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Full text of "! Oh Capitán! ! Mi Capitán!"

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Walt Whitman 


Oh, Capitán mi Capital! - 





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¡OH, CAPITáN! ¡MI CAPITáN! 


WALT WHITMAN 



CANTO EL YO 


Canto el yo, persona simple, separada; 

No obstante, pronuncio la palabra democrática, la 
palabra En Masa. 

La fisiología de la cabeza a los pies, yo canto, 

Ni la fisonomía sola, ni el cerebro solo, son dignos 
de la Musa; digo que el Cuerpo completo es más 
digno, 

A la Mujer igual que al Hombre, yo canto. 

De la Vida inmensa en la pasión, en la elasticidad, 
la fuerza, 

Alegre, para la más libre acción formado según las 
leyes divinas, 

Canto al Hombre Moderno. 



CUANDO MEDITABA EN SILENCIO 


Cuando meditaba en silencio, 

Resolviendo mis poemas, juzgándolos, demorando, 
Se irguió ante mí un Fantasma de dudoso aspecto, 
Terrible en su belleza, en su lozanía, en su fuerza, 
Genio de los poetas de las naciones viejas, 

Y, lanzándome miradas como llamas, 

Señalando con el dedo muchos poemas 
inmortales, 

Y con voz amenazadora, ¿Qué cantas?, dijo, 

¿No sabes que sólo hay un tema para los bardos 
inmortales? 

Y ese tema es la Guerra, la suerte de las batallas, 

La creación de soldados perfectos. 

Así sea, respondí, 

Yo también, altiva Sombra, canto la guerra, y una 
guerra más larga y más grande que las otras; 

Está empeñada en mi libro con varia fortuna, con 



huidas, con avances y retiradas, con la victoria 
diferida e indecisa 

No obstante, la creo segura, o casi segura, al fin), el 
campo de batalla es el mundo, 

A vida o muerte, por el Cuerpo y por el Alma eterna, 
He aquí que he llegado, entono el himno de las 
batallas, 

Y, sobre todo, estimulo el nacimiento de soldados 
valerosos. 



VIAJES POR LOS ESTADOS 


Viajes por los Estados emprendemos 
(Siempre por el mundo, impulsados por estos 
cantos, 

Zarpamos hacia todos los países, hacia todos los 
mares), 

Nosotros, discípulos espontáneos de todos, maestros 
de todos y amantes de todos. 

Hemos visto a las estaciones ofrecerse y pasar, 

Y hemos dicho: ¿por qué un hombre o una mujer 
no hacen lo que las estaciones y se ofrecen 
como ellas? 

Demoramos un poco en todas las ciudades y 
pueblos, 

Recorremos el Canadá, el Nordeste, el extenso valle 
del Misisipí y los Estados del Sur, 

Nos tratamos como iguales con cada uno de los 
Estados, 



Nos sometemos a prueba e invitamos a los hombres 
y mujeres a que nos escuchen. 

Nos decimos: Recordad, no temáis, sed sinceros, 
mostrad el cuerpo y el alma, 

Demorad un rato y pasad, sed copiosos, sobrios, 
castos, magnéticos, 

Y que lo que ofrezcáis vuelva como vuelven las 
estaciones, 

Y que sea como ellas. 



POETAS FUTUROS 


¡Poetas futuros, oradores, cantores, músicos futuros 
No me justificará este día ni responderá por mí, 

Pero vosotros, de una generación nueva, pura, 
atlética, continental, más grande que todas las 
generaciones conocidas, 

¡Despertad, pues tenéis que justificarme! 

Yo no hago otra cosa que escribir una o dos 
palabras indicativas para el porvenir; 

No hago otra cosa que avanzar un instante, y luego 
me vuelvo apresuradamente a las tinieblas. 

Soy un hombre que, vagando a la ventura y sin 
detenerse, os dirige una mirada casual y vuelve 
el rostro, 

Dejando que vosotros lo analicéis y lo defináis, 
Esperando de vosotros lo más importante. 




ATI 


Desconocido, si al pasar junto a mí deseas hablarme, 
¿por qué no has de hablarme? 

¿Y por qué no he de hablarte? 



TÚ, LECTOR 


Tú, lector, palpitas de vida y de orgullo y de amor 
como yo, 

Para ti, pues, estos cantos. 


CANTO DE Mí MISMO 

1 


Me celebro y me canto, 

Y aquello que yo me apropio habrás de apropiarte, 
Porque todos los átomos que me pertenecen también 
te pertenecen. 



Me entrego al ocio y agasajo a mi alma; 

Me tiendo a mis anchas a observar un tallo de hierba 
veraniega. 

Mi lengua, todos los átomos de mi sangre, formados 
de esta tierra y de este aire, 

Nacido aquí de padres que nacieron aquí, lo mismo 
que sus padres: 

A los treinta y siete años de edad, con la salud 
perfecta, empiezo, 

Y espero no cesar hasta la muerte. 

Dejo a las sectas y a las escuelas en suspenso, 

Me retiro un momento, satisfecho de lo que son, pero 
no las olvido, 

Soy puerto para el bien y para el mal, les permito 
hablar a todos, arrostrando todos los peligros, 
Naturaleza sin freno, con energía primigenia. 



5 


Yo creo en ti, alma mía; mi otro yo no se humillará 
ante ti, 

Y tú no te humillarás ante él. 

Entrégate conmigo al ocio sobre la hierba, 
desembaraza tu garganta, 

No quiero palabras, ni música, ni versos, ni 
costumbres, ni conferencias, ni siquiera las mejores, 
Sólo quiero el arrullo, el susurro de tu voz suave. 

Recuerdo cómo nos acostamos, una mañana diáfana 
de estío, 

Cómo apoyaste tu cabeza en mis caderas, cómo te 
inclinaste dulcemente sobre mí, 

Cómo me abriste la camisa sobre el pecho, cómo 
hundiste tu lengua hasta tocar mi corazón 
desnudo, 



Y cómo te estiraste hasta palparme la barba, y cómo 
te estiraste hasta abrazarme los pies. 

Velozmente eleváronse y me rodearon la paz y el 
conocimiento que rebasan a todas las disputas de 
la tierra, 

Y sé que la mano de Dios es la promesa de la mía, 

Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío, 

Y sé que todos los hombres que han existido son 
también mis hermanos; y las mujeres, mis 
hermanas y amantes, 

Y que el amor es el sostén de la creación, 

Y que son innumerables las hojas rígidas o lánguidas 
de los campos, 

Y las hormigas morenas en sus pequeños pozos bajo 
las hojas, 

Y las costras mohosas del seto, las piedras hacinadas, 
el saúco, el verbasco y la cizaña. 



6 


Me preguntó un niño: ¿Qué es la hierba?, 
trayéndomela a manos llenas; 

¿Cómo podía responderle? Tampoco sé yo qué es la 
hierba. 

Sospecho que es el emblema de mi temperamento, 
tejido con la verdura de la esperanza. 

O imagino que es el pañuelo de Dios, 

Prenda perfumada y rememorativa, abandonada 
adrede, 

Que lleva en las puntas el nombre de su dueño para 
que lo veamos, reparemos en él y preguntemos: 

¿De quién? 



O presumo que la hierba es un niño, el recién nacido 
de la vegetación. 

O creo que es un jeroglífico uniforme, 

Que significa: Crezco igualmente en las regiones 
vastas y en las regiones estrechas, 

Crezco igualmente en medio de la raza negra y de la 
raza blanca, 

Al canadiense, al piel roja, a todos me entrego y a 
todos los acepto. 

Y ahora se me figura que es la hermosa cabellera de 
las tumbas. 

Con ternura me serviré de ti, hierba rizada, 

Quizá has brotado del pecho de los jóvenes, 

Acaso, si yo los hubiere conocido, los habría amado, 
Tal vez has nacido de los ancianos, o de los niños 
tempranamente arrebatados del regazo de sus 
madres, 



Y eres aquí su maternal regazo. 


Esta hierba es demasiado obscura para que haya 
brotado de los cabellos blancos de las madres 
ancianas, 

Es más obscura que la barba descolorida de los 
viejos, 

Es demasiado obscura para haber brotado de los 
paladares de color rojo pálido. 

¡Ah! Observo, por último, tantas lenguas expresivas, 

Y comprendo que no han nacido en vano de esos 
paladares y de esas bocas. 

Quisiera poder traducir las insinuaciones acerca de 
los muchachos y de las muchachas muertas, 

Y las insinuaciones acerca de los ancianos y de las 
madres, y de los niños tempranamente 
arrebatados de su regazo. 


¿Qué crees tú que ha sido de los jóvenes y de los 



viejos? 

¿Qué crees tú que ha sido de las mujeres y de los 
niños? 

Están buenos y sanos en algún lugar, 

Aun el más pequeño retoño nos prueba que no existe 
la muerte, 

Y que, si existió, ha estimulado la vida y aguarda 
hasta el fin para destruirla, 

Y que dejó de ser en el momento en que surgió la 
vida. 

Todas las cosas avanzan, nada se destruye, 

Y la muerte no es como la han imaginado, sino más 
propicia. 


7 



¿Ha creído algún hombre o mujer que es afortunado 
nacer? 

Pues yo les digo a él o a ella que igualmente 
afortunado es morir, 

Muero con los agonizantes y nazco con los recién 
nacidos, y no quepo entre mi sombrero y mis 
zapatos, 

Y examino objetos diversos, y no hay dos que sean 
iguales, y todos son buenos, 

Buena la tierra y buenas las estrellas y bueno todo lo 
que les pertenece. 

Yo no soy la tierra ni parte accesoria de la tierra, 

Yo soy el consorte y el compañero de las personas, y 
todas son tan inmortales e insondables como yo. 
(Ellas no saben cuán inmortales son, pero yo lo sé.) 
Cada especie para sí y lo suyo; para mí mi hombre y 


mi mujer, 



Para mí, quienes han sido muchachos y aman a las 
mujeres, 

Para mí, el hombre orgulloso que sabe cuánto 
lastima ser humillado, 

Para mí, la novia y la solterona; para mí, las madres 
y las madres de las madres. 

Para mí, los labios que han sonreído, los ojos que 
han derramado lágrimas, 

Para mí, los niños y los engendradores de niños. 
¡Desnúdate! No eres culpable ante mí, ni viejo, ni 
inservible, 

Mi mirada atraviesa el paño y la guinga aunque no 
lo quieras, 

Y soy cabal, tenaz, inquisitivo, incansable, y nadie 
podrá sacudirse de mí. 


16 



Soy de los jóvenes y de los viejos, soy de los necios y 
de los discretos, 

Indiferente a los demás, atento para con los demás, 
Maternal y paternal, niño y hombre, 

Henchido de elementos bastos y henchido de 
elementos finos, 

Ciudadano de la nación de muchas naciones, de las 
que la más pequeña vale tanto como la más 
grande, 

De los Estados del sur tanto como de los Estados del 
norte, cultivador indolente y hospitalario, vivo 
allá lejos, en las riberas del Oconee, 

Yanqui que voy por mi camino siempre dispuesto a 
traficar, mis articulaciones las más flexibles y las 
más resistentes de la tierra, 

Habitante de Kentucky que camino por el valle de 
Elkhorn con mis calzas de cuero de venado, 
habitante de Louisiana, habitante de Georgia, 



Botero de los lagos, de las ensenadas o de las costas, 
habitante de Indiana, Wisconsin, Ohio, 

Avezado a los chanclos canadienses para la nieve, a 
las breñas, a la compañía de los pescadores de 
Terra nova, 

Habituado a navegar con los barcos invernizos y a 
amurar, 

Familiarizado con las colinas de Vermont, con los 
bosques de Maine, con los ranchos de Texas, 
Camarada de los californianos, camarada de los 
hombres libres de los estados noroccidentales 
(amo su corpulencia), 

Camarada de los lancheros y carboneros, camarada 
de todos los hombres de buena voluntad que 
invitan a comer y beber, 

Discípulo de los ingenuos, maestro de los pensadores, 
Novicio principiante y, sin embargo, con la 
experiencia de miríadas de estaciones, 

Soy de todas las razas y de todas las castas, de todos 



los linajes y de todas las religiones, 

Agricultor, artesano, pintor, hidalgo, marinero, 
cuáquero, 

Presidiario, rufián, pendenciero, abogado, médico, 
sacerdote. 

Conllevo cualquiera cosa mejor que mi propia 
diversidad, 

Respiro el aire pero lo dejo en abundancia tras de mí, 
Y no soy orgulloso y me mantengo firme. 

(La crisálida y la hueva están en su sitio, 

Los soles brillantes que veo, y los soles negros que no 
puedo ver, están en su sitio, 

Lo palpable está en su sitio, y lo impalpable está en 
su sitio.) 


17 



Estos son en verdad los pensamientos de los hombres 
de todas las épocas y de todos los países: no son 
mis pensamientos originales, 

Y si no fuesen igualmente tus pensamientos, no 
valdrían nada, o casi nada, 

Si no son el enigma y la solución del enigma, no 
valen nada, 

Si no son cercanos y remotos al mismo tiempo, no 
valen nada, 

Esta es la hierba que brota dondequiera que hay 
tierra y dondequiera que hay agua, 

Este es el aire común que baña al globo. 



Vengo con música enérgica, con cornetas y tambores, 



No sólo ejecuto marchas en honor de los vencedores, 
las ejecuto también en honor de los vencidos y de 
los muertos. 

¿Sabías que es bueno ganar la jornada? 

Yo digo que es bueno perderla, las batallas se 
pierden con el mismo ánimo con que se ganan. 

Bato palmas y aplaudo a los muertos, 

Soplo en mis clarines con el más grande vigory 
alegría de que soy capaz, en su honor. 

¡Vivas a los vencidos, 

Y a aquellos cuyos buques de guerra se hundieron en 
el mar, 

Y a quienes con ellos se hundieron, 

Y a todos los generales que perdieron batallas, y a 
todos los héroes vencidos, 

Y a los innumerables héroes desconocidos, iguales a 
los más grandes héroes conocidos! 



21 


Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma, 

Y digo que tan admirable es ser mujer como ser 
hombre, 

Los placeres del cielo están conmigo y los dolores del 
infierno están conmigo, 

injerto y multiplico los placeres en mi ser, traduzco 
los dolores a una lengua nueva. 

Soy el poeta de la mujer y soy el poeta del hombre, 

Y digo que tan admirable es ser mujer como ser 
hombre, 

Y digo que nada hay más admirable que la madre de 


los hombres. 



Yo entono el canto de la expansión y del orgullo, 

Ha habido zalamerías y ruegos bastantes, 

Yo muestro que el tamaño no es más que 
crecimiento. 

¿Has superado a los demás? ¿Eres tú el Presidente? 

Eso no tiene importancia: todos llegarán y aun irán 
más lejos. 

Yo soy aquel que camina con la noche tierna y fecunda, 
Invoco a la tierra y al mar que la noche abraza. 

¡Estréchame contra tu pecho desnudo - estréchame, 
noche magnética y nutricia!, 

¡Soplan en ti los vientos del sur - brillan en ti 
algunas estrellas inmensas! 

¡Noche tranquila, me llamas - noche estival ebria y 


desnuda! 



¡Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento!, 

¡Tierra de los árboles dormidos!, 

¡Tierra huérfana del ocaso - tierra de las montañas 
coronadas de niebla!, 

¡Tierra del fluir vitreo de la luna llena que acaba de 
teñirse de azul!, 

¡Tierra de la luz y de la sombra que manchan las 
aguas del río!, 

¡Tierra del gris límpido de las nubes que se 
abrillantan y se aclaran para que yo las vea!, 

¡Tierra arrebatadora - tierra opulenta de azahares!, 
Sonríe, que tu amante viene. 

Pródiga, me has dado amor - ¡te doy, pues, mi 
amor! 

¡Oh mi amor apasionado, inefable! 


22 



¡Tú, mar! Me entrego también a ti - adivino lo que 
quieres decirme, 

Veo desde la playa tus dedos torcidos que me llaman, 
Creo que quieres alejarte sin haberme palpado, 
Debemos dar juntos un paseo, me desnudo, llévame 
tan lejos que no vea la tierra, 

Serás mi cojín blando, me arrullarás para que me 
adormezca sobre las olas, 

Y me cubrirás con tu humedad amorosa, que yo he 
de retribuirte. 

Mar cubierto de prominencias, 

Mar que respiras profunda y convulsivamente, 

Mar de la amargura de la vida, mar de sepulturas 
cerradas aunque siempre prontas a abrirse, 

Mar aullador, mar escultor de las tormentas, mar 
delicado y caprichoso, 

Formo parte de ti, soy uniforme y multiforme 
como tú. 


Yo participo en tu flujo y reflujo, yo enaltezco el 



odio y la conciliación. 

Yo enaltezco a los amantes y a los que duermen 
entrelazados. 

Yo soy aquel que declara la simpatía 

(¿He de hacer una lista de las cosas que hay en la 

casa y omitiré la casa que las contiene?) 

No soy sólo el poeta de la bondad, no me niego a ser 
también el poeta de la perversidad. 

¿Qué significan estas sandeces acerca de la virtud y el 
vicio? 

El mal me impele y la reforma del mal me impele, 
permanezco indiferente, 

Mi actitud no es la del censor ni la del que todo lo 
rechaza, 

Yo humedezco las raíces de todo lo que ha crecido. 
¿Has temido a los lamparones de la preñez ue 
inexorable? 

¿Has sospechado que las leyes del cielo tienen que 
ser revisadas y rectificadas? 



Encuentro que cualquier punto y su antípoda están 
en equilibrio, 

Que una doctrina dulce es un auxiliarían seguro 
como una doctrina severa, 

Que los pensamientos y los hechos actuales nos 
incitan y nos inician. 

Este minuto, tras los decillones de minutos que lo han 
precedido: 

Nada es mejor que él ahora. 

Lo que se ha conducido bien en el pasado o se 
conduce bien en el presente, no es tal maravilla, 

La maravilla consiste siempre en que puedan existir 
un hombre vil o un hombre sin fe. 


24 



Walt Whitman, un cosmos, el hijo de Manhattan, 
Turbulento, carnal, sensual, comedor, bebedor y 
procreador, 

Ni sentimental, ni erguido por encima de los 
hombres y mujeres, ni alejado de ellos, 

Ni modesto ni inmodesto. 

¡Arrancad los cerrojos de las puertas! 

¡Arrancad las puertas mismas de sus quicios! 

Quien degrada a otro me degrada a mí, 

Y todo lo que se dice o se hace vuelve al fin a mí. 

A través de mi ser la inspiración divina se agita y se 
agita, a través de mi ser la corriente y el índice. 
Pronuncio la palabra prístina, hago el signo de la 
democracia. 


¡Por Dios!, yo no aceptaré sino aquello cuyo 



duplicado acepten todos en las mismas 
condiciones. 

Brotan de mí muchas voces largo tiempo mudas, 
Voces de interminables generaciones de prisioneros y 
esclavos, 

Voces de los enfermos y los desesperados, de los 
ladrones y los enanos, 

Voces de ciclos de preparación y crecimiento, 

De los hilos que unen a los astros, de los úteros y de 
la simiente paterna, 

Y de los derechos de aquellos a quienes los otros 
pisotean, 

De los seres deformes, vulgares, simples, locos, 
despreciados, 

Niebla en el aire, escarabajos que arrastran su bola 
de estiércol. 

Brotan de mí voces vedadas, 

Voces de los sexos y las lujurias, voces veladas cuyo 



velo aparto, 

Voces indecentes que yo he clarificado y he transfigurado. 

Yo no me cubro la boca con la mano, 

Me conservo tan puro en mis entrañas como en mi 
cabeza y en mi corazón, 

La cópula carnal no es para mí más vergonzosa que 
la muerte. 

Creo en la carne y en los apetitos, 

Ver, oír, palpar, son milagros, y cada una de las 
partes y extremos de mi cuerpo es un milagro. 

Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo 
cuanto toco y me toca, 

El olor de mis axilas es un aroma más exquisito que 
la plegaria, 

Mi cabeza es más que las iglesias, las biblias y las 
doctrinas. 


Si yo venerase de preferencia alguna cosa, sería la 



expansión de mi cuerpo, o cualquiera de sus 
partes. 

¡Arcilla transparente de mi cuerpo, serías tú! 
¡Bordes vellosos y fundamento, seríais vosotros 1 
¡Rígida reja viril, serías tú! 

¡Cualquier cosa que contribuya a mi desarrollo, 
serías tú! 

¡Tú, mi sangre rica! ¡Tú, licor lechoso, pálido 
extracto de mi vida! 

¡Pecho que te comprimes contra otros pechos, 
serías tú! 

¡Cerebro, serían tus circunvoluciones recónditas! 
¡Raíz lavada del junco oloroso!, ¡becada medrosa 
¡nido recatado de los huevos gemelos!, ¡seríais 
vosotros!, 

¡Heno mezclado y revuelto de la cabeza, barba, 
cejas, serías tú! 

¡Savia que goteas del arce, fibra del trigo noble, 
seríais vosotros! 

¡Sol generoso, serías tú! 



¡Vapores que ilumináis y obscurecéis mi rostro, 
seríais vosotros! 

¡Arroyos sudorosos y rocíos, seríais vosotros! 

¡Vientos que me cosquilleáis, frotando contra mí 
vuestros genitales, seríais vosotros! 

¡Grandes superficies musculares, ramas de encina, 
holgazán lleno de amor de mi sendero tortuoso, 
seríais vosotros! 

¡Manos que he oprimido, labios que he besado, 
mortal a quien he tocado alguna vez, seríais 
vosotros! 

Estoy enamorado de mí mismo, hay tantas cosas en 
mí tan deliciosas, 

Todos los instantes, todos los sucesos, me penetran 
de alegría, 

No sé decir dónde se doblan mis tobillos, ni dónde 
nace mi más pequeño deseo. 

Ni dónde nace la amistad que brota de mí, ni la 
amistad que recibo en cambio. 

Cuando subo las escaleras me paro a considerar si la 



realidad no me engaña, 

El dondiego de día que florece en mi ventana, me 
satisface más que toda la metafísica de los libros. 
¡Contemplar el amanecer! 

La débil luz obscurece las sombras inmensas y 
diáfanas, 

El aire me sabe deliciosamente. 

Retoños del mundo cambiante ascienden 
silenciosamente, escarceos inocentes, fresca 
exudación, 

Actividad oblicua de alto abajo. 

Algo que no veo lanza hacia arriba dardos 
libidinosos, 

Mares de brillante jugo inundan el cielo. 

La tierra por el cielo invadida, la consumación 
cotidiana de su unión, 

El reto que ha lanzado el oriente sobre mi cabeza, 
La burla mordaz: ¡Veremos si tú eres el amo! 



25 


Deslumbradora y formidable, con qué presteza me 
mataría la aurora 

Si yo no pudiera, ahora y siempre, crear la aurora en 
mi ser. 

También nosotros ascendemos, deslumbradores y 
enormes como el sol, 

Hemos encontrado nuestra paz, ¡oh alma mía!, en la 
calma y en la frescura del amanecer. 

Mi voz persigue aquello a que mis ojos no alcanzan, 
Con un movimiento de mi lengua abarco mundos y 


universos. 



El lenguaje es hermano gemelo de la vista, es 
inmensurable, 

Me provoca constantemente, me dice con sorna: 
Walt, tú contienes muchas cosas, ¿por qué, pues, 
no las expresas? 

Vamos, no quiero que me atormentes, concedes 
demasiada importancia a la palabra, 

¿No sabes, ¡oh idioma!, que las flores se cierran baj 
tus pies? 

Espero en medio de las tinieblas, protegido por la 
escarcha, 

Mis gritos proféticos obligan al cieno a retroceder, 
Yo, fundamento de las causas, les doy, por fin, 
equilibrio, 



Mi conocimiento es mi vida, guarda correspondencia 
con el sentido de todas las cosas, 

La felicidad (que todos los hombres y mujeres que 
me oyen salgan hoy mismo a buscarla). 

Te niego mi mérito definitivo, no quiero despojarme 
de lo que realmente soy, 

Abarca los mundos, pero no intentes nunca 
abarcarme a mí, 

Reúno lo más delicado y lo mejor que tienes con sólo 
mirarte. 

La escritura y la palabra no me revelan, 

Llevo en mi rostro la plenitud de mi revelación 


Y confundo al escéptico con mis labios silenciosos. 



27 


¿Qué significa existir en cualquier forma? 

(Nos movemos todos describiendo círculos, y 
regresamos siempre), 

Si no hubiera nada más perfecto que la almeja en su 
concha insensible, eso bastaría. 

Mi concha no es insensible, 

Poseo conductores instantáneos en todo mi cuerpo, 
sea que esté en reposo o en movimiento, 

Se apoderan de todas las cosas y las guían 
inocentemente a través de mí mismo. 

No hago otra cosa que revolver, apretar, palpar con 
los dedos, y soy feliz, 

Apenas puedo resistir el contacto de mi cuerpo con 



otro. 



Yo creo que una hoja de hierba no es menos que el 
trabajo realizado por las estrellas, 

Y que la hormiga es igualmente perfecta, y un grano 
de arena, y el huevo del reyezuelo, 

Y que la rana arbórea es una obra maestra digna de 
los escogidos, 

Y que la zarzamora podría adornar los salones del 
cielo, 

Y que la articulación más insignificante de mi mano 
avergüenza a todas las máquinas, 

Y que la vaca que pace con la cabeza baja supera a 
todas las estatuas, 

Y que un ratoncillo es milagro suficiente para hacer 



vacilar a sextillones de incrédulos. 

Encuentro que en mí se incorporan el gneis, la hulla, 
el musgo de largos filamentos, las frutas, los 
granos, las raíces comestibles, 

Y que estoy estucado enteramente con cuadrúpedos 
y aves, 

Que he tenido motivos para alejarme de lo que he 
dejado atrás, 

Pero que puedo hacerlo volver a mí cuando yo 
quiera. 

En vano el apresuramiento o la timidez, 

En vano las rocas plutónicas envían a mi encuentro 
su antiguo calor, 

En vano el mastodonte se oculta detrás del polvo de 
sus huesos, 

En vano las cosas se alejan muchas leguas y toman 
multitud de formas, 

En vano el océano penetra en las cavernas y en vano 
se esconden los grandes monstruos marinos, 

En vano el buitre elige por morada el cielo, 



En vano la serpiente se desliza a través de las lianas y 
de los troncos, 

En vano el alce se refugia en los pasos recónditos del 
bosque, 

En vano el cuervo marino se dirige al norte, hacia el 
Labrador, 

Los sigo velozmente, subo al nido en la hendidura 
del peñasco. 



Quiero ahora referir lo que contaban en Texas 
cuando yo era muchacho 
(No refiero la caída de Álamo, 

Nadie pudo escapar para referir la caída de Álamo, 
Los ciento cincuenta hombres siguen mudos en 
Álamo), 



Es la historia del asesinato a sangre fría de 
cuatrocientos doce jóvenes. 

Al batirse en retirada se habían alineado en una 
concavidad cuadrada del terreno, con su 
impedimenta a guisa de parapeto, 

Novecientas vidas del enemigo que los rodeaba, 
nueve veces su número, fue el precio que se 
tomaron por anticipado, 

Cayó herido su comandante, perdieron las 
municiones, 

Ofrecieron una capitulación honorable, recibieron 
las condiciones firmadas y selladas, entregaron las 
armas y regresaron como prisioneros de guerra. 

Eran la gloria de los guardabosques, incomparables 
como jinetes, incomparables como tiradores, sin 
rivales para el canto, para el amor, 

Magnánimos, turbulentos, generosos, hermosos, 
altivos y afectuosos, 



Sufridos, tostados por el sol, vestidos con el traje 
libre de los cazadores, 

Ninguno de ellos mayor de treinta años. 

En la mañana del segundo lunes los sacaron en 
pelotones y los asesinaron; era a principios de un 
verano espléndido, 

La faena comenzó a eso de las cinco de la mañana y 
se acabó a las ocho. 

Ninguno obedeció la orden de arrodillarse, 

Algunos hicieron un esfuerzo descabellado e inútil 
por arrojarse sobre sus asesinos; otros 
permanecieron en pie, erguidos, impávidos, 

Algunos cayeron en seguida, heridos en la cabeza o 
en el corazón, los vivos yacían confundidos con 
los muertos, 

Los mutilados y despedazados se revolcaban en el 
polvo, los que llegaban luego los veían allí, 

Unos pocos, agonizantes, intentaron huir 
arrastrándose, 



Fueron rematados a bayonetazos y culatazos, 

Un niño de diecisiete años se asió de su asesino hasta 
que dos de sus compañeros vinieron a libertarle, 

Los tres fueron despedazados y se bañaron en la 
sangre del niño. 

A las once comenzó la cremación de los cadáveres; 

Tal es la historia del asesinato de los cuatrocientos 
doce jóvenes. 



¿Quién es ese salvaje, afectuoso y ágil? 

¿Espera a la civilización, o la ha dejado atrás y la ha 
dominado? 


¿Ha nacido en el sudoeste y ha crecido en medio de 
la naturaleza?, ¿es canadiense?, 



¿Viene de la región del Misisipí, de lowa, de Oregón, 
de California? 

¿De las montañas, de las praderas, de los bosques, o 
es un marino del mar? 

Dondequiera que va, los hombres y las mujeres lo 
desean y lo aceptan, 

Quieren que los ame, que los toque, que les hable, 
que viva con ellos. 

Conducta sin ley, como los copos de nieve, palabras 
sencillas como la hierba, cabello revuelto, risa e 
ingenuidad, 

Pies de pasos cautelosos, facciones vulgares, modales 
y emanaciones vulgares, 

Salen bajo nuevas formas de las puntas de sus dedos, 
Flotan en el aire con el olor de su cuerpo o de su 
aliento, salen de sus ojos con sus miradas. 



40 


¡Sol ostentoso, no necesito tu calor! 

Tú sólo iluminas las superficies, yo ilumino las 
superficies y las profundidades. 

¡Tierra!, me parece que buscas algo entre mis manos, 
Dime, vieja linajuda, ¿qué quieres de mí? 

Hombre o mujer, quisiera decirte cuánto te amo, pero 
no puedo, 

Y quisiera decirte lo que hay en mí y lo que hay en ti, 
pero no puedo, 

Y quisiera decirte cuánto sufro, cómo late mi corazón 
de día y de noche. 

He aquí que yo no doy sermones ni limosnas, 

Cuando doy, me doy yo mismo. 

Tú, ser impotente y débil, 



Abre la boca, quiero insuflar vigor en tu cuerpo, 

Abre las manos, ábreme tus bolsillos, 

No has de negarme, yo domino, tengo abundantes 
riquezas, 

Y distribuyo lo que poseo. 

No te pregunto quién eres, eso no me importa, 

No puedes hacer nada ni puedes ser nada más que lo 
que yo quiera. 

Me inspira simpatía el peón de los algodonales o el 
limpiador de letrinas, 

Les doy un beso fraternal en la mejilla 

Y juro en mi ánima que nunca he de negarles. 

En las mujeres aptas para la concepción engendro 

niños más robustos y más ágiles 

(En este día vierto la semilla de las repúblicas 

arrogantes). 



Corro a la casa del moribundo, doy vuelta a la 
manecilla de la puerta, 

Vuelvo las mantas hacia los pies de la cama, 

Y despido al médico y al sacerdote. 

Cojo al hombre que sucumbe y lo levanto con 
voluntad irresistible, 

¡No desesperes, he aquí mi cuello!, 

¡Por Dios, no sucumbirás!, cuélgate de mí con todo 
tu peso. 

Te infundo un tremendo aliento, te saco a flote, 

Lleno todas las habitaciones de esta casa del ejército 
incontrastable, 

De mis amantes, que destruyen a la muerte. 

Duerme - ellos y yo velaremos por ti toda la noche, 

Ni la duda ni la enfermedad osarán tocarte, 

Te he abrazado: desde hoy te poseeré yo solo, 



Y cuando mañana te levantes, encontrarás que es 
verdad cuanto yo te he dicho. 



No os desprecio, sacerdotes de todas las épocas y de 
todos los países, 

Mi fe es al mismo tiempo la fe más grande y la fe 
más insignificante, 

Comprende el culto antiguo y el moderno, y todos 
los cultos que hay entre ellos, 

Creo que vendré otra vez a la tierra dentro de cinco 
mil años, 

Espero las respuestas de los oráculos, honro a los 
dioses, saludo al sol, 

Mis fetiches son una roca o un tronco de árbol, soy 
el powwow que conjura con varillas dentro del 



círculo de obis, 

Ayudo al lama y al bracmán a despabilar las 
lámparas de los ídolos, 

Bailo por las calles con la procesión del falo; 
enajenado y austero, soy un gimnosofista de los 
bosques, 

Bebo hidromel en cráneos, admiro los Sastras y los 
Vedas, obedezco el Corán, 

Recorro el teucali manchado con la sangre que 
chorrea de la piedra y del cuchillo, redoblo en el 
tambor de piel de serpiente, 

Acepto los Evangelios, acepto a Aquel que fue 
crucificado, sé que es divino, 

Me arrodillo en la misa, me pongo de pie en las 
plegarias de los puritanos, o me siento 
pacientemente en el banco de la iglesia, 

Declamo con extravagancia y echo espumarajos en 
mis crisis de locura, o espero, rígido como un 
muerto, el despertar de mi espíritu, 

Lanzo una mirada inquisitiva en la ciudad o en el 



campo, o lejos de la ciudad y del campo, 

Pertenezco a los que giran eternamente en derredor 
del círculo infinito. 

Formo parte de la banda centrípeta y centrífuga, me 
vuelvo y hablo como un hombre que deja 
encargos antes de emprender un viaje. 

Escépticos abatidos, pesados, despreciados, 

Frívolos, sombríos, tristes, coléricos, afectados, 
desalentados, ateos, 

Os conozco a todos, conozco vuestro océano de 
tormento, de duda, de desesperación y de 
incredulidad. 

¡Cómo chapotean las aletas de la ballena! 

¡Cómo giran, rápidas como el relámpago, en medio 
de espasmos y de chorros de sangre! 

Sosegaos, aletas sangrientas de los escépticos 
sombríos y tristes, 



Estoy también con vosotros, 

Lo pasado nos empuja a vosotros, a mí, a todos, 
igualmente, 

Y lo que no ha sido aún probado, y lo futuro, son 
para vosotros, para mí, para todos, igualmente. 

Ignoro qué sea lo que no ha sido aún probado y lo 
futuro, 

Pero sé que a su tiempo serán suficientes y no 
excluirán a nadie. 

El que marcha hacia adelante y el que se detiene, 
serán tenidos en cuenta, 

Nadie será olvidado. 

No será olvidado el joven que murió y fue enterrado, 
Ni la joven que murió y fue enterrada con él, 

Ni el niño que se asomó a la puerta un instante y se 
fue luego para siempre, 

Ni el anciano que ha vivido sin objeto y que se da 
cuenta de ello con una amargura más punzante 



que la hiel, 

Ni el tuberculoso del asilo, consumido por su 
enfermedad y por el aguardiente, 

Ni los innumerables asesinados y náufragos, ni los 
degenerados kobongos, a quienes llaman la 
inmundicia de la humanidad, 

Ni las actinias, que no hacen otra cosa que flotar y 
dejar que la comida penetre en su boca, 

Ni cosa alguna de la tierra o de las tumbas más 
antiguas de la tierra, 

Ni cosa alguna de los astros innumerables, ni los 
seres innumerables que los habitan, 

Ni el presente, ni la brizna más insignificante de lo 
conocido. 


50 



Hay algo en mí - no sé qué sea - pero sé que está en 
mí. 


Crispado y sudoroso - sereno y frío se hace luego mi 
cuerpo, 

Duermo - duermo. 

No lo conozco - no tiene nombre - lo expresa una 
palabra que aún no ha sido pronunciada, 

Que no está en ningún diccionario, en ningún 
idioma, en ningún símbolo. 

Gira sobre algo que es más que la tierra sobre la que 
yo me balanceo, 

La creación es su amante, cuyo abrazo me despierta. 

Acaso yo pudiera decir más ¡Bosquejos! Abogo por 
mis hermanos y por mis hermanas. 



¿Lo veis, oh hermanas y hermanos míos? 

No es el caos ni la muerte - es la forma, la unión, el 
plan - es la vida eterna - es la Felicidad. 


YO CANTO EL CUERPO ELÉCTRICO 

1 


Yo canto el cuerpo eléctrico, 

La muchedumbre de aquellos a quienes amo me 
circunda y yo la circundo, 

No me abandonarán: tendré que irme con ellos y 
responderles, 

Y los purificaré y les impregnaré con la esencia del 
alma. 


¿No sabemos que los que corrompen su cuerpo se 



esconden? 


¿Y que los que profanan a los vivos son tan 
perversos como los que profanan a los muertos? 

¿Y que el cuerpo vale tanto como el alma? 

¿Y si el cuerpo no fuese el alma, qué sería el alma? 


2 


El amor por el cuerpo de un hombre o una mujer 
frustra toda explicación, sus cuerpos mismos 
frustran toda explicación, 

El cuerpo del hombre es perfecto, y el cuerpo de la 
mujer es perfecto. 

La expresión del rostro frustra toda explicación, 

Mas la expresión del hombre perfecto se manifiesta 
no sólo en su rostro, 

Está también en sus miembros y articulaciones; está, 
de modo singular, en las articulaciones de su 



cadera y de sus muñecas, 


Está en su andar, en la actitud de su cuello, en la 
flexión de su talle y de sus rodillas, el traje 
no la oculta, 

Su límpida cualidad masculina se muestra a través d 
su camisa y de su traje, 

Su presencia expresa, tanto como el mejor poema, y 
aun más, 

Os paráis a mirar su espalda, su cabeza y sus 
hombros. 

La plenitud de los niños que se tienden abiertos de 
brazos y piernas, los senos y cabezas de las 
mujeres, los pliegues de sus faldas, su 
elegancia, el contorno de la parte inferior 
de su cuerpo, 

El nadador desnudo en la piscina, que nada a través 
del transparente resplandor verde, o tendido boca 
arriba, deslizándose de un lado a otro sobre el 
pecho del agua, 

La inclinación hacia adelante y hacia atrás de los 



remeros en los botes de remos, el jinete en su silla, 


Muchachas, madres, amas de llaves en sus quehaceres, 
El grupo de peones sentados a mediodía ante su 
comida, esperando a sus mujeres, 

La mujer que arrulla a un niño, la hija del labrador 
en la huerta o en la sementera, 

El mozo que azadona el maizal, el conductor del 
trineo que guía a sus caballos por en medio de la 
multitud, 

La lucha de los luchadores, dos muchachos 
aprendices, ya crecidos, vigorosos, afables, en 
el solar abandonado, al atardecer, después del 
trabajo, 

Han tirado sus chaquetas y sus gorras y se abrazan 
con el abrazo del amor y de la resistencia, 

Asidos por arriba y asidos por abajo, el cabello en 
desorden les cubre los ojos; 

Desfilan los bomberos uniformados, el juego de los 
músculos viriles que se distingue a través de los 
pantalones ceñidos y de las pretinas, 



Regresan lentamente del lugar del incendio, se paran 


al oír otra vez el súbito doblar de la campana y 
escuchan con atención, 

Las actitudes variadas, perfectas, naturales, las 
cabezas inclinadas, los cuellos encorvados y el 
contar; 

Es a éstos y a los que se les parecen a quienes amo - 
me ablando, me uno espontáneamente a ellos, 
estoy en el regazo de la madre con el pequeñuelo, 
Nado con los nadadores, lucho con los luchadores, 
marcho en formación con los bomberos y me 
paro, escucho, cuento. 


3 


Conocí a un hombre, un labrador humilde, que era 


el padre de cinco hijos, 



Y en ellos a los padres de otros hijos, y en ellos a los 


padres de otros hijos. 

Este hombre era maravillosamente fuerte, sereno, 
hermoso. 

La forma de su cabeza, su barba y su cabello gris, el 
significado inconmensurable de sus ojos negros, la 
variedad y amplitud de sus modales, 

Para ver estas cosas yo solía visitarlo: era también 
discreto, 

Tenía seis pies de estatura y más de ochenta años; sus 
hijos eran corpulentos, puros, barbados, de 
rostros curtidos, hermosos, 

Ellos y sus hijas le amaban, todos los que le veían, le 
amaban, 

No le amaban con indulgencia: le amaban con amor 
personal, 

No bebía sino agua, la sangre se mostraba roja a 
través de su clara tez morena, 

Era gran cazador y gran pescador, gobernaba él 
mismo su bote, poseía uno hermoso que se lo 



había regalado un armador, poseía escopetas que 


se las habían regalado hombres que lo amaban, 
Cuando salía con sus cinco hijos y sus nietos 
numerosos de caza o de pesca, lo señalaban como 
el más hermoso y robusto de la cuadrilla, 

Habrías deseado estar con él mucho tiempo, habrías 
deseado sentarte junto a él en su bote, para 
tocaros mutuamente. 


YO SOY AQUEL A QUIEN ATORMENTA 


Yo soy aquel a quien atormenta el deseo amoroso; 
¿No gravita la tierra?, ¿no atrae la materia, 
atormentada, a la materia? 

Así mi cuerpo atrae a los cuerpos de todos aquellos a 


quienes encuentro o conozco. 



COMO ADAN AL AMANECER 


Como Adán al amanecer, 

Salgo del bosque fortalecido por el descanso nocturno, 
Miradme cuando paso, escuchad mi voz, acercaos, 
Tocadme, aplicad la palma de vuestra mano a mi 
cuerpo cuando paso, 

No tengáis miedo de mi cuerpo. 


PARA TI, OH, DEMOCRACIA 


Vamos, haré a este continente indisoluble, 

Haré la raza más espléndida sobre la que el sol haya 
brillado jamás, 

Haré países divinos y magnéticos, 

Con el amor de los camaradas, 

Con el amor de toda la vida de los camaradas. 



Plantaré la unión, tan apretada como los árboles, a 


lo largo de los ríos de América, a lo largo de las 
riberas de los grandes lagos y en todas las 
praderas, 

Haré ciudades inseparables que se echarán los brazos 
mutuamente alrededor del cuello, 

Gracias al amor de los camaradas, 

Gracias al amor viril de los camaradas. 

¡Para ti brotan de mí estos cantos, oh, Democracia, 
para servirte, ma femme! 

Para ti, para ti modulo estos cantos. 


A UN DESCONOCIDO 


¡Desconocido que pasas! No sabes con cuánto ardor 
te contemplo, 


Debes ser el que busco, o la que busco (esto me viene 



como en sueños), 


Seguramente he vivido contigo en alguna parte una 
vida de gozo, 

Todo se evoca al deslizamos el uno cerca del otro, 
fluidos, afectuosos, castos, maduros, 

Tú creciste conmigo, fuiste un muchacho conmigo 0 
una muchacha conmigo, 

He comido contigo y he dormido contigo, tu cuerpo 
ha dejado de ser sólo tuyo y ha impedido que mi 
cuerpo sea sólo mío, 

Tú me das el placer de tus ojos, de tu rostro, de tu 
carne, al pasar; tú me tocas la barba, el pecho, 
las manos, en cambio, 

No debo hablarte, debo pensar en ti cuando esté 
sentado solo o me despierte solo en la noche, 

Debo esperar, no dudo que te encontraré otra vez, 


Debo cuidar de no perderte. 



CON EL REFLUJO DEL OCEANO DE LA VIDA 


1 


Con el reflujo del océano de la vida, 

Cuando me encaminaba por las playas que conozco, 
Cuando paseaba allí donde las ondas te bañan, 
Paumanok, 

Allí donde murmuran roncas y sibilantes, 

Allí donde la vieja madre cruel llora por sus hijos 
abandonados, 

Yo, mientras meditaba una tarde de otoño y miraba 
hacia el sur, 

Retenido por mi yo eléctrico fuera del orgullo que 
me dicta poemas, 

Fui arrebatado por el espíritu que se arrastra bajo mis 
pies, 

En el borde, el sedimento que representa toda el agua 


y toda la tierra del globo. 



Fascinados, mis ojos volvieron del sur, cayeron, para 
seguir aquellas finas hileras de hierba, 

Broza, paja, astillas, maleza, légamo, 

Espuma, costras de las rocas brillantes, hojas 
abandonadas por la marea, 

Recorrí millas y millas; a un lado, el fragor de las 
olas al romperse, 

Allí, Paumanok, mientras yo pensaba el antiguo 
pensamiento de las semejanzas, 

Que tú me ofreciste, isla pisciforme, 

Cuando vagaba por las playas que conozco, 

Cuando caminaba con mi yo eléctrico en busca de 
modelos. 


2 


Mientras recorro las playas que no conozco, 



Mientras escucho la endecha, las voces de los 
hombres y mujeres náufragos, 

Mientras aspiro las brisas impalpables que me 
asedian, 

Mientras el océano - tan misterioso - se aproxima a 
mí cada vez más, 

Yo no soy sino un insignificante madero abandonado 
por la resaca, 

Un puñado de arena y hojas muertas, 

Y me confundo con las arenas y con los restos del 
naufragio. 

¡Oh! Desconcertado, frustrado, humillado hasta el 
polvo, 

Oprimido por el peso de mí mismo, pues me he 
atrevido a abrir la boca, 

Sabiendo ya que en medio de esa verbosidad cuyos 
ecos oigo, jamás he sospechado qué o quién soy, 

A no ser que, ante todos mis arrogantes poemas, mi 
yo real esté de pie, impasible, ileso, no revelado, 


señero, 



Apartado, escarneciéndome con señas y reverencias 


burlonamente amables, 

Con carcajadas irónicas a cada una de las palabras 
que he escrito, 

Indicando en silencio estos cantos y, luego, la arena 
en que asiento mis pies. 

Ahora sé que nada he comprendido, ni el objeto más 
pequeño, y que ningún hombre puede 
comprenderlo, 

La naturaleza está aquí a la vista del mar, 
aprovechándose de mí para golpearme y para 
herirme, 

Porque me he atrevido a abrir la boca para cantar. 


3 


Cierro con mis adversarios, los dos océanos, 
Murmuramos juntos y nos lanzamos reproches, 



haciendo rodar las arenas y los restos del 
naufragio, sin saber por qué, 

Estos jirones te representan a ti y nos representan a 
todos. 

Playa deleznable llena de desechos, 

Isla pisciforme, yo tomo lo que está bajo mis pies. 

Lo que es tuyo es mío, madre mía. 

También yo, Paumanok, 

También yo he bullido, he flotado sobre lo 
inmensurable y he sido arrojado sobre 
tus playas, 

También yo no soy sino un objeto arrojado por el 
mar sobre la playa, y un desecho, 

También yo dejo en ti restos de mi naufragio, isla 
pisciforme. 

Me arrojo sobre tu pecho, madre mía, 

Me adhiero a ti de modo que no puedas rechazarme, 
Te tengo firmemente asida hasta que me respondas 
algo. 


Bésame, madre mía, 



Tócame con tus labios, como yo toco con mis labios 


a los que amo, 

Dame con un suspiro, mientras te abrazo 
estrechamente, el secreto del murmullo que 
envidio. 


4 


Bajad, aguas del océano de la vida (ya volveréis en 
pleamar), 

No ceses en tus gemidos, vieja madre cruel, 

Llora sin término por tus hijos abandonados, pero 
no temas, no me niegues, 

No susurres con voz tan ronca y colérica contra mí, 
cuando te toco o me aparto de ti. 

Os amo tiernamente a ti y a todos, 


Hago provisión para mí y para esta sombra que nos 



mira y nos sigue a mí y a lo que me pertenece. 

Yo y lo mío, hileras de hierba, pequeños cadáveres, 
Espuma blanca como la nieve, burbujas 
(Ved cómo de mis labios muertos mana el fango al fin, 
Ved cómo los colores del prisma relucen y se agitan), 
Manojos de paja, arenas, fragmentos, 

Puestos a flote por muchos humores contradictorios, 
Por la tempestad, la calma, las tinieblas, las olas 
embravecidas, 

Pensativos, un hálito, una lágrima salobre, una 
salpicadura de agua o fango, 

Arrojados igualmente desde las fermentaciones 
insondables del abismo, 

Uno o dos capullos marchitos, desgarrados 
igualmente, flotando sobre las olas a la deriva, 
Igualmente para nosotros aquella endecha sollozante 
de la Naturaleza, 

Nos acompaña el clangor de las trompetas de las, 
nubes, 

Nosotros, caprichosos, traídos acá no sabemos de 



dónde, tendidos ante ti, 


Tú, allá arriba, caminas o te sientas, 

Quienquiera que seas, también nosotros yacemos 
náufragos a tus pies. 


¡OH, MI YO! ¡OH, VIDA! 


¡Oh, mi yo! ¡Oh, vida!, de sus preguntas que vuelven, 
Del desfile interminable de los desleales, de las 
ciudades llenas de necios, 

De mí mismo, que me reprocho siempre (pues, 

¿quién es más necio que yo, ni más desleal?), 

De los ojos que en vano ansian la luz, de los objetos 
despreciables, de la lucha siempre renovada, 

De los malos resultados de todo, de las multitudes 
afanosas y sórdidas que me rodean, 

De los años vacíos e inútiles de los demás, yo 



entrelazado con los demás, 


La pregunta, ¡oh, mi yo!, la pregunta triste que 
vuelve - ¿qué de bueno hay en medio de estas 
cosas, oh, mi yo, oh, vida? 


Respuesta 


Que estás aquí - que existen la vida y la identidad, 
Que prosigue el poderoso drama, y que puedes 
contribuir con un verso. 


¡OH, CAPITÁN! ¡MI CAPITÁN! 


¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Terminó nuestro 
espantoso viaje, 


El navio ha salvado todos los escollos, hemos ganado 



el premio codiciado, 


Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas, ya el 
pueblo acude gozoso, 

Los ojos siguen la firme quilla del navio resuelto y 
audaz; 

Más, ¡oh, corazón, corazón, corazón! 

¡Oh, las rojas gotas sangrantes! 

Ved, mi Capitán en la cubierta 
Yace frío y muerto. 

¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Levántate y escucha las 
campanas; 

Levántate, para ti flamea la bandera, para ti suena el 
clarín, 

Para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas, para 
ti la multitud se agolpa en la playa, 

A ti te llama la masa móvil del pueblo, a ti vuelve sus 
rostros anhelantes; 

¡Ea, Capitán! ¡Padre querido! 

¡Que tu cabeza descanse en mi brazo! 


Esto es un sueño: en la cubierta 



Yace frío y muerto. 


Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos e 
inmóviles, 

Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso, ni 
voluntad, 

El navio ha anclado sano y salvo; su viaje, acabado y 
concluido, 

Del horrible viaje el navio victorioso llega con su 
trofeo; 

¡Exultad, oh, playas, y sonad, oh, campanas! 

Mas yo con pasos fúnebres, 

Recorro la cubierta donde mi Capitán 
Yace frío y muerto. 


ESTE POLVO FUE EL HOMBRE 


Este polvo fue el hombre, 

Dulce, sencillo, justo y resuelto, bajo cuya mano 



prudente, 


Del crimen más horrendo conocido en la historia de 
todas las épocas y países, 

Se salvó la Unión de estos Estados. 


COSMOS 


Quien contiene a la diversidad y es la Naturaleza, 
Quien es la amplitud de la tierra, y la rudeza y 
sexualidad de la tierra, y la gran caridad de la 
tierra, y también el equilibrio, 

Quien no ha dirigido en vano su mirada por las 
ventanas de los ojos, o cuyo cerebro no ha dado 
en vano audiencia a sus mensajeros, 

Quien contiene a los creyentes y a los incrédulos, 
quien es el amante más majestuoso, 

Quien, hombre o mujer, posee debidamente su 



trinidad de realismo, de espiritualidad y de lo 
estético o intelectual, 

Quien, después de haber considerado su cuerpo, 
encuentra que todos sus órganos y sus partes son 
buenos, 

Quien, hombre o mujer, con la teoría de la tierra y de 
su cuerpo, comprende por sutiles analogías todas 
las otras teorías, 

La teoría de una ciudad, de un poema y de la vasta 
política de estos Estados; 

Quien cree no sólo en nuestro globo con su sol 
y su luna, sino en los otros globos con sus soles 
y lunas, 

Quien, hombre o mujer, al construir su casa, no para 
un día sino para la eternidad, ve a las razas, 
épocas, efemérides, generaciones, 

El pasado, el futuro, morar allí, como el espacio, 


indisolublemente juntos. 



LA VOZ DE LA LLUVIA 


¿Y quién eres tú?, le dije al aguacero que caía 
suavemente, 

Y, cosa extraña, me dio la respuesta que así traduzco: 
Soy el Poema de la Tierra, dijo la voz de la lluvia, 
Eternamente me elevo impalpable desde la tierra y 
desde el mar sin fondo, 

Hacia el cielo, de donde, formada vagamente, 
cambiada del todo y, no obstante, la misma, 
Desciendo a bañar las sequías, átomos, 
acumulaciones de polvo del globo, 

Y siempre, de día y de noche, devuelvo la vida a mi 
propio origen y lo purifico y lo hermoseo 
(Porque la canción, brotando del lugar de su 
nacimiento, ya cumplida, errante, 

Atendida o desdeñada, vuelve a su tiempo con el 


amor).