo Largo, es la antesala de una 
serie de monólogos que los actores ofre¬ 
cerán como cierre de las Segundas Jorna¬ 
das de Recuperación del Espacio Público 
La Calle es Nuestra. Por eso la jovencita, 
cuando deja de barrer, agita con fuerza el 
escobillón mientras grita: “La policía vigi¬ 
la atenta el pasto de vidrio verde. El que 
lo pise o lo despeine comete el homici¬ 
dio, la contravención”. 

Logró su objetivo: un puñado de per¬ 
sonas detiene su marcha, la rodea, y todo 
está listo para que “suba a escena” en 
plena vereda el monólogo Manzana Po¬ 
drida, escrito -para repudiar las rejas de 
Parque Centenario- por Norman Briski, 
el mentor de este grupo de teatro popu¬ 
lar nacido con la crisis de 2001. 

Los orígenes de Brazo Largo, sin em¬ 
bargo, tal vez haya que buscarlos en Oc¬ 
tubre, el emprendimiento de teatro políti¬ 
co que un conjunto de actores del 
Peronismo de Base -entre los que se en¬ 
contraban Briski y Víctor Laplace- creó 
en los primeros 70 para llevar la actua¬ 
ción a villas y barrios populares. Por 
aquellos años, sus integrantes se pregun¬ 


taban cómo incluirse en el ámbito de la 
política a través de lo que mejor sabían 
hacer: teatro. “La idea de Octubre era ar¬ 
mar algo con la gente de los barrios y 
después hacer asambleas para discutirlo. 
En Brazo Largo es distinto: nos llaman las 
asambleas para actuar. Nos acercamos, 
los conocemos y devolvemos como espe¬ 
jos lo que nos pueden contar. O, mejor 
dicho, dialogamos y creamos algo supe¬ 
rados La idea de Brazo Largo es transfor¬ 
mar la realidad, acompañar el cambio 
subjetivo de la gente”, resume Pablo Mi- 
nini, uno de los integrantes del grupo. 

Pablo, precisamente, es el que toma el 
centro de la calle después de la joven ba¬ 
rrendera. Viste como cualquiera que pa¬ 
sea por la zona, excepto por un detalle: 
tiene esposadas sus manos: “Ninguna re¬ 
ja hizo verano. La reja la inventó un 
conspicuo cornudo. Tengo derecho a 
burlarme, porque estoy preso en mi es¬ 
pacio público. Tengo derecho al odio, 



Brazo Largo 

El grupo se reúne todos los miércoles, 
a partir de las 17, en el Teatro Calibán, 
México 1428 P.B. “5”, Código Postal 
1097, Capital Federal. 

Teléfonos (011) 4381 0521 1 4384-8163 
Más info en www.caliban.com.ar 



porque con la concesión del espacio pu¬ 
blico se le da al injusto derecho a la pro¬ 
piedad. No discutamos el espacio públi¬ 
co como tal. Discutamos más el capital 
que mata”, propone con otro monólogo 
escrito por Briski. Un canillita que vende 
la revista Hecho en Buenos Aires se acerca 
al actor y espontáneamente lo abraza. 
Con reflejos, Pablo lo suma a la escena: 
el vendedor de revistas es quien termi¬ 
nará liberándolo de las ataduras. 

Para cada acción, el grupo teatral 
adapta obras ya existentes o bien crea 
nuevas, de acuerdo a la perspectiva que 
obtienen en el intercambio previo reali¬ 
zado con la organización anfitriona. Bra¬ 
zo Largo ya actuó con los trabajadores 
del hotel recuperado Bauen, con la Fede¬ 
ración Libertaria Argentina, en un corte 
del Puente Pueyrredón y en el hall de la 
estación Constitución, poco después de 
que los pasajeros decidieran quemar la 
estación tras repetidas y abusivas demo¬ 
ras. En aquella oportunidad, Matías Fi- 
gueroa interpretó a un gerente de la em¬ 
presa que se ufanaba de las grandes 
inversiones. Como parte de la actua¬ 
ción, sus compañeros comenzaron a agi¬ 
tar con cánticos e insultos, hasta que el 
público reaccionó como si el actor fuera 
el verdadero gerente. Matías abandonó 
la escena -literalmente- corriendo antes 
de ser linchado. 

Brazo Largo está integrado por dos de¬ 
cenas de actores. La mayoría estudió con 
Briski teatro de interpretación bajo el mé¬ 
todo de Stanislavsky. Varios de los miem¬ 
bros del elenco, a su vez, fueron recluta¬ 


dos durante las acciones que realizó el 
grupo. Pamela, por ejemplo, integrante 
de la Unión de Trabajadores Costureros, 
se sumó tras la representación de un des¬ 
file que se hizo frente a la Legislatura 
porteña para denunciar el trabajo escla¬ 
vo en los talleres textiles clandestinos. Y 
Eugenia Caamaño, de la Asamblea de 
Trabajadores Precarizados, se incorporó 
después de que el grupo de teatro partici¬ 
para de la Caravana de Escraches Espe¬ 
rando el i° de Mayo, realizada contra em¬ 
presas que no reconocen los derechos 
laborales de sus empleados. 

Es Eugenia la que sucede a Pablo so¬ 
bre el empedrado de la calle Perú, con la 
cara lavada y sin más atuendo que el 
propio vestuario: “Aliarse con la queja es 
sólo el aspecto infantil de lo que nos pa¬ 
sa, nuestra tarea es movilizar con la di¬ 
versidad la increíble máquina de la dig¬ 
nidad. ¡Y pedir humilla! Porque es 
nuestro el espacio de nuestros sueños. La 
deuda la tienen ellos con nosotros”, ad¬ 
vierte Eugenia en una de sus últimas ac¬ 
tuaciones porteñas: está a punto de mar¬ 
char hacia Chicona, Salta, para abrir un 
centro cultural. “Queremos replicar esta 
experiencia por todos lados”, explica e 
invita a sumarse al proyecto a todo aquel 
“que tenga ganas”. 

Cada miércoles, los integrantes de Bra¬ 
zo Largo realizan una asamblea en el Ca¬ 
libán, el teatro que Briski abrió en el fon¬ 
do de una casa de Monserrat. Allí 
debaten posiciones políticas antes de en¬ 
sayar. “Hacer teatro popular es como tirar 

advertencia, es nuestra manera de revolu¬ 

cionar. Éstos no son tiempos de poner 
bombas”, define Eliana Wassermann, ya 

Sentados en una ronda imperfecta 
allí discuten cada paso que van a dar 
hasta reconciliar lo que a primera vista 
parece irreconciliable. Dedicaron horas, 
por ejemplo, para decidir que iban a re¬ 
chazar la invitación a participar del es- 
crache a Wal Mart. “Nosotros no baja¬ 
mos línea, más bien mostramos las 
contradicciones que hay en la propia so¬ 
ciedad y eso a veces no le gusta a todo 
el mundo. En Wal Mart queríamos ha¬ 
blar de las multinacionales pero tam¬ 
bién de los trabajadores que terminan 
legitimando sus prácticas”, argumenta 
Eliana. “La actuación -completa su com¬ 
pañera Victoria Albornoz Zaraf- es un es¬ 
pacio de impunidad y libertad para de¬ 
cir lo que queremos decir”. 

Una buena parte de los integrantes de 
Brazo Largo participan, además, de otros 
espacios de militancia. Están aquellos que 
integran la Asociación de Trabajadores del 
Estado y también los que se enrolan en el 
Partido de Trabajadores Socialistas o el 
Movimiento Socialista de los Trabajado¬ 
res. Sus diferencias quedan expuestas en 
las rondas de los miércoles. Sin embargo, 
la actuación funciona como síntesis per¬ 
fecta de esos maratónicos debates. 

Los integrantes de Brazo Largo no vi¬ 
ven del teatro. “No queremos que el di¬ 
nero distorsione nuestros fines, hacemos 
todo por la causa”, acota Yamila. Jorge y 
completa: “Tampoco participamos de 
festivales, porque nuestra misión es lle¬ 
var el teatro a donde no llega”. El grupo 
rechazó, hace tres meses, un subsidio 
cuando comenzó a brindar talleres de 
actuación en el instituto de reclusión de 
menores Luis Agote. “Aceptarlo hubiera 
sido legitimar las instituciones de encie¬ 
rro. La mejor ayuda que podemos darles 
a esos chicos es una escalera para que 
escapen, pero entendimos que nuestra 
presencia ahí se convierte en el único es¬ 
pacio de creatividad y libertad. Por eso 
aceptamos ir”, señala. 

Eliana se carga el escobillón al hom¬ 
bro y guarda el déshabillé en una bolsa. 
Con todo a cuestas se apretuja en el sub¬ 
te repleto. Viajando con semejantes bár¬ 
tulos sigue cosechando miradas extrañas. 
Y ella sigue sin amilanarse: “Nosotros 
-dice- no hacemos teatro para divertir, 
nosotros vivificamos la lucha”. 





























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MU NOVIEMBRE 2007 


De lo malo, lo mejor 


REVISTA BARCELONA 


Decidieron hacer lo que se les cantaba y crearon un nuevo ritmo para sintonizar la realidad. Se ríen del 
periodismo, en serio, poniéndolo en evidencia. Son incómodos para algunos e indispensables para sus 
muchos y fieles lectores. Editaron un best-seller, un programa de tevé y un especial de radio. Todos éxitos 
irrepetibles: les sobra creatividad, pero les falta espacio. En tanto, escriben disparates para otros. 


famlatraS 


ALBERTO FERNANDEZ: "PARA RENOVAR EL PJ CAPITAL 
SOLO FALTAN TOMA, GRANILLO OCAMPO, BELIZYGROSSO" 


Revista üarrglona presenta 



abía una vez, un grupo de pe¬ 
riodistas que se quedaron sin 
trabajo y optaron por una sa¬ 
lida poco usual en situacio¬ 
nes como ésa: hacer nada 
más ni nada menos lo que se les dio la ga¬ 
na. O, en palabras de ellos mismos, lo que 
se les cantó. No realizaron estudios de 
mercado ni fueron en busca de nichos de¬ 
satendidos, simplemente lanzaron una re¬ 
vista guiados por el propio placer. Así na¬ 
ció Barcelona, la irreverente publicación 
que hace de lo políticamente incómodo 
su arma letal. 

Los periodistas desocupados llevaron 
el proyecto a varios editores que lo disfru¬ 
taron y se rieron en privado, pero ningu¬ 
no de ellos se animó a invertir un cénti¬ 
mo en una publicación que prometía no 
tener límites. Ahí radica tal vez el mayor 
éxito de Barcelona: atreverse a decir, de 
manera brutal y descarnada, lo que mu¬ 
chos prefieren callar. 

Tuvieron que pasar dos años para que 
los bocetos se transformaran en revista. 
Fue gracias al tío de una integrante del 
grupo: el hombre vivía en China y, tal vez 
un tanto inconsciente por la distancia, 
prestó cinco mil pesos (¿habrán sido las 
famosas inversiones chinas?) para poner 
en marcha el emprendimiento. La suma 
alcanzó para imprimir los dos primeros 
números -cinco mil ejemplares cada uno- 
y para lanzar una modesta campaña de 
afiches callejeros. Así, en abril de 2003 
Buenos Aires apareció empapelada con la 
tapa inaugural: “Ahora dicen que Piñón Fi¬ 
jo es Yabrán” anunciaba la principal noti¬ 
cia, parafraseando ese particular estilo de 
titular que acuñó Clarín para no compro¬ 
meterse con la información que publica. 

El embrión de Barcelona había sido la 
sección Sending Fruit (mandando fruta) de 
la extinta revista La García, donde trabaja¬ 
ba el grupo fundador. Respetando todos 
los códigos del lenguaje periodístico más 
tradicional, en ella redactaban noticias 
apócrifas. “Advertencia: No toda la infor¬ 



mación aquí publicada ha sido debida¬ 
mente chequeada. Ley 23.444”, hoy puede 
leerse en cada una de las desopilantes 
portadas del quincenario. Sin embargo, no 
parece fácil afirmar que Barcelona miente: 
¿cuán falaz resultó aquel titular previo a la 
segunda vuelta electoral de la Ciudad de 
Buenos Aires que afirmaba en letras catás¬ 
trofe: “Gana Filmus. Sólo si Julio López 
aparece amordazado en el museo de la 
pasión boquense”. 

El eslogan de la revista, “una solución 
europea para los problemas argentinos”, 
surgió en aquellos tiempos fundacionales, 
cuando la ciudad de Barcelona se había 
convertido en una especie de meca de sal¬ 
vación para la generación palermitana de 
treinta y pico. “Yo también había pensado 
en ir a tramitar mi nacionalidad comunita¬ 
ria, pero por ñaca de hacer tanta cola nun¬ 
ca lo hice. Me daban más ganas de pensar 
una revista”, recuerda Pablo Marchetti (a) 
el Pelado, uno de los directores. 

Marchetti confiesa que las expectativas 
que tenían cuando lanzaron el primer nú¬ 
mero eran igual a cero. “La revista estaba 
buenísima -dice-, la preparamos sin nin¬ 
gún tipo de concesiones. Además, hicimos 
todo lo que había que hacer para que fun¬ 
cione: bajo precio, muy buena distribución 
y un enorme mailing a todas las radios pa¬ 
ra que los periodistas la difundan. Pero 
pensábamos que con toda la furia les iba a 
gustar a 500 limados como nosotros.” 

Para sorpresa de Marchetti y sus se¬ 
cuaces, aquellas dos ediciones se vendie¬ 
ron tan bien que permitieron sustentar 
el número 3. Hoy, Barcelona exhibe en la 
calle su edición número 120 y vende 
15.000 ejemplares por quincena. Suele 
ser citada -de manera elogiosa- en sitios 
contrainformativos tan disímiles como 
los panegíricos dominicales de Página/12 
o las Charlas de Quincho que Ámbito Fi¬ 
nanciero publica los lunes. Uno de sus ti¬ 
tulares hasta desató una feroz polémica 
mediática entre el filósofo José Pablo 
Feinmann y el ministro de Educación, 


Daniel Filmus. 

Con el cuarto número en la calle, Barce¬ 
lona ya había recibido una propuesta de 
Adolfo Castelo para convertirse en suple¬ 
mento semanal de la revista txt La situa¬ 
ción les permitiría a sus creadores cobrar 
por lo que hacían, darle mayor circulación a 
la revista, abandonar el living de sus casas 
como lugar de trabajo y cumplir con el sue¬ 
ño de la oficina propia. A pesar de ese pa¬ 
norama no se abalanzaron sobre la oferta: 
pusieron como condición que nadie podía 
tocarle un ápice al producto. Y así ocurrió, 
dicen, mientras duró el acuerdo. Después de 
casi un año, volvieron a los kioscos en sole¬ 
dad y con periodicidad quincenal. El acuer¬ 
do expiró y Barcelona duró más que la revis¬ 
ta que los “contenía”. 

Los colegas periodistas, parece, son los 
más fervientes promotores de esta publica¬ 
ción que hizo de la parodia a los diarios su 
principal recurso estilístico. “La parodia 
nos vino muy bien para la difusión, por¬ 
que muchos de los mismos periodistas de 
los que nos cagamos de risa nos dieron 
manija con el argumento de que nosotros 
decimos lo que ellos no pueden. Pero si se 
tratase sólo de una parodia la revista sería 
sólo para el gueto de los medios. Y la ver¬ 
dad es que lo excede en demasía”, explica 
el editor Fernando Sánchez, que no deja de 
agradecerles a sus colegas: “Buena parte de 



Barcelona tiene página web desde ha¬ 
ce varios años, pero recién ahora le 
están dando uso. No hay mucho, pero 
sobra con las encuestas, la sección “Mi 
foto con un famoso” y los temas pro¬ 
puestos para el foro. Sirve para conse¬ 
guir los números atrasados y comuni¬ 
carse con ellos, sin intermediarios. 
www.revistabarcelona.com.ar 


nuestro mérito se lo debemos a los demás 
medios. El periodismo de hoy es una mier¬ 
da, los diarios son una mierda, las revistas 
son una mierda, los periodistas andan en 
el negocio del chiquitaje. Todo está tan ma¬ 
lo que a lo mejor por eso nos destacamos. 

tamente correcto de hacerlo se terminó va¬ 

ciando de contenidos. Para nosotros ése es 

Los integrantes toman la carcaza de los 
medios para llenarla de disparates (o no 
tanto). Respetan a rajatabla el formato de 
la pirámide invertida, redactan los absur¬ 
dos con total solemnidad y titulan las noti¬ 
cias sólo con información. Cada uno de los 
miembros de Barcelona se asume como pe¬ 
riodista y rechaza -casi como una ofensa- 
el mote de humorista. “Nosotros estába¬ 
mos y podríamos estar dentro de ese caldo 
de cultivo. Hacer Barcelona fue como huir 
para adelante; y para hacerla era necesario 
haber acumulado en los medios mucha 
experiencia, mucho rencor y muchos años 
de resentimiento en las redacciones perio¬ 
dísticas. Para hacer una publicación como 
ésta por lo menos tuviste que haber pasa¬ 
do por un retiro voluntario y una indemni¬ 
zación”, aclara Ingrid Beck, la directora del 
tío chino que finalmente confiesa: “Éste es 
un medio catártico, como una terapia para 
no volvernos violentos”. Y enseguida Mar¬ 
chetti, el que tiene por nombre de guerra el 
Pelado, agrega: “Si no hiciéramos la revista 
seríamos un movimiento guerrillero pero 
nos bajarían en tres segundos: nos daría 
ñaca ir a comprar granadas”. 

A esta altura, la fiaca parece un ele¬ 
mento constitutivo de la redacción de 
Barcelona. Dicen sus propias lenguas que 
se las ingeniaron para hacer un producto 
periodístico en el que no tuvieran que 
hacer entrevistas, desgrabar, llamar por 
teléfono o chequear información. Cuen¬ 
tan que hasta por fiaca no tienen un de¬ 
partamento de publicidad. 

La agenda temática de Barcelona es la 
























































































NOVIEMBRE 2007 MU 


19 



misma que siguen los diarios 
nacionales. “No hay tema del 
que no hablemos: desapareci¬ 
dos, Auschwitz o el que sea. 

El problema no es de qué ha¬ 
blamos sino qué decimos, no 
es que todo nos chupe un 
huevo. Lo que hacemos noso¬ 
tros es tratarlos desde nuestra 
línea editorial, por eso les de¬ 
dicamos mucho tiempo a las 
tapas y contratapas, que son 
elaboraciones colectivas”, di¬ 
ce Sánchez. 

No caben dudas de que Bar¬ 
celona es una revista ecuméni¬ 
ca: ya recibió cuestionamientos 
de católicos, musulmanes y ju¬ 
díos. También de artistas (una 
cantante con nombre de fenó¬ 
meno climático se ofendió porque apareció 
en un póster que reunía a los argentinos con 
fama de mufa) y, por supuesto, de políticos: 
en agosto pasado, la Municipalidad de San 
Miguel de Tucumán secuestró una muestra 
de contratapas de la revista que se exponía 
en la vía pública. Con la ironía característica 
de la publicación, sus directores emitieron 
un comunicado donde señalaban que no 
podían más que “celebrar que los gober¬ 
nantes tucumanos hayan dejado de lado las 
prácticas siniestras de la dictadura militar, 


propias del oscurantismo rei¬ 
nante durante los años de Do¬ 
mingo y Ricardo Bussi (tanto 
en dictadura como en demo¬ 
cracia) y que hoy, con el Frente 
para la Victoria que gobierna 
tanto en la provincia como la 
capital San Miguel de Tucu¬ 
mán, la democracia, la toleran¬ 
cia y la transparencia sean sig¬ 
nos distintivos de la actual 
gestión”. Por último, remata¬ 
ban: “Se trata, sin dudas, de 
un proceder prístino que su¬ 
giere un cambio profundo res¬ 
pecto de los años de plomo. 
Ya no se secuestran personas 
sino muestras de arte. Resulta 
evidente que el cambio recién 
empieza”. 

La muestra de las contratapas de Barcelo¬ 
na recorrió el país, desde el Palais de Glace 
hasta pequeños centros culturales de La Rio- 
ja o San Luis, donde los periodistas fueron 
invitados a exponer como una verdadera 
demostración de resistencia política. Si las 
noticias son una parodia del periodismo, las 
contratapas hacen lo propio con el mundo 
del marketing. “Si la publicidad usa formas 
efectivas para comunicar mierda, nosotros 
tomamos ese mecanismo, pero le damos 
vuelta el discurso”, cuenta Marchetti. 


Uno de los últimos números mostró en 
la contratapa la reproducción del afiche de 
campaña de Cristina Kirchner y Julio Co¬ 
bos con una sutil modificación: “Sabemos 
lo que falta. Sabemos dónde está. Cristina, 
Cobos y algunos”, podía leerse debajo de 
la sonrisa perfecta de los candidatos. 

“Esta revista no la podríamos haber sa¬ 
cado durante el menemismo, que se reía 
públicamente de sí mismo -arriesga Beck- 
Este gobierno no tiene ese nivel de cinismo, 
no se ríe en público. Y encima tiene ese tin¬ 
te progre que nos permite trabajar sobre la 
contradicción de su discurso. Somos los 
únicos que lo corremos por izquierda”. 

A pesar de tratarse de la revista que 
más creció en los últimos años, los anun¬ 
ciantes no contemplan a Barcelona en sus 
pautas de promoción. “La mayoría de los 

íéééíMIm^^ 

desarrolla su concepto: “Ni siquiera es una 

ren asociar su marca a un producto impre- 

WÉMIMI ¿Podría ser una paro¬ 
dia a los diarios de otra manera? 

El éxito de Gente Grossa -así se llama la 
empresa que constituyeron- fue refrendado 
con la edición de Puto el que lee, un diccio¬ 
nario de insultos, injurias e improperios 
que viene a llenar un vacío dejado por el 


famosísimo mataburros de María Moliner. 
El libro ya lleva vendidos 12.000 ejempla¬ 
res. A pesar de tantas ventas, los periodistas 
de Barcelona no logran vivir de su pequeña 
empresa. Sin embargo, convirtieron sus cre¬ 
aciones en el trampolín para conseguir 
otros trabajos: Beck y Marchetti, por ejem¬ 
plo, realizan los guiones radiales de Eliza- 
beth Vernaci en Rock 8? Pop, Sánchez hace 
lo propio para programas de la cadena Fox 
y Javier Aguirre y Eduardo Blanco -dos de 
los redactores- guionaban hasta hace poco 
libretos para Jorge Guinzburg. 

A fines del año pasado, además, Gente 
Grossa emitió por la señal de cable I-Sat 
su primer programa televisivo: Los anales 
de Barcelona, un unitario que sintetizó las 
mejores noticias del año, conducido por 
Eduardo Aliverti y Marcela Pacheco. El no¬ 
ticiero repercutió como ningún otro pro¬ 
grama del canal y, sin embargo, la expe¬ 
riencia no se repitió. 

El pasado 28 de octubre fue el debut ra¬ 
dial del equipo de la revista: otra vez jun¬ 
to a Aliverti. Esta vez coprodujeron la co¬ 
bertura de los comicios presidenciales que 
pudo escucharse (y todavía puede hacer¬ 
se, por Internet) en Radio Éter. 

La buena noticia es que a falta de se¬ 
riedad, el periodismo lisérgico -como al¬ 
guna vez ellos mismos lo definieron- se 
puso de onda. 


Guía inútil para madres 
primerizas es el más se¬ 
rio manual escrito sobre 
el tema. Ingrid Beck, es¬ 
píritu fundador de Barce¬ 
lona- y Paula Rodríguez 
son las autoras que com¬ 
parten en estas páginas 
la cruel verdad: nadie te 
puede decir lo que tenés 
que hacer. Tampoco cómo 
ser madre. El libro funcio¬ 
na, entonces, como un 
exocista que espanta el 
espíritu de Utilísima que 
se apodera de madres, 
suegras y amigas cuando 
observan a tu bebe. 



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20 


MU NOVIEMBRE 2007 



Hacer unk 


DANIEL UNK, PROFESOR DE LETRAS 


Sabe leer y escribir y de eso vive. Sus temas son la literatura del siglo 20, el barrio, 
Cromañón, los talleres literarios o la Marcha del Orgullo Gay, por citar algunos 
ejemplos que fluyen en sus clases y en esta charla con idéntica pasión. 


icen que hay gente para todo, 
pero la que está acá, en esta 
habitación cuadrada y sin aire, 
parece soportar con entusias¬ 
mo las cuatro horas y pico de 
encierro. Afuera es primavera ardiente y 
adentro es Puán, la psicodélica sede de la 
Facultad de Filosofía y Letras de la Universi¬ 
dad de Buenos Aires; y es el quinto piso por 
escalera, porque los ascensores descansan y 
los estudios superiores de esta casa están, li¬ 
teralmente, en la cima. 

La decena de estudiantes del doctorado 
está compuesta por tres latinoamericanos y 
siete criollos. Dos son brasileños y sus ma¬ 
lentendidos con la lengua local son apenas 
un escollo más de la lista que deberá sorte¬ 
ar el profesor a cargo de este seminario so¬ 
bre “un argentino de París”, como señalará 
después, al desentrañar las pistas de ese 
misterio llamado Copi. 

Apenas comienza la ceremonia de la cla¬ 
se, una estudiante pregunta si le puede re¬ 
comendar para su tesis algún estudio sobre 
la vanguardia. El profesor dirá: 

-Es difícil trabajar con el concepto de 
vanguardia, salvo que seas un erudito 
alemán. Por estos días escuchamos decir 
a un aspirante a funcionario municipal 


que no quería espacios exclusivos para 
expresiones de vanguardia y, la verdad, 
si eso que llama vanguardia es algo que 
crece como un hongo venenoso en las 
paredes del Estado, por mí que desapa¬ 
rezca. Es diferente si lo que te interrogás 
es cómo se produjo un proceso de cam¬ 
bio. En ese sentido, por ejemplo, el su¬ 
rrealismo es “la” vanguardia, porque es 
la única corriente que consigue cambiar 
la forma de leer, cambiar la máquina. 

Otra alumna lo interrogará acerca de 
dónde encontrar estudios sobre la contra¬ 
cultura. El profesor dirá: 

-No sé. Quiero creer que alguien se pre¬ 
ocupó por ese tema, pero en principio 
pienso que no hay posibilidad de oponer 
la cultura a nada. La cultura es como una 
mancha de aceite que no encuentra lími¬ 
tes en ningún lado. La noción de contra¬ 
cultura, en todo caso, se me ocurre que 
hay que pensarla en función de la noción 
de dictadura, en el sentido de resistencia. 

No han pasado cinco minutos de cla¬ 
se y ya queda claro cómo se abanica el 
sopor intelectual en esta habitación cua¬ 
drada y sin aire. 

Cuatro días después, masticando un 
abadejo a la parrilla y con ajo, el profesor 



me dirá que está trabajando en un ensayo 
sobre Copi, que le ha tomado más tiempo 
del que pensaba porque “parece un paya¬ 
so y lo es, en gran parte, pero un payaso 
con profundidad filosófica. Él puede tener 
una teoría política casi a lo Tony Negri, 
pensando en nuevos sujetos como la mul¬ 
titud, pero como eso nunca está desligado 
de la risa, es muy difícil separar la parte de 
payaso de la del filósofo del presente. Y 
eso es lo que me gusta”. 

Son precisamente estos linlcs en su dis¬ 
curso, que llevan de la política a la litera¬ 
tura, de la realidad a la ficción, de los gus¬ 
tos personales a las clases magistrales los 
que convierten a este profesor en un nom¬ 
bre propio. 

fía y Letras”, bromea Linlc, Daniel. 


ink, Daniel, es un argentino de 
Córdoba, nacido en “una familia 
intensa” que mezcló alemanes y 
calabreses. El resultado es este morocho 
alto, de ojos transparentes, hidalgo e his- 
triónico. Dirá que se siente cómodo con 
la palabra “excéntrico”, pero en realidad 
es un clásico caballero que apenas co¬ 


menzamos la entrevista me cuenta la si¬ 
guiente anécdota: “Un día fui al baño y 
encontré en la puerta un graffiti con el tí¬ 
tulo: ‘Éstos son los profesores putos’. Mi 
nombre estaba en tercer lugar. Cuando 
regresé a la clase les dije a mis alumnos 
que me sentía indignado, ofendido, hu¬ 
millado, porque no me habían puesto en 
el primer puesto”. Queda claro, enton¬ 
ces, el estilo Linlc: de lo ario, heredó lo 
directo. También allí hay que buscar la 
explicación de su formación en escuelas 
alemanas que lo tuvieron como alumno 
modelo. Era el poeta del colegio. Su incli¬ 
nación por las letras no alcanzó, sin em¬ 
bargo, para escapar del mandato familiar 
y apenas terminó la secundaria se su¬ 
mergió en el mundo de los números: del 
empleo en un estudio contable iba direc¬ 
to a las clases en Ciencias Económicas y 
su recreo era un taller literario donde ha¬ 
lagaban las poesías que años después 
-cuando ya no era ése, sino éste Linlc- 
publicó bajo el título La clausura de fe¬ 
brero y otros poemas malos. Dirá que los 
editó por varios motivos, pero funda¬ 
mentalmente como un acto de interven¬ 
ción. “Siempre pienso que en Argentina 
hay una facilidad enorme para publicar, 
sobre todo porque hay una capacidad de 
gestión enorme: como vivimos de crisis 
en crisis, estamos acostumbrados a ges¬ 
tionar todo desde la nada. Los poetas 
son buen ejemplo de esto. Y en su gran 
mayoría esa producción es mala. Desde 
ese punto de vista, el gesto de interven¬ 
ción era mi forma de decir: si ustedes es¬ 
tán publicando esto pensando que es 
bueno, yo puedo publicar esto que sé 
que es malo y que no es peor que lo que 
ustedes publican”. 

Dirá, además, que huyó de Económi¬ 
cas el día que leyó el mensaje oculto en 
la corbata de un profesor; leyó su futuro, 
los mundos donde estaría inmerso, sus 
intensidades. Así nació su carrera en Le¬ 
tras, primero como estudiante del profe¬ 
sorado, luego como profesor, siguió como 
crítico en revistas especializadas y luego 
como director del Suplemento Radar Li¬ 
bros, del diario Página 12, desde donde 
huyó cuando el oficialismo se hizo letra. 
Ahora, tras obtener una beca Guggen- 
heim, un cargo de profesor con dedica¬ 
ción exclusiva y una indemnización labo¬ 
ral que denomina “beca Página”, está 
-quizá- dónde le costó todo este tiempo 
llegar: leyendo y escribiendo, estudiando 
y enseñando, disfrutando. 

Dirá, también, cuando se le pregunta pa¬ 
ra qué sirven los talleres literarios a la luz 
de su experiencia con los poemas malos: 
“A mí me sirvió para encontrarme con gen¬ 
te que tenía mis mismos intereses, incluso 
conocí ahí a la que luego sería la madre de 
mis hijos. Pero no creo que un taller pueda 
hacerte mejor escritor. 

¿Pero lo puede hacer peor? En el sentido de 
convertirse en un espacio de disciplinamien- 
to, castrador. 

Castrador yo no diría, pero sí que im¬ 
pone el modelo literario del tallerista. 
Con el paso del tiempo, lo que uno ve 
es que los talleres se fueron convir¬ 
tiendo en proveedores de finalistas 
para concursos literarios. Entonces, se 
escuchan cosas como “fulano metió 
dos finalistas” y se ve luego cómo eso 
influye en los honorarios del talleris¬ 
ta. Con lo cual queda todo desvirtua¬ 
do. Lo que pasa es que un taller no 
puede evaluar el proyecto de una po¬ 
ética. Para explicarlo en términos fut¬ 
bolísticos, podés evaluar si jugó bien 
o mal tal partido, pero no decirle que 
tiene que jugar de otra manera, por¬ 
que en la literatura cada cual puede 
jugar como quiera, porque esencial¬ 
mente es eso: un juego. Con las críti¬ 
cas hay que ser cauto al decirlas y al 
escucharlas. Yo este año estrené mi 
primera obra de teatro y las críticas 
me hicieron mierda. Lejos de depri¬ 
mirme, me confirmó lo que quiero 
hacer, porque entre otras cosas creo 
que nadie puede arrogarse el poder 
de dictaminar cómo se hace teatro. 































NOVIEMBRE 2007 MU 


21 


¿Pero se puede arrogar el poder de dictami¬ 
nar cómo se lee, tal cual titula uno de sus li¬ 
bros de ensayo? 

Yo no pretendo en ese libro decir cómo 
leer, sino reflexionar sobre procesos de 
lectura, que es algo muy distinto. Noso¬ 
tros, en tanto lectores modernos, pone¬ 
mos en la lectura una serie de sentidos 
que vienen del texto y otra serie de sen¬ 
tidos que vienen de la propia vida. 

¿Por ejemplo? 

Por ejemplo, vivimos un época extrema¬ 
damente peligrosa políticamente, tanto 
a nivel planetario como local, con una 
ideología concentracionaria que se ha 
vuelto el pan de cada día. En Argentina, 
por caso, es un hecho que luego de la úl- 

lítica en términos abstractos, sino por la 
corporación política en concreto. 

¿Ese desinterés alcanza a los escritores? 

Creo que si los escritores no son capa¬ 
ces de pensar en relación a eso, es por¬ 
que no son capaces de pensar en nada. 
No hablo necesariamente de que es el 
momento de hacer una literatura testi¬ 
monial o de denuncia, sino que hay di¬ 
ferentes modos de intervención que 
hacen a un escritor. En el momento en 
que un escritor se sienta a escribir su 
cuentito, su novelita, se deja llevar y no 
tiene por qué responder a ningún man¬ 
dato. Ahora, hay momentos en que un 
escritor tiene que pararse frente al 
mundo a decir cómo lo ve. Puestos en 
un contexto como éste, de barbarie po¬ 
lítica generada por el terror, que esen¬ 
cialmente sigue siendo terrorismo de 
Estado -porque terrorismo y Estado van 
de la mano siempre- lo que vemos es 
que los propios intelectuales son vícti¬ 
mas de ese terror. 

En este momento ¿se puede pensar a los in¬ 
telectuales argentinos por fuera del Estado? 

Afortunadamente desde hace muchos 
años no tengo nada ver con la política 
municipal, pero observo que mucha 
gente sí tiene que ver, y por lo tanto, no 
puede hablar mal de aquel que lo man¬ 
tiene. Fijate Cromañón. A mí Croma- 

mis pares. Y no la vi. 

Sí la contraria... 

Exactamente. Y ser testigos contempo¬ 
ráneos de casi 200 muertos es una tra¬ 
gedia demasiado grande, escandalosa, 
como para no reaccionar. 

¿Existe una literatura terrorista? 

No creo, es muy raro que la literatura 
genere terror. 

Lo digo en el sentido de si existe una literatu¬ 
ra que atente contra el desarrollo de una 
sensibilidad cultural. 

Prefiero dar vuelta tu planteo y pensar 
que lo que necesitamos es una literatu¬ 
ra revolucionaria, no en el sentido de 
que sirva para hacer la revolución, sino 
para sostener el deseo revolucionario. 
Me parece que la literatura no es un es¬ 
calón para alcanzar la revolución, pero 
sí que construye el deseo de transfor¬ 
mación, de acabar con un estado de las 
cosas que consideramos definitivamen¬ 
te injusto. Porque sin ese deseo, y tal 
como está el mundo, no tiene sentido 
nada de lo que uno hace. Ahora bien: 
no le pidamos a la literatura todo. Por¬ 
que así como me parece autoritario 
pretender que a todos los chicos les 
guste el deporte, también me parece 
autoritario pretender que a todos les 
guste la literatura. Si a vos te parece que 
es un plomo, está todo bien. No es que 
estés equivocado: para vos es así. Di¬ 
cho esto, también debo decirte que hay 
contenidos de literatura que tenés que 
saber igual, como tenés que saber con¬ 
tenidos de matemática, porque esto ha¬ 
ce a la construcción de ciudadanía, que 
es otra cosa. 


Sus alumnos, que ya decidieron que la litera¬ 
tura no es un plomo, ¿qué desean? 

No sé. Supongo que encuentran en la 
carrera modos de socialización: gente co¬ 
mo ellos, que gusta de las mismas cosas, 
además de una posibilidad de inserción 
laboral permanente, porque no olvide¬ 
mos que la gente que estudia Letras sabe 
que tiene trabajo garantizado, trabajo de 
mierda si querés, pero trabajo al fin. 

¿Y acepta ese destino en forma obediente? 
No lo sé. Sé que, por mi parte, uno debe 
ser paciente. Hemos sufrido una dicta¬ 
dura de muchos años, con una inercia 
que no podemos pretender haber supe¬ 
rado, al menos en términos de imagina¬ 
rio. Son procesos lentos, que requieren 
paciencia. En tiempos en los que los po¬ 
líticos profesionales son verdaderamen¬ 
te siniestros, las agrupaciones de iz¬ 
quierda tienen un discurso inútil, 
ineficaz, religioso, lo que nos queda es 
pensar cómo refundar no sólo una nue¬ 
va ética, sino una nueva manera de 
concebir la política con alegría. Pero lo 
que veo a mi alrededor es que cuando 
un funcionario municipal dice una bu¬ 
rrada, mis colegas dicen: tengo miedo. 
¿Qué miedo te puede dar un funciona¬ 
rio municipal? Hay que actuar contra él, 
riéndose de él. Hay que generar cade¬ 
nas de carcajadas contra sus burradas. 
Hay que construir la política fuera del 
terror, con alegría. 

¿Y cómo se lee con alegría? 

Insisto: los placeres no son universales. 
La literatura nunca lo fue y no tiene 
por qué serlo. La literatura debe ser un 
lugar de riesgo. Yo no voy a hacer leer 
Proust a un chico de una escuela secun¬ 
daria, tampoco una novela de Kafka. 
Cuando yo mismo leo a Joyce me abu¬ 
rro. Tengo que leerlo porque es parte de 
mi trabajo, pero es como si trabajara en 
un cali center. Creo que lo mejor es 
mantener una relación de felicidad con 
todas las cosas que uno hace, entre 
ellas la lectura. 

¿Hay poco riesgo en la literatura actual? 

Es uno de los efectos de la descomposi¬ 
ción de la cultura argentina y de lo que, 
desde mi punto de vista, significó el 
2001 como final imaginario de la dicta¬ 
dura. Y fue a partir de ahí donde hubo 
que comenzar a reconstruirla. No es ca¬ 
sual, entonces, que se haya empezado a 
reconstruir a partir de los barrios: Cu- 
curto con Constitución, Fabián Casas, 
con Boedo, yo mismo con Monserrat. 
No fue una acción concertada, sino 
sencillamente una manera de decir: en 
estas cuadras, en relación a estas perso¬ 
nas y a estos modos de interacción que 
son el barrio, se crea una mitología pa¬ 
ra refundar la ciudad. Frente a los pro¬ 
yectos más abstractos de la literatura de 
mercado, donde da lo mismo que las 
cosas sucedan en Barcelona o donde 


fuere, porque no hay demasiadas refe¬ 
rencias porque ni importan, la respues¬ 
ta fue: mi mundo es lo que yo alcanzo 
a ver a través de mi ventana. 

Entonces, ¿la contracara del proceso de glo- 
balización es esa literatura que recupera la 
escala humana? 

Claro, es como una manera de resistir al 
internacionalismo salvaje y ponerle la 
escala de lo transitable. La ciudad no es 
un artefacto abstracto sino el lugar que 
yo habito. Y esto precisamente, a través 
de registrar cuáles son las calles por don¬ 
de camino, a qué barrio voy y a qué ba¬ 
rrio no voy, qué relaciones de amor y 
odio tengo con esos lugares que recorro. 
Que la ciudad es un emblema del capita¬ 
lismo es cierto y es cierto desde hace mu¬ 
cho tiempo, pero al mismo tiempo es in¬ 
teresante pensar cómo se enfrenta ese 
destino. La ciudad ofrece todavía un plus 
de sensibilidad, de conocimiento, de con¬ 
tacto con lo otro, que es lo que hay que 
sostener y reivindicar. Es en la ciudad 
donde puedo darme cuenta de que 
cuando miro por la ventana y veo pasar 
siete personas (y efectivamente mira por la 
ventana y pasan siete personas ) son siete 
personas que no tienen nada que ver 
conmigo, no piensan como yo, no hacen 
lo que yo hago y tienen deseos que ni 
puedo imaginar. Y eso es lo más estimu¬ 
lante. En la ciudad, quieras o no, convivís 
con una manifestación. Y la verdad es 
que son molestas, pero uno no puede si¬ 
no acompañarlas porque es la única ma¬ 
nera de enterarse de lo que le está pasan¬ 
do al otro. No tengo otra manera de 
enterarme de lo que pasa en ciertos luga¬ 
res si las calles no están cortadas, e inclu¬ 
so, si no cortan las calles no sale en los 
diarios, aunque sea porque escriben en 
contra de que se corten las calles. 

¿Cómo se maneja en la docencia una elec¬ 
ción sexual diferente? 

¡Qué se yo! Hay teorías que sostienen 
que la identidad homosexual se defi¬ 
ne a partir de una injuria, que es pre¬ 
cisamente esa injuria la que la consti¬ 
tuye: cuando te dicen puto, puto, 
puto. Yo no sufrí eso, porque era poe¬ 
ta, porque tenía otra excentricidad o 
porque yo mismo no lo era, ya que 
mi “conversión” homosexual es muy 
tardía en mi vida, llegó después de 
los 30 años. En todo caso, 
teórica que a mi me identifica es 

es un tema sobre el cual no se puede 

tener ninguna teoría porque todas es- 

lllMSllíydifM 

ció. Mi posición es que de eso es me- 

jor no hablar, pero no en el sentido 

de mantenerlo en secreto, sino en el 

sentido de no sostener un discurso. Sí, 

por cierto, tengo un discurso cívico en 
relación con la defensa de derechos, 


pero en ese sentido da lo mismo que 
seas indio, prostituta, homosexual o 
enano, en tanto constituyas una mi¬ 
noría cuyos derechos se ven vulnera¬ 
dos por el modo de funcionamiento 
de la sociedad. No me parece que uno 
tenga que hacer un activismo mono- 
aural: uno debe ser capaz de notar 
quiénes sufren atrocidades. Por ejem¬ 
plo: detesto las marchas del Orgullo 
Gay, desde la estética hasta los organi¬ 
zadores. Pero voy igual porque uno 
tiene que estar una vez al año for¬ 
mando parte de eso. Me parece un 
poco mezquino decir que como no 
me gusta la dirección que le imponen 
lo organizadores, me abstengo. 

¿Y qué dirección le imponen los organizadores? 
¿Cómo te lo puedo decir sin que sue¬ 
ne mal? Lo hacen de manera muy be- 
rreta. Un ejemplo para entenderlo: es¬ 
te año ha habido discusiones fuertes 
en el seno de las instituciones que 
convocan a la marcha y que, incluso, 
derivaron en que un grupo de lesbia¬ 
nas que yo aprecio, se retirara de la or¬ 
ganización. ¿En torno a qué se generó 
la discusión? En torno al siguiente te¬ 
ma: quién tocaba en el recital. Los or¬ 
ganizadores querían que tocara Pauli¬ 
na Rubio. Y puede que a la loca 
peluquera del conurbano le interese 
más Paulina Rubio que Leo García, pe¬ 
ro Paulina Rubio no representa más 
que a la industria discográfica, no re¬ 
presenta nada en términos de defensa 
de derechos. Lo que prima, entonces, 
es esa búsqueda de la masificación. 
En lo concreto, yo puedo opinar en 
contrario y hasta enojarme con esa 
idea, pero al momento de la marcha 
voy a estar ahí, con la esperanza de 
que una estrella del pop latino al me¬ 
nos tenga una agenda tan ocupada 
que no permita que se concreten se¬ 
mejantes pavadas. Y voy a estar por¬ 
que creo que son causas a las que hay 
que ponerle el cuerpo, como para mí 
lo es la causa de Cromañón, por nom¬ 
brar una de las últimas marchas en las 
que he estado. 

E n algún momento dirá, también, 
que la conversación quizás esté 
fluyendo de manera desordena¬ 
da y se hará cargo, fiel a su estilo, de res¬ 
ponder a los saltos sin sobresaltos para 
mantener, al menos, su coherencia apa¬ 
sionada. Por eso ahora, al transcribir la 
grabación, intento ser fiel a sus formas 
del decir, apegarme a su sintaxis. No pre¬ 
tendo escribir aquí sobre un tal Linlc, Da¬ 
niel, porque es a través de sus libros la 
mejor manera de conocer su verdadera 
vida, sino apenas transmitir cómo se lee 
este personaje que ahora se despide 
amablemente y se pierde en la ciudad 
que lo traga. 



























































22 


MU NOVIEMBRE 2007 


Hip hop, al frente 


EL BRUJO 


Fue chico de la calle y ahora es contratista de obras y Master of Ceremony (mc) 
de la música que empieza a compartir con la cumbia el reinado de los ritmos 
que mejor cuentan lo que pasa. Ahora, presenta su primer cd, Calles, un sueño 
que construyó con esfuerzo, paciencia y convicción. Éstas son sus enseñanzas. 



n Villa Tesei, el rap sale por las 
ventanas de las casas. Los ado¬ 
lescentes que están en el al¬ 
macén visten remeras y pan¬ 
talones anchos. Los más 
chicos también. La cumbia, parece, ya no es 
la única banda de sonido de los barrios ba¬ 
jos. Estamos en el oeste y para entender la 
escena del hip hop que domina hay que 
hablar con El Brujo, o al menos así dicen. Él 
representa símbolo y promesa de un arte 
que parece tener como requisitos ser joven, 
varón y del conurbano. Eso no alcanza, cla¬ 
ro: también hay que tener bronca, ojos, co¬ 
razón, y algo para decir. No estar resignado. 

El Brujo ganó un concurso d e freestyle (es¬ 
tilo libre) organizado por la radio Rock and 
Pop, forma parte de la González Catán Killer 
Crew, está por sacar su primer disco llamado 
Calles, por el sello dbn y tiene apenas 23 
años. Saluda tímido al tiempo que abre las 
puertas de la casa en donde vive con Flor, su 
novia peluquera, y la familia de ella. “Esta 
casa nos costó diez años de esfuerzo”, revela¬ 
rá más tarde Flor, orgullosa. El lugar es nue¬ 
vo, el piso es brillante, las paredes blanquísi¬ 
mas y todos los ambientes son triangulares. 
“Todo lo eligió mi mamá”, dice Flor. 

El músico no revela qué dice su dni. “Mi 
nombre no es importante. Todos me cono¬ 
cen como El Brujo”. Ordena un poco el baru¬ 
llo de perros, amigos y familiares que entran, 
salen y deambulan y se sienta a conversar. 
Tiene la boca gruesa y la contrae para fumar 
un cigarrillo atrás de otro. “A los 16 años em¬ 
pecé a acercarme al rap porque yo bailaba, 
me hice conocido como B-boy (dentro de la 
cultura del hip hop, es el que domina esa 
acrobacia casi mágica llamada break dance). 
Bailé en fiestas de hip hop en el under lo¬ 
cal”, recuerda El Brujo. De manera natural su 
interés cambió: empezó a mirar lo que pasa¬ 
ba en su barrio y a rapear. “Rapear, rapear, 
rapear freestyle, durante dos años”. 



Palermo y Fuerte Apache 


ara los que se inician en este tema, 
El Brujo explica algunas claves. El fre¬ 
estyle sucede cuando una persona 
improvisa, arma rimas en el momento, co¬ 
mo un relato de lo que pasa aquí y ahora en 
esa especie de flujo sólo en apariencia mo- 
nocorde. La competencia o batalla es cuando 
son dos los que improvisan y contraponen, 
discuten: payadas siglo 21. En las contiendas 
todo está permitido. Incluso, repasando bata¬ 
llas en el noticiero YouTube se puede descu¬ 
brir un florido vocabulario callejero, unas 
cuantas alusiones homofóbicas del estilo “a 
vos te gusta que te rompan el culo” y un sin¬ 
fín de insultos. Pero El Brujo no está del todo 
de acuerdo con esta mirada e intenta cam¬ 
biar de rumbo esas máximas del freestyle. 
Recuerda una competencia en Córdoba en 
la que un contrincante lo insultaba a él y 
también a su familia. Ante eso, El Brujo deci¬ 
dió contestarle que para hacer freestyle no 
hace falta insultar: “Un pibe que recién está 

me fumo un porro, ¿me entendés? Pero si 

vos sos bueno vas a dejar un mensaje por lo 
menos más positivo”. En Córdoba, El Brujo 
resultó ganador. Como ejemplo de lo que di¬ 
ce, un fragmento de batalla, literal e improvi¬ 
sada, contra el duelista de turno, un tal Car- 
mona, de Solana: “Usted señor sin swing no 
puede bordear sin contenido / no tiene skit / ha¬ 
blaste de que tu nombre es Carmona / para mi 
vos sos un gil/tu nombre cambíalo, Ramona / 
el Brujo va con las rimas y no te insulta / date 
cuenta de que ésa es la diferencia que gusta”. 

Ahora, dice, está en una nueva etapa. 
En las calles ya ganó todas las batallas, in¬ 
cluso la de la supervivencia y se quiere 
probar como mc ( Master of Ceremony), y 
el examen final es el disco. “La diferencia 
entre el freestyle y el mc es que el prime¬ 
ro se prueba en la calle o en fiestas y a las 
palabras que se dicen se las lleva el vien¬ 
to. Y el segundo se mide en un disco, en 
algo que queda”, explica. 

Su primer concurso ganado como mc lo 
organizó nada menos que Mustafá Yoda, 
mítico rapero de la escena local que, hace 




























NOVIEMBRE 2007 MU 


23 


alrededor de dos años, en un skate park de 
Munro, le dio el premio y su bendición. 

El Brujo ha tocado en la puerta del ce- 
amse, acompañando las protestas de los 
vecinos de González Catán contra la insta¬ 
lación del basurero y la contaminación 
que enferma y mata. Pero también cono¬ 
cen su estilo en otros circuitos, a través de 
una movida que puede abarcar desde el 
Niceto Club de Palermo Hollywood hasta 
la estación de ferrocarril de San Miguel, 
canchas de fútbol, boliches chetos, Fuerte 
Apache y Ciudad Oculta. 

Es probable que estos cruces sean posi¬ 
bles porque la moda tornó inevitable la 
mezcla. Quizá, la música que mejor sinte¬ 
tiza los cruces sea la que nace precisamen¬ 
te del mestizaje: el rap, el reggaetón, el reg- 
gae, la cumbia, todo junto y yendo de la 
periferia al Centro, aunque siempre de ida 
y nunca de vuelta. 


¿Qué se ve desde la ventana? 


M 


ecido por este incesante flujo, El 
Brujo logró llegar al sueño que para 
él es Calles, su primer disco, que sal¬ 
drá a la venta al mismo tiempo que esta edi¬ 
ción de mu y podrá conseguirse en todas las 
disquerías de rap del país. Está por verse si 
dbn colocará el cd también en las casas 
grandes de música. “Empecé a grabar el dis¬ 
co en enero de 2006 en el Mester de los Jugla¬ 
res, de Liniers y lo terminé hace una sema¬ 
na”, relata y se pone de pie para ir a buscar 
el flamante objeto musical. Enseña la foto de 
tapa: es él, en distintas poses. Sobre la finan¬ 
ciación explica: “Lo banqué todo, puse toda 
la plata yo, laburando en estos dos años”. El 
Brujo es contratista de obras y lo que logra 
ahorrar lo invierte en su carrera. Tocó 7 años 
sin ganar un peso y hoy dice que, si quisiera, 
podría llegar a vivir de la música, pero pre¬ 
fiere seguir trabajando: no está pensando en 
eso todavía. No cobra en Ciudad Oculta o 
Fuerte Apache, pero sí en los boliches. (No 
dice cuánto, pero de acuerdo a cifras que flo¬ 


tan en el ambiente en Palermo Hollywood 
no es probable que le paguen menos de 300 
a 500 pesos por presentación.) 

Así, ladrillo por ladrillo, El Brujo se está 
armando su propio estudio de grabación 
en la casa y pagó la producción de Calles, 
aunque logró que las copias y la distribu¬ 
ción las encare dbn. “Acá no podés ir a un 
sello y esperar que te paguen todo. Yo lle¬ 
vé el disco ya terminado”, cuenta. A la in¬ 
dustria la ve camino a terminar como la 
de la cumbia. “Hoy no hay un mercado 
tan claro para el rap como el de la cumbia, 
pero dentro de unos años van a ser lo mis¬ 
mo. En Yankilandia salen nuevos grupos 
de hip hop todas las semanas igual que 
acá salen de cumbia, pero dentro de unos 
años vamos a tener grupos de hip hop de 
gira por boliches de todo el país”, vaticina 
El Brujo. Y explica por qué: “Mirá, en el 
barrio todos son raperos, hasta los que an¬ 
tes escuchaban cumbia, por eso me parece 
que en un tiempo los dos géneros van a 
ser parte del mismo negocio”, vaticina. 

Las letras de su disco son, en general, rela¬ 
tos sobre los problemas que hay en la calle. 
Hay un tema llamado Máquinas humanas 
que habla de la alienación de las personas 
dentro del sistema; Espectro que habla de un 
chico que se suicida y Calles, la pegadiza 
canción que da nombre al disco: “Las calles 
están llenas de demonios / Los chicos ya no jue¬ 
gan con globos / Las mentes, vacías por el 
odio” Sintetiza El Brujo: “El disco tiene de to¬ 
do, lo único que no puse es romance”. 

Algunas de las letras de Calles las escribió 
a los 21 años, cuando todavía vivía en Gon- 



Novedades sobre presentaciones y lu¬ 
gares donde conseguir el disco, en 
www.brujo-mc.com.ar página a punto 
de quedar habilitada. 



De la calle a la escuela 

El Brujo señaló en su charla el dato lando en la movida del hip hop y 

de una escuela de hip hop y allí fui- cuenta que vio de todo: “Nuestro 

mos a conocer la historia, que cuen- grupo surgió a fines de 2001, con la 
tan así: idea de mostrar que se puede hacer 

hip hop de otra forma, que no todo 

2002 en San Miguel. El hip hop ya es droga, alcohol, choreo, que se 

estaba creciendo en los barrios, pero puede ser de una cultura de barrio, 

no siempre había lugares donde rescatando los valores verdaderos 

practicar 0 no siempre se tenía lo del hip hop”, explica, 

necesario y a Andrea Verón se le ocu¬ 
rrió abrir un espacio gratuito para Con esas ideas, sostienen la escuela 

que los jóvenes de San Miguel ense- sin recibir nada a cambio. El progra- 

ñen y aprendan. La Fundación Caudal ma de radio (presentan bandas del 
de Vida (una organización evangéli- barrio 0 de afuera que vienen a tocar 

ca) consiguió que la iglesia del barrio al país) va todos los miércoles y jue- 

les prestara el lugar. Y empezó todo. ves de 20 a 22 por FM 96.3, y lo ban- 
Dos años después, Andrea pasó la can con publicidades que salen a 

posta a Víctor Cos y Emilce, quienes vender. Su mayor logro: uno de sus 

junto a Elmer One bautizaron a la grupos será el encargado de tocar 

escuela “Nueva Generación”. Hoy como telonero de Vico C, un recono- 

enseñan a cerca de 500 personas a cido artista nacido en Brooklyn, cría- 

desarrollar sus conocimientos en do en Puerto Rico y aclamado por 

graffiti, coreografía, B-boyo me, dj. sus mezclas de rap y reggaetón, que 

llegará a Argentina para actuar el 14 

Elmer explica que desde que partici- y 15 de diciembre en el anfiteatro 

pa del proyecto pudo salir de la del Parque de la Costa, 

delincuencia “sin introducirse en 

ningún sistema religioso”. Cuenta: Nueva Generación funciona todos los 

“Mucha gente viene con bronca, mal, lunes de 19 a 22, aunque ahora “por 
y acá puede bailar y estar tranqui, y razones desconocidas nos quieren 
uno de paso les puede hablar y ellos mover el dia y nosotros se la vamos a 

te escuchan. La respuesta es buena”, pelear, pero no creo que nos dejen sin 

lugar”. Para conocer más sobre esta 

A partir de la experiencia en la escuela de hip hop puede visitarse 

escuela, armaron un programa de www.nuevageneracionhh.galeon.com 

radio y un grupo, ambos con el nom- 0 contactarse por mail a: 
bre NG. Elmer lleva diez años circu- nuevageneracionhh@hotmail.com 





zález Catán: “Empecé a escribir estos temas 
sobre un piso que no era piso: era tierra. Y 
en un escritorio de madera hecho por mí. 
Tenía un grabador con el play, el retroceder, 
y nada más. Y andaba un solo parlante”, re¬ 
cuerda. Por la ventana de ése, su anterior ho¬ 
gar, veía lo que ahora cuenta en las letras. 


Lo que te parte la cabeza 

E l Brujo es sincero. Me doy cuenta 
porque no relata estas historias con 
orgullo de rapero gángster: lo dice 
con la voz de los recuerdos tristes, pero 
también con la firmeza del que vive para 
contarla. Laburó desde muy chico, tuvo que 
vivir y dormir en la calle, conoce los oficios 
de los semáforos, y sobrevivió para hacer 
rap. Estudió hasta tercer año de la secunda¬ 
ria y dejó porque cayó preso por un delito 
menor. Pero piensa que la mejor escuela, 
aunque suene a lugar común, fue la calle. 
¿Qué es lo que se aprende en la calle? Se¬ 
gún El Brujo, se aprende a ver lo que pasa: 
“Cuando veo a gente durmiendo en la ve¬ 
reda; gente que es re pobre y que está mal 
y que se está cagando de hambre, me parte 
la cabeza y me hace concentrarme más en 
escribir, me sirve para enfocar mis letras...” 
relata, y se ataja: “Yo sé que con la música 
no voy a poder ayudar a esa gente, pero 
por lo menos sirve para que los que están 
mejor se enteren ¿me entendés?”. 

El Brujo no habla como si fuese mejica¬ 
no ni tiene pose de estrella. Como mc tie¬ 
ne un estilo propio. Lo llama flow, que es al¬ 
go que define como “lo que uno tiene 
adentro”. “El flow es el estilo que uno le da 
a la palabra. No es algo que está en la boca. 
Flow es cuando vos con las cosas que decís, 
convencés a la gente de que lo que vos es¬ 
tás diciendo es la verdad”. 

Ahora, cuando la movida rapera co¬ 
mienza a ser consumida por la moda, el 
fantasma de que se puede vaciar de conte¬ 
nido parece un peligro a tener en cuenta. 
Pero sobre esto El Brujo está muy tranquilo: 
“Nosotros estamos haciendo rap para la 
gente que quiere escuchar rap. No hago 
música alternativa ni música comercial, y si 
algún día nos llegamos a hacer conocidos 
quiero que sea porque nosotros siempre 
conservamos los mismos principios”. 


La escuela de rap, los pibes de la calle 

E se “nosotros” al que refiere es la 
González Catán Killer Crew, la ban¬ 
da formada esencialmente por ca¬ 
torce mcs, aunque también hay cuatro B- 
boys y alrededor de seis grafiteros. Son los 
que eligieron “un camino por derecha”, co¬ 
mo dice El Brujo: organizan eventos, salen 
a pintar graffiti y a rapear por el barrio. 
Marcan una diferencia con -por ejemplo- 
la Wu Tan Catán, una tribu más asociada 
al estilo gángster del hip hop. “Nosotros la 
hicimos por derecha, porque queremos es¬ 
tar con la mente tranquila”, cuenta. Esta di¬ 
rección elegida por su grupo es la que lo 
acercó a la escuela de rap que funciona en 
San Miguel: “Es una iglesia grande que la 
prestan para que se junte toda la gente de 
la movida del hip hop. Está muy bueno 
porque saca gente de la calle, pibitos que 
por ahí tienen un momento para relajarse, 
poder bailar, o sea, absorber algo bueno 
de tanta mierda que se tienen que comer”. 

De vuelta a esos orígenes que lo defi¬ 
nieron y junto a Mustafá Yoda, El Brujo 
está organizando una suerte de presenta¬ 
ción de Calles en González Catán para 
mediados de noviembre. Será en el cine 
frente a la plaza. Cinco pesos la entrada. 

Llega, entonces, el momento del gesto 
típicamentebrujo: convoca a toda su crew 
-la banda de amigos- al momento de las 
fotos en el patio de su casa. El Brujo sigue 
siendo el mismo, algo tímido, algo ensimis¬ 
mado, simpático, dispuesto a acceder a to¬ 
dos los pedidos del fotógrafo. Hace un ges¬ 
to rapero, como con bronca, y sólo pueden 
dar ganas de que le vaya bien cuando en el 
patio anuncia, por ejemplo: “Mi estilo de 
hacer música es este: decir la verdad”. 


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¿Dónde está Julio López? 



o 

CARTOGRAFÍAS 

por Carolina Golder 

LA ESMA EN EL BANQUILLO 

Centro de tortura y desaparición que fun¬ 
cionó en la escuela de formación de subo¬ 
ficiales de la Armada desde 1976 hasta 
1983. El entonces comandante en jefe del 
arma, almirante Emilio Massera, fue quien 
decidió directamente su instalación. 

Centralmente, las operaciones ilegales 
transcurrían en el Casino de Oficiales, un 
edificio con tres pisos, sótano y altillo. Es¬ 
tas son sus imágenes actuales. 

En estos días se está desarrollando por 
primera vez un juicio a uno de represores 
que cometieron allí cientos de crímenes 
de lesa humanidad. 


Sobre gustos 


CRÓNICAS DEL MÁS ACÁ 


omingo casi perfecto, soleado, 
fresquito (¿por qué el servicio 
meteorológico no usa la pala¬ 
bra fresquito? Es tan precisa...). 
Atravieso la sabana africana 
del conurbano y llego a la Capital. A Paler- 
mo. A la muestra de diseño y arquitectura 
de Casa foa (Fundación Oftalmológica 
Argentina). Argentinos bienpensantes y so¬ 
lidarios, que recaudan fondos para finan¬ 
ciar investigaciones y capacitación de pro¬ 
fesionales en el área de la oftalmología, 
digo en una espantosa obviedad. 

En su página web incluso no hablan de 
“mujeres” que tuvieron la iniciativa sino 
de “señoras”, qué tanto, a ver si las cosas 
quedan claras. 

Llego a la vieja estación Palermo del fe¬ 
rrocarril. Bellas jóvenes (muy bellas), arre¬ 
gladas como para un casamiento en el Al- 
vear Palace me reciben muy sonrientes, 
me cobran los 20 correspondientes a la 
entrada y junto con una señora que lleva 
en su cuerpo tantas cadenas como peca¬ 
dos tengo en mi alma, entro. 

Tenía razón mi mamá: salgo tan poco. 

Recorro los stands, organizados cuida¬ 
dosamente en ambientes para la casa (no 
su casa ni la mía; la casa de otros , de ellos, 
no sé si me explico). 

Incluso, debido a urgencias terrenales, 
me dirijo a baños que son baños, pero 
también parte de la muestra; baños inma¬ 
culados, modernos, con canillas que no 
parecen canillas, piletas que tampoco pa¬ 
recen piletas y receptáculos vidriados 
(opacos) que me inquietan un poco. Dudé 
algunos instantes sobre si debía hacer lo 
que debía hacer y resolví arriesgarme 
cuando un señor japonés salió del habitᬠ
culo con la evidente soltura del conoci¬ 


miento acerca de los fines para los que es¬ 
taban los baños. 

Hay gente, mucha gente, gente elegan¬ 
temente vestida como al descuido y gente 
que no. La gente es parte de la muestra, 
una parte involuntaria y atractiva como 
siempre lo es el paisaje humano. Cuerpos 
tostados, levantados aquí y allá, hasta las 
panzas parecen elegantes, mirá vos. 

¿Qué hay para ver? En principio, lo que 
jamás tendré (y vos tampoco, no te hagas 
ilusiones, ya te dije). Muebles y ¿cosas? en 
líneas algo híbridas, qué sé yo, una cosa de 
“modernidad” sin demasiada identidad 
pero linda, eso sí. Equilibrio entre las líne¬ 
as rectas y las curvas en el diseño; colores 
claros y oscuros, todos en su mayoría so¬ 
brios, salvo un desopilante loft naranja y 
verde furioso y un baño con alfombras, 
lámparas con tulipas y caireles (¿!) y la ba¬ 
ñera rodeada de tules... Mirá vos. 

Uno de los ambientes era un ¡estar para 
coleccionistas! Heladeras que parecen ataú¬ 
des metálicos con botoneras, bidets difícil¬ 
mente identificables como tales y, salvo ex¬ 
cepciones, un tono de cero de extravagancia. 
“Ellos” parecen transitar un camino de cier¬ 
ta sobriedad, aunque poco glamorosa. 

Nada de espectacularidad. Camas pe¬ 
queñas (¿por qué?¿falta imaginación?), dis¬ 
tintos tipos de sillas, sillones y asientos que 
me hacen dudar acerca de su concepto de 
comodidad, pero esta gente sabe, ¿no? 

Ah, iluminación localizada sobre lo 
que sea (mesas, escritorios, piletas) y el 
resto, difusa. Una belleza vea. En el medio, 
un yuyal que los paisajistas denominan 
“Pradera” donde emergen animales he¬ 
chos con restos de metalurgia por Regazzo- 
ni, para mí realmente bellos, tal vez lo me¬ 
jor de la muestra, pero uno sale tan poco 



que mejor que no opine. 

Incluso, caminando por un sendero al 
aire libre, me sobresalté ya que de una 
(aparente) piedra ¡¡salía música!! Una pa¬ 
quetería electrónica. 

Imagino que aquí están todos los gran¬ 
des estudios de arquitectura y, como no 
podía ser de otra manera, un stand de Cla¬ 
rín en el medio de la muestra 

Al finalizar el recorrido comí un riquísi¬ 
mo helado que me salió una fortuna 
mientras pensaba acerca de los mundos 
paralelos y por supuesto, me manché el 
pantalón con chocolate. Mundos que no 
se tocan, sí, que no se tocan, sin caer en 
declamaciones apologéticas o de posibles 
intentonas incendiarias para con todo lo 
que estaba allí (yo incluido). 

¿Dónde está el Otro? Incluso para 
“ellos”. Porque los diseños y los amobla- 
mientos y las líneas y los colores parecían 
para lucirse por sí y para sí. Entonces pen¬ 
saba: ¿y las personas? Por ahí me equivo¬ 
co porque de arquitectura entiendo lo mis¬ 
mo que de física nuclear. 

Nada. O tal vez todo. 

Veía espacios al aire libre (arquitectura 
paisajística) con pelotas gigantes de colores 
o cámaras de neumáticos igualmente gi¬ 
gantes, botellas puestas en un macetero 
(aquí sí hay colores fuertes) y recordaba los 
varios baños vidriados que observé (¿una 
especie de Gran Hermano refinado?). 

Uno debe ser justo, si tal cosa fuese po¬ 
sible, y admitir que no hay demostracio¬ 
nes de ostentación. Parecen estar lejos de 
aquella clase que Juárez Celman (él mis¬ 
mo parte de ella) denominó “farolera”. 

No muestran, son. 

A la salida, el saqueo se completó 
cuando compré un catálogo muy caro que 
es una suerte de compendio de las “em¬ 
presas a las que les interesa el país” y un 
par de notas completamente sosas (con el 
correspondiente cd). 

Una joven rubia, de sonrisa petrificada 
y pintada como los celtas en pie de guerra, 
me despidió con un saludo. 

Perdí de vista a la Sra. De las Cadenas y 
me volví pensando cómo se escribe una 
crónica sobre estas cosas. 

Llegué a Constitución y no había trenes. 

Uff. 


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laúaca 

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lavaca es una cooperativa de trabajo 
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funde noticias bajo el lema anticopy¬ 
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estos temas en mu. 

La presente edición de nuestro periódico 
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ISSN 1850-6305 


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